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Educación y acción cultural | Cursos y conferencias
 
 
Seminario "Tensiones entre filosofía y literatura. Variaciones sobre el amor y la amistad: figuras e íconos del pensamiento y la acción". Por Adrián Cangi
Inicio 2º módulo: 28 de julio de 2010, miércoles de 19:00 a 21:00. Duración: anual (2 módulos). Biblioteca.

1. Introducción
El amor y la amistad son modos de habitar el mundo y de concebir las relaciones. Del modelo de sometimiento antiguo de la mujer fundado en una pedagogía y erótica entre muchachos a la composición expresiva de un caballero que canta a la gloria de la dama, y de ésta, a las anomalías modernas que oscilan entre el rígido deber del amor o la jerarquía de los cornudos, el exceso o la moderación de las pasiones han motivado la invención de éticas o de nuevas formas de vida. Las figuras e íconos del amor se han transformado de un modo de hacer a un modo de decir el amor, y también, de un modo de decirlo a modos imprevistos de hacerlo. Del ciudadano al cortesano, de la tragedia a la divina comedia, hay un salto del muchazo a la dama y de una ética a la otra. Del mundo antiguo al moderno, del las distintas ascesis a las múltiples estrategias insiste un cambio en los modos: de la mujer como pequeña criatura sin consecuencias a la dama como ineludible vínculo para una lírica expresiva y de ésta a la pareja como caso variable de composición en sus singulares modalidades erótico-amorosas, hay un pasaje de éticas prescriptivas a éticas inmorales.

D. H. Lawrence percibió el umbral del mundo moderno al describir una mujer que no funcionaba ni como pequeña criatura ni como dama de la expresión, sino como mezcla artificial y extraña sobreestimulada eróticamente: “era una mujer que fornicaba primero en el heno, después entre las hierbas, alejando pequeñas ramas para que el pene del hombre no se lastimara y, más tarde, la misma mujer más snob, fornicaba en medio de un poema, alejando los versos para que el pene del hombre no se volviera demasiado delicado. Pero también había otras cosas”. El paso de un mundo a otro, de una ética a otra, no solo supone un cambio de figuras, sino también, distintos cruces entre sexualidad y amor.

El mundo antiguo dejó su gran marca al hacer de la filosofía la práctica y el saber sobre el amor: de un saber sobre la erótica a otro sobre la amistad hay un extenso trabajo del diálogo. La fe en la palabra de cara a la belleza de los cuerpos parece ser la mediación necesaria para que los muchachos alcancen la virtud. La ascesis pedagógica tenía una función política: depurar las pasiones ciudadanas frente a la belleza de los cuerpos en el juego de los afectos. Sin gobierno de sí no se alcanza la ciudadanía, sin moderación de las pasiones no hay libertad. El impulso de la filosofía antigua se sostiene en la fórmula: “conocerse a sí mismo es recordar”, su reverso moderno podría encontrarse en la escritura de Balzac: “ella era infiel porque no recordaba”. Autogobernarse y construirse libre supone un arduo trabajo de la conciencia: del cuerpo y del lenguaje como aprendizaje de una conducta adecuada como modo relacional. La deseada autarquía antigua se consigue como una memoria de los propios actos y como una voluntad deliberada para modelar los impulsos. Si en la antigüedad la pasión esclaviza, en el mundo moderno es el movimiento que proyecta tanto la insistencia vital como la naturaleza de los celos. Aquello que los antiguos entendían como un puritanismo de la virilidad, los modernos lo conciben como una erótica libertina o como una pasión electiva. De la filosofía antigua aprendemos una propedéutica: la ascesis es un trabajo sobre la repetición de nuestros hábitos y sobre el modo en el que nos afectan. Del mundo moderno comprendemos que no hay nada más verbal que los excesos de la carne: la descripción reiterada del acto carnal no sólo da cuenta de la transgresión, es ella misma, una transgresión del lenguaje por el lenguaje. Entre ambos mundos, el cristianismo ha interiorizado la mala conciencia estableciendo una relación inseparable entre teología y pornografía.

El amor contemporáneo se ha vuelto el dominio de todos los dilemas. Tiempo de desdoblamientos: bajo el nombre del amor y el nombre propio de sus practicantes, una multiplicidad perversa insiste diluyendo cualquier esencia, identidad y nombre. Aquello que define a nuestro tiempo en relación a los juegos del amor es la complicidad de la vista con la palabra. La pregunta crucial es qué hacer con lo que no puede ser sino visto u oído, incluso aunque sea inimaginable en la imaginación e impensable en el pensamiento. Sólo hablar. El lenguaje es el doble último que expresa todos los dobles, el simulacro más alto. La palabra es nuestra conducta activa respecto a la fantasmática amorosa. La vista conduce a la palabra tan pronto como la palabra conduce a la vista. Si la vista desdobla lo que ve, el lenguaje multiplica al habitante. Una noche cualquiera la mujer que creímos tener en nuestros brazos aparece de pronto transformada en hombre. Los fantasmas se convierten en objetos y el deseo amoroso no enfrenta sino simulacros que le hacen conocer tanto la amargura y el tormento como la indiferencia y la distancia. En un tiempo en el que sólo la imagen inspira y resucita el deseo nada resulta irremediable: continuar un movimiento requiere una percepción de lo mínimo y la férrea voluntad de repetirla hasta que de allí surja algún grado de novedad.

El filósofo antiguo era un guardián de la ciudadanía, el poeta cortés presentaba un nuevo orden amoroso y el artista moderno es el ferviente creador de relaciones anómalas, singulares y artificiales. Las figuras del amor son los contornos y umbrales de una batalla cuya razón sólo parece ser irónica.

2. Descripción del seminario
Proponemos indagar figuras e íconos del amor en occidente en una tensión entre filosofía y literatura en tres dominios conceptuales: del amor al muchacho, del amor a la dama y de las parejas anómalas, revisando prácticas éticas.

La apertura del seminario está sujeta a la disponibilidad de un cupo mínimo.


Adrián Cangi
Dr. en Sociología y Dr. en Filosofía y Letras. Se desempeña como profesor e investigador en la Universidad de Buenos Aires, Fundación Universidad del Cine y Universidad Nacional de La Plata. Dicta seminarios en el Doctorado en Estética de la Universidad de Chile, en el Doctorado en Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y en el Doctorado en Letras de la Universidad de Sao Paulo.


 Miércoles 28 de julio de 2010 a las 19:00