Malba - Fundación Costantini - Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires
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Prensa
En comodato por un año
Malba expone una obra clave de Armando Reverón en su colección permanente


Malba presenta dentro de su colección permanente un cuadro clave del pintor venezolano Armando Reverón (1889-1954), incorporado al museo en 2006: Mujer desnuda leyendo,
del año 1932.

Ésta es la primera vez que una pieza de Reverón se expone públicamente en nuestro país en el contexto de una colección permanente y en el marco de un comodato que se extenderá durante un año. Malba se convierte así en un espacio de difusión y de acceso para público y especialistas, de unos de los mejores artistas del siglo XX que trabajó la mayor parte de su vida en las playas de Macuto, en la ribera del mar Caribe.

Desde su inauguración en septiembre de 2001, Malba – Colección Costantini ofrece al público local e internacional la oportunidad de visitar su colección de arte latinoamericano instalada de manera permanente en el primer piso del museo. Se trata de un conjunto excepcional de obras y de artistas que despliegan los principales momentos artísticos de la región, desde las vanguardias de principios del siglo XX hasta los inicios de la cultura contemporánea en los años 60 y 70.

Los diálogos y encuentros entre pinturas y esculturas de Rafael Barradas, Pedro Figari y Joaquín Torres-García, de Uruguay; Tarsila do Amaral, Emiliano Di Cavalcanti, Maria Martins, Cícero Dias y Cándido Portinari, de Brasil; Amelia Peláez, Wifredo Lam y Mariano Rodríguez, de Cuba; Diego Rivera, David Siqueiros, Agustín Lazo, Remedios Varo y Frida Kahlo, de México; Roberto Matta, de Chile y argentinos como Emilio Pettoruti, Pablo Curatella Manes, Xul Solar, Alfredo Guttero y Antonio Berni, hacen de la colección de Malba una posibilidad única para disfrutar y entender los primeros capítulos y la diversidad de la modernidad en América Latina.

El museo cuenta con un programa de comodatos que consiste en solicitar a colecciones privadas préstamos a largo plazo de artistas ausentes en el patrimonio de la institución. Mujer desnuda leyendo, fechada alrededor de 1932, pertenece a la serie emblemática de las pinturas blancas realizadas por Reverón en los años 20 y 30. El óleo presenta una escena en el interior de un rancho: una mujer desnuda reposando sobre su cama y leyendo un libro. Una vez más, los pintores de la región demuestran que, lejos de copiar los modelos estilísticos europeos, arriesgan sus imágenes y oficios exasperando y acelerando las recetas tradicionales de los centros de importación. Entre las investigaciones del color y de la luz del impresionismo, Reverón atraviesa el límite de la pintura usando la luz como único material para cubrir sus telas. El cuadro ubicado en medio de los cruces y originalidades de sus contemporáneos, montado en convivencia con piezas fundamentales de Tarsila, Torres-García, Rivera, Pettoruti, Barradas, Xul Solar, Covarrubias, Peláez y Curatella Manes, muestra otra variante de las modernidades latinoamericanas y sus singularidades.

Reverón en MoMA
El próximo 11 de febrero, el Museum of Modern Art de Nueva York (MoMA) inaugurará una exposición retrospectiva de Armando Reverón –la primera en los Estados Unidos-, reconociendo sus aportes en la historia del arte del siglo XX. Para Malba es un orgullo poder ofrecer a sus visitantes uno de los trabajos más importantes de este artista, que aún hoy permanece casi desconocido.

Con la curadoría de John Elderfield, Curador en Jefe del Departamento de Pintura y Escultura de la Colección Marie-Josée y Henry Kravis, MoMA, la exposición está dividida en secciones cronológicas que exhibirán las obras preliminares de Reverón y luego fases de su trabajo en el género del retrato, el paisaje y el autorretrato. También presentará muchas de las muñecas y objetos fabricados artesanalmente por el artista. Estará acompañada por un catálogo, que constituye la primera publicación sobre Reverón en idioma inglés.

Ésta es la tercera exposición realizada por MoMA sobre un artista latinoamericano, luego del muralista mexicano Diego Rivera y del brasileño Cándido Portinari en 1932 y 1940.


BIOGRAFIA
Armando Reverón (Venezuela, 1889-1954) puede ser legítimamente considerado como el último de los grandes artistas de la primera etapa del modernismo en ser descubierto y difundido ante audiencias internacionales. Célebre al comienzo en su nativa Venezuela pero poco conocido en el exterior, gran parte de su infancia transcurrió en Valencia (Estado de Carabobo), donde realiza los estudios primarios con los padres salesianos. En esa ciudad hizo también sus primeros pasos en la pintura de la mano de su tío, el pintor Ricardo Montilla, que con sus enseñanzas reafirma la vocación artística del muchacho. Entre los 12 y 13 años, sufre de fiebre tifoidea, enfermedad que según muchos estudios lo afectaría psíquicamente para el resto de su vida.
En 1904, Reverón conoce al joven pintor César Prieto, quien lo convence de inscribirse en la Academia Nacional de Bellas Artes. Allí conoce a un grupo de estudiantes del cual formaban parte, entre otros, Rafael Monasterios y Antonio Edmundo Monsanto, quienes años después constituirían el Círculo de Bellas Artes. En 1910, instalado con su madre en una pensión, Armando disfruta de las ventas de frutas y legumbres, le apasiona la plaza del mercado, y nacen sus naturalezas muertas. Al año siguiente, su rendimiento en la Academia Nacional de Bellas Artes merece la postulación de los profesores para una pensión de estudios en Europa.
Su madre le ayuda a costear el viaje a Barcelona, donde ingresa a la Escuela de Artes y Oficios y Bellas Artes. Reverón estudia el trabajo de Goya y el Greco, y también se interesa por las obras de Velásquez.
A finales de 1912 regresa a Venezuela y, tras una corta estadía, vuelve a España. Se inscribe en la Academia de San Fernando de Madrid en los cursos de Antonio Muñoz Degrein y José Moreno Carbonero, extravagante pintor maestro de Dalí. Viaja por una temporada a París, donde pinta al aire libre; de esta época es su obra Paisaje de Burdeos. Después de cuatro años en Europa, Reverón regresa definitivamente a Venezuela.
Entre 1916 y 1918 llegan a Caracas dos pintores que influirían decididamente en la obra de Armando Reverón: el rumano Samys Mützner y el ruso Nicolás Ferdinandov. Se hace asiduo visitante del Círculo de Bellas Artes, fundado en 1912 por sus compañeros de la academia caraqueña, quienes a pesar de su anterior ausencia siguen considerándolo uno de ellos. Allí se involucra en los problemas de la luz tropical, dándole una resolución audaz que excluye el cromatismo impresionista para realizar valores puramente lumínicos mediante el aclaramiento casi total de la paleta, reducida apenas al blanco con ciertos toques ocres y azulencos. En 1918, Reverón muestra algunas de sus pinturas en la Academia de Bellas Artes de Caracas, en una exposición organizada por Ferdinandov.
En los carnavales de 1918, Reverón conoció a Juana Ríos, quien sería su compañera y su modelo por el resto de su vida. Luego de varias mudanzas y estadías en Punta de Mulatos, La Guaira, y en El Valle de Caracas, decide trasladarse definitivamente a Macuto. Allí organiza su casa-taller, un ambiente poblado de plantas y animales que se convierte para Reverón en un espacio vital, donde se confundía el arte con la vida y lo cotidiano con lo trascendente. Allí se instala y se queda durante los siguientes 33 años, hasta su muerte. Con el paso del tiempo, los lugareños bautizan la casa de Reverón como El Castillete.
En 1920 Reverón expone en los salones de la antigua Universidad Central de Venezuela doce óleos que muestran sus primeros temas sobre Macuto.
La obra de Reverón, según las investigaciones del historiador de arte Alfredo Boulton, pasó por diferentes etapas conocidas como Períodos azul, blanco y sepia. A partir de 1918, Reverón acentúa los aspectos nocturnos y oscuros del paisaje, el desnudo y el retrato utilizando los azules profundos, observando la luz a medida que ésta se mezclaba con la atmósfera del paisaje marino del trópico. A esta etapa pertenecen las obras Juanita, 1919; Paisaje de Macuto, 1920, y La trinitaria, 1922.



Hacia 1924 nace lo que se considera como su época blanca. Reverón pinta Fiesta en Caraballeda, una obra en la que el lienzo brinda su palidez como recurso plástico. Playa con figura de mujer consolida la expresividad del período.
Hacia 1925, Reverón entra en una etapa de enorme producción; simplifica el uso de los colores en su investigación sobre el fenómeno de la luz e indaga en lo visual, a la vez que busca las claves de un problema estético (Período blanco). Con pocas pinceladas, trazos, manchas y raspaduras logró efectos inéditos, otorgando nuevos valores a los diferentes motivos pictóricos. Este período se extiende aproximadamente hasta 1935 y fue representado en obras como Luz tras mi enramada y Cocoteros en la playa, 1926; Macuto en oro y Marina y Cocoteros, ambas de 1931; Ranchos de Macuto, 1933 y Paisaje blanco, 1934.
El pintor se interesó cada vez más por el blanco, -también pintó sobre papel con pintura de cola- hasta que en 1935 comienza a realizar cuadros de gran tamaño y a utilizar el color sepia. A este período pertecen las obras Puerto de la Guaira, 1940; Playa, 1941; El Playón, 1942; Amanecer en el Caribe, 1944. Es representativa de este período, por su excelencia, su obra maestra Desnudo acostado, 1947, para la que Juanita sirvió de modelo, y que obtuvo el Premio Nacional de Pintura en 1953.
Paralelamente a su investigación sobre el sepia, Reverón inció la confección de objetos y muñecas que irían a complementar el mundo de El Castillete. Las muñecas le servirían de modelos, junto a su mujer. Los objetos -de utilería artística- revelaban aspectos importantes de su sensiblidad y destreza.
A principios de los 30, surgen sus primeros autorretratos. Alfredo Boulton organiza una exposición en el Ateneo de Caracas para ayudar al artista; sin embargo, se venden pocas obras. Años más tarde algunos de estos cuadros son expuestos a precios altísimos en la galería Katia Granoff de París. En la segunda mitad de la década trabaja con materiales de desecho que recupera en el Puerto de La Guaira. En 1942 muere su madre y él sufre un desequilibrio mental. Cuando se recupera, vuelve a pintar; sin embargo, se aleja de los paisajes y la temática de sus cuadros recrea el mundo mágico en el que se refugia. Así comienza la etapa que lo consagraría como un verdadero precursor, si no el primer exponente, del expresionismo en estas latitudes.
Hacia el final de su vida, Reverón invirtió cada vez más tiempo en la realización de sus objetos y en simplificar sus recursos expresivos. Entre 1945, y 1953, el artista realizó dibujos y bocetos a lápiz, carbón y tiza, y abordó en su obra gran cantidad de motivos, desarrollados con diversas técnicas.
En 1949, con la ayuda de Alejandro Otero, expone en el Taller Libre de Arte. Dos años después presenta su tercera exposición individual en el Centro Venezolano Americano. El Salón Oficial de Arte Venezolano le otorga en 1953 el Premio Nacional de Pintura, el primer reconocimiento a su obra. Al año siguiente, Reverón se refugia en El Castillete, retraído, solitario ante los ojos de la gente, siempre acompañado por sus muñecas y por un incondicional oyente, de luz y aire, que lo acompaña en sus recorridos por la playa. Fallece el 17 de septiembre de 1954.
Con motivo del centenario de su nacimiento, en 1989 se le rinden al artista numerosos homenajes en Venezuela. La Galería de Arte Nacional organiza una exposición antológica y documental sobre su obra, y se restaura en Macuto su casa El Castillete, que actualmente alberga el museo que lleva su nombre.

Épocas
La primera clasificación de la obra reveroniana fue formulada por el crítico e historiador venezolano Alfredo Boulton y presentada en 1955 en el catálogo de la primera retrospectiva realizada al artista en el Museo de Bellas Artes de Caracas.
Las tres etapas de esta periodización, ampliamente conocidas como Época Azul, Época Blanca y Época Sepia, fueron inspiradas en el modelo aplicado a la obra de Pablo Picasso. Basada en las tonalidades cromáticas de las pinturas, esta clasificaciones que describen otros aspectos estilísticos relacionados con épocas determinadas, la clasificación de Boulton ha servido y sirve de referencia ineludible para ubicar cronológica y formalmente la producción pictórica de Reverón.

Época Azul
La producción pictórica de Armando Reverón enmarcada entre los años 1918 a 1924 es conocida como la Época Azul, y se caracteriza no sólo por el uso de tonalidades azules sino por el acento tenebrista y nocturnal propio del estilo del pintor ruso Nicolás Ferdinandov, amigo de Reverón. Ferninandov estimuló a Reverón para que prosiguiera en la búsqueda de una pintura de “climas oníricos” y tonalidades frías, como se aprecia en obras como La Cueva (1920). Reverón ya venía utilizando los azules en obras anteriores, pero este rasgo fue reforzado por la influencia que recibió en España de la pintura de Goya, y es en la Época Azul donde se acentúa definitivamente esta tendencia, en la creación de finas veladuras logradas por la utilización de una técnica de empaste frotado. Por otra parte, Reverón recibe influencias de los pintores Emilio Boggio y Samys Műtzner, de tendencia impresionista. Comienza a crear paisajes de gran lirismo, en los que los tonos azulados y verdosos son tratados mediante pinceladas divididas y fuerte empaste.

Época Blanca
Los tonos azules que venían caracterizando el trabajo anterior paulatinamente ceden paso a los blancos, dando inicio a la Época Blanca, comprendida entre 1921 y 1933. Una obra típica de esta transición es Fiesta en Caraballeda (1927), donde si bien se siguen observando tonalidades azules, éstas se hallan “apasteladas” por el uso insistente del blanco. Este período es uno de más relevantes dentro de la prolífica producción del artista. Un nuevo elemento cromático -el blanco- cobra fuerza, transformándose en una representación luminosa y de síntesis atmosférica. El interés de Reverón por expresar la luz lo lleva a traducir la visión enceguecida de las formas a través de una sistemática anulación de los colores vivos, que lo llevará paulatinamente a la monocromía, al uso del blanco absoluto como único elemento. Todo ello le hace merecedor de ser llamado “el pintor de la luz”. Esto se revela en obras como Autorretrato (1933) o El Rancho (1930). El tema preferido por el artista en esta época es, sin duda, el paisaje, que le permite la indagación profunda en los problemas de la luz. No obstante, trabaja algunas escenas del interior de El castillete y varios autorretratos. Los paisajes y los desnudos de Juanita, su mujer, se encuentran entre las más originales creaciones de la pintura moderna venezolana.

Época Sepia
Boulton llamó a esta etapa Época Sepia, atendiendo a que era esa la tonalidad que con mayor frecuencia se repetía en la paleta del pintor. Entre 1940 y 1946 aproximadamente, tiene lugar este período en el que el artista pinta desnudos, marinas y escenas del puerto de La Guaira. Los colores sufren un cambio: Reverón abandona la alegre luminosidad del blanco para acceder al mundo más terrígeno y real del paisaje humano. Sus obras en esta época son como crónicas de la dinámica vida portuaria del litoral; se hacen presentes los tonos ocres y sepias, aplicados sobre arpilleras, casi siempre sin mucha preparación técnica utilizada con el propósito de convertir la trama de la tela en un valor cromático y textural. Ejemplos característicos de esta época lo constituyen las obras Puerto de la Guaira (1941), Plaza Vargas (1942) Marina (1942), en las que se destaca el predominio de la horizontalidad y cuyas atmósferas se hallan dinamizadas por los trazos cortos con que el artista describe las formas. Son obras cargadas de dramatismo, con magistrales atmósferas logradas por un sutil juego de luces y sombras, valoraciones contrastadas, toques expectantes y tonos en tenso equilibrio. Los autorretratos con muñecas y los desnudos en gran formato son otros trabajos que ejemplifican esta etapa. La obra Gran Desnudo Acostado (1947) con la que Reverón obtuviera el Premio Nacional de Pintura en 1953, es representativa de la seguridad técnica que el artista había alcanzado para entonces. En ella, las tonalidades amarillas, marrones y que caracterizó gran parte de si producción durante esos años.