Malba - Fundación Costantini - Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires
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Prensa
16 de noviembre de 2006
Para difusión inmediata


Una larga historia con muchos nudos
Fluxus en Alemania 1962-1994
Del viernes 17 de noviembre de 2006 al lunes 30 de enero de 2007
Curadores: René Block y Gabriele Knapstein

Inauguración: jueves 16 de noviembre a las 19:00
Pre-inauguración especial para prensa: jueves 16 de noviembre las 17:30

Una exposición del ifa (Instituto para las Relaciones con el Extranjero - Alemania), organizada en cooperación con Goethe-Institut Buenos Aires y Malba - Colección Costantini.


El próximo jueves 16 de noviembre, Malba inaugura Una larga historia con muchos nudos. Fluxus en Alemania 1962-1994, una exposición que reúne 195 obras, incluyendo documentos fotográficos que registran los festivales, conciertos y acciones más importantes realizados en Alemania por Fluxus, un movimiento de arte contemporáneo surgido a fines de los años 50 y caracterizado por su transversalidad geográfica y su actitud de provocación y experimentación artística a través de múltiples disciplinas.

La muestra -que en nueve años visitó 24 países y durante 2006 se presentó en el Museu Oscar Niemeyer, de Curitiba, y en el Instituto Tomie Ohtake, de Sāo Paulo- incluye trabajos originales de la etapa inicial del grupo y obras de artistas como Nam June Paik, Joseph Beuys, Ben Vautier, Wolf Vostell, John Cage, Nam June Paik, Takako Saito y Dieter Roth, entre otros. Se completa con una selección de carteles, cartas, grabaciones, libros, partituras, además de algunos Fluxus Filmes editados por el artista y empresario lituano Georges Maciunas, fundador del grupo. Entre los documentos fotográficos se destacan las series de Ute Klophays y Manfred Leve, elaboradas en los años 60, que representan dos formas fundamentalmente distintas de “conservación” y “reproducción” del arte-acción. Asimismo, se presentarán trabajos originales de la etapa inicial, así como obras recientes de artistas que vivieron o viven aún en Alemania.

Sobre la época inicial de Fluxus, Gabriele Knapstein -una de las curadoras de la exposición- escribe: “A diferencia de algunos intentos por definirlo como objeto histórico y hacerlo más manejable para la investigación, un vistazo a su historia confirma los señalamientos de los artistas participantes, quienes reiteradamente han subrayado la falta de unidad y la multidimensionalidad de las actividades artísticas conocidas como Fluxus.”

Los mismos artistas tenían el potencial intelectual para representar su obra sobre la base de una teoría artística, pero siempre se abstuvieron de hacer cualquier declaración de dar alguna definición de Fluxus. Prefirieron que la audiencia fuera quien los interpretara.

Las primeras actividades del grupo se llevaron a cabo a principios de los años 60, una época que constituyó una bisagra para las artes plásticas en Europa y Estados Unidos. El campo de tensión de los múltiples movimientos antiarte que sucedieron a las ideas de Marcel Duchamp (neo-dada en Nueva York; nouveau réalisme en París; Zero en Düsseldorf) permitió una libre exploración de la realidad y cuestionó el significado tradicional de los medios artísticos. En el intento de reconciliar el arte con la vida se basó el impulso para el surgimiento de nuevas formas artísticas que no se centraban en la producción de artefactos, sino en la acción y el involucramiento activo del público. Las cosas cotidianas, los gestos, las acciones más simples como sentarse en una silla, se convertían en obra-Fluxus ya que, al igual que los ready-mades, eran extraídas de la realidad cotidiana.



De algún modo, en el árbol genealógico del movimiento -con ramificaciones y conexiones con otras disciplinas junto a orígenes históricos muy precisos- se pueden individualizar la figura de Duchamp y el movimiento Dadá, en el teatro futurista y en el llamado Bruitismo, así como en John Cage, el estilo de los Haiku, el Anti- Arte, el Borderline Art, el Vaudeville y Charlie Chaplin.


Historia del movimiento
Fluxus (del inglés flow, fluir) fue fundado en 1962 por el artista y empresario lituano George Maciunas en Estados Unidos. El nombre se utiliza por primera vez en el 61 en Nueva York, en una tarjeta de invitación a tres conferencias de "Música Antigua y Nueva".

“Fluxus” derivaba del latín, con varias acepciones: dejar correr en libertad, infiltración, fugacidad. Se define como antiarte, a partir de lo que no pretende, como acontecimiento que surge de manera espontánea, rechazando la repetición en sus performances y acciones. Maciunas originalmente imaginó el concepto Fluxus como título para una “revista internacional del más reciente arte y antiarte, música y antimúsica, poesía y antipoesía, etc”. Aunque la revista nunca fue publicada, el concepto se mantuvo para un sinnúmero de actividades artísticas.

Maciunas vivió desde pequeño en los Estados Unidos. A fines de los años 50, presenció el renacimiento radical del arte, creó una galería en New York (la A.G Gallery), y entró en contacto con John Cage, gran exponente de la escena musical, y con otros compositores de la New School for Social Research. De vuelta en Alemania en 1961, llevó consigo los principios de acción que condujeron en 1962 a realizar el primer festival Fluxus, el Fluxus International Festspiele Neuester Musik (Festivales Internacionales de Música Novísima), en el Städtisches Museum de Wiesbaden (Museo Municial de Wiesbaden). Durante cuatro fines de semana, se presentaron artistas de diversas disciplinas en happenings y eventos con piezas de música de acción y composiciones de música concreta, en los que se transmitieron cintas grabadas y se exhibieron películas.

Con este concierto, Fluxus se estableció en Alemania y luego se propagó por el resto de Europa, Estados Unidos y Japón. Los artistas de otras naciones escogieron deliberadamente Alemania como su centro de residencia y trabajo, si bien se desarrollaron intensas relaciones con Nueva York, Tokio, París, Amsterdam, Copenhague, Londres, Estocolmo, Praga y Madrid. "En la RFA, donde se iniciaba una nueva orientación política, económica y cultural -describen en su texto curatorial René Block, Carola Bodenmüller y Gabriele Knapstein-, se gestó un clima propicio para la experimentación artística que permitió el desarrollo de formas intermediáticas vinculadas con los movimientos de vanguardia de principios del siglo XX, y otras formas nuevas. A diferencia de otros lugares de Europa y Estados Unidos, desde un principio en Renania y Berlín se encontraron artistas que crearon una plataforma para ellos mismos y para sus amigos, así como algunas galerías y museos que consideraban transgresora –y por lo tanto importante– la concepción del arte de Fluxus, y trataron de difundirlo".

La gran manifestación de Wiesbaden era la consecuencia lógica de una serie de conciertos informales realizados hacia fines de los años 50, en Nueva York, más precisamente en el loft de Yoko Ono y en el 60', ya en la galería del propio Maciunas. Se trataba de la elaboración de experiencias realizadas en la clase de composición experimental de Cage, quien había elaborado el concepto de indeterminación, introduciéndolo en la música contemporánea.

Fue el propio Maciunas también el primero en concebir la modalidad operativa del grupo: una manifestación en la cual aquellos artistas americanos y europeos que guardaban ciertas afinidades entre sí, se encontraran para trabajar conjuntamente. La idea era presentar una nueva modalidad de hacer arte, usando nuevas conexiones entre música, poesía, artes visuales, danza, teatro, abriéndose a una "multifomidad de géneros". Maciunas observaba la vanguardia más reciente como la antítesis del expresionismo abstracto que reinaba en ese momento; todos los artistas más o menos progresistas eran colaboradores potenciales del movimiento.


Fluxus y los objetos
La introducción de objetos reales en el mundo del arte a partir del movimiento dada y el surrealismo, a comienzos del siglo XX, ha planteado la cuestión de hasta qué punto un artículo de uso cotidiano sólo es un objeto estético cuando no es apto para ser utilizado. Con la aparición del objeto en el arte también surgió la cuestión del uso. Duchamp negó, de algún modo, con sus ready-mades, el uso de sus objetos.

Con la posibilidad de utilizar los objetos, el usuario se convierte en parte de la obra de arte, porque sólo él, a través de su relación con los objetos, hace que la obra exista y se desarrolle. Como señala Peter Weibel, Director del ZKM (Centro de Arte y Tecnología de Karlsruhe, Alemania), en la edición de la revista Ñ del 21 de octubre de 2006, “las obras de arte pueden ser verdaderas instrucciones de uso que le indican al observador cómo comportarse. En el arte de acción de Fluxus, el happening y la performance se reemplazó el objeto de la pintura o la escultura por acciones o instrucciones de manejo. [...] Con prácticas participatorias e interactivas, los movimientos op-art, arte cinético, Fluxus, arte conceptual y especialmente el media arte, han transformado al observador en un usuario que participa en forma activa en la construcción de la obra de arte, su forma y aspecto, su producción y conducta, sus contenidos y su interpretación.”

En Europa, Maciunas había conocido a Paik, Vostell, Emmett Williams y Benjamin Patterson. Los cuatro junto a Alison Knowles, Dick Higgins y al propio Maciunas fueron los intérpretes de las 14 Fluxus pieces presentadas en diversos conciertos europeos. En las composiciones e improvisaciones musicales eran introducidos objetos de diversa naturaleza con el objeto de generar los más raros ruidos y sonidos. Así, las máquinas de escribir, las ruedas y gomas de bicicleta transportaban el ruido de la cotidianeidad y de la vida urbana a un contexto cultural, donde estos mismos ruidos eran aislados y pulidos para luego ser organizados musicalmente. En "Zen for Head" (1962) de Naum June Paik, el artista se servía de su corbata para trazar caligramas sobre un rollo de papel; luego, metía su propia cabeza en un cubo de tinta y con este nuevo pincel concluía la acción de demarcación lineal. Se servían de todo tipo de medios presentes en el aula musical: desde un piano hasta una colección de instrumentos orientales, mezclados con objetos tan heterogéneos como juguetes, monedas o botones.