Malba - Fundación Costantini - Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires
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Prensa
1. Horizontes lejanos. La vuelta al western en 80 films
Durante todo el mes

Durante junio, malba.cine propone un recorrido exhaustivo por el cine del Oeste o Western, quizá el aporte más auténtico y trascendente que la cultura norteamericana hizo al cine. Más de ochenta películas de largo y corto metraje, distribuidas en cinco semanas, ofrecen un extenso panorama del género que incluye todas sus etapas y variantes, desde El gran robo del tren (The Great Train Robbery, 1903) de Edwin S. Porter, hasta El tirador (The Shootist, 1976) de Don Siegel, con John Wayne. Hay diversas paradas intermedias entre esos dos extremos, como la influyente obra de William S. Hart en el cine mudo, las mejores películas de John Ford, los cowboys puros de la década del ’30, la madurez del género representada en obras maestras como Conciencias muertas, Fiebre de sangre, A la hora señalada o El tren de las 3:10 a Yuma, el advenimiento del spaghetti western y la escalada de violencia que culminó en la obra de Sam Peckinpah.
Entre las mayores rarezas del ciclo se destacan tres películas del legendario Tom Mix, sinónimo del western heroico, un episodio para la serie El caballo de hierro escrito y dirigido por Sam Fuller, el delirante Greaser’s Palace de Robert Downey, que es una versión de la Pasión en clave de western, y un largometraje de Broncho Billy Anderson, primera estrella del género en los comienzos del cine.
Debe decirse que el western tuvo su apogeo en una época en que el cine ocupaba un lugar mucho más relevante en el imaginario social. En ese entonces, el reencuentro del público con sus héroes elegidos era frecuente y las funciones de matiné “en continuado” estimulaban el descubrimiento periódico de nuevas aventuras. Con ese espíritu, por este mes, malba.cine tendrá sus funciones de matiné en continuado, lo que permitirá ver dos, tres y hasta cuatro películas en una tarde, con una única entrada.
Como es tradicional en malba.cine, todos las películas se exhibirán en fílmico. En muchos casos se trata de copias nuevas, adquiridas recientemente por la Filmoteca Buenos Aires, que se verán por primera vez en un ciclo de revisión.

Fernando Martín Peña


1. Jinetes del amanecer
Un panorama del western mudo, a través de sus protagonistas más representativos. La mayor parte de estos films se verán acompañados por música compuesta e interpretada en vivo por la National Film Chamber Orchestra, coordinada por Fernando Kabusacki.

Francis Ford: Los invasores (The Invaders, EUA-1912) de Francis Ford, c/Francis Ford, Ethel Grandin, Ann Little, William Eagle Shirt, Ray Myers. 30’.
Los indios y el ejército firman un tratado de paz, pero cuando los comerciantes blancos lo violan, el ejército se niega a atender el reclamo indígena y la guerra vuelve a ser inevitable. El tema de este western fundacional reapareció muchas veces después, en films como Flecha rota o El vuelo de la flecha (ver). La perspectiva sobre los indios demuestra que ya en 1912 había cineastas que no simplificaban la Historia. Francis Ford (1881-1953) fue actor y director de numerosos films hasta 1928 y fue responsable del ingreso al cine de su hermano menor, John Ford, quien luego lo integró a los elencos de casi toda su filmografía.

Pearl White: Los peligros de Paulina – La diosa del lejano Oeste (The Perils of Pauline – Goddess of the Far West, EUA-1914) de Louis Gasnier y Donald MacKenzie, c/ Pearl White, Crane Wilbur, Paul Panzer. 20’.
Para la historia del cine Pearl White (1889-1938) es la reina indiscutible del serial mudo, aunque su trabajo más célebre, Los peligros de Paulina (en veinte episodios unitarios), es muy mal conocido y no se conserva completo. La premisa era de una sencillez encantadora: Paulina y Harry se aman, pero ella dice que no quiere casarse sin antes viajar y vivir aventuras extraordinarias. Su apoderado Koerner, que desea quedarse con su fortuna, intenta eliminarla episodio tras episodio y Harry debe realizar toda clase de actos heroicos para salvarla. La diosa del lejano oeste es el segundo “Peligro” de la serie: por obra de Koerner, Paulina cae cautiva de una tribu de indios hostiles, que la arrojan colina abajo con una gigantesca piedra detrás. El director francés Louis Gasnier dirigió luego en varias películas a Carlos Gardel.


Broncho Billy Anderson: Hijo del revólver (The Son-of-a-Gun, EUA-1918) de G. M. Anderson, c/G. M. Anderson, A. E. Whitting, Joy Lewis, Paul Willis. 50’ aprox.
El primer héroe popular del western fue Broncho Billy, un cowboy feo, pendenciero y políticamente incorrecto, capaz de cometer toda clase de atropellos pero fiel a su propia idea de la justicia. Creado e interpretado por el pionero G. M. Anderson (1880-1971), que había sido actor de El gran robo del tren en 1903, Broncho Billy protagonizó cientos de cortometrajes pero muy pocos largos. Hijo del revólver, el único que se conserva completo, es un excelente ejemplo del particular carisma de Anderson, algo distinto a todo lo que vino después.

Al Hoxie: Sangre roja (Red Blood, EUA-1926) de J. P. McGowan, c/Al Hoxie, Nayone Warfield, Lew Meehan, Eddie Barry, J. P. McGowan. 50’ aprox.
Un ranchero (interpretado por el propio director McGowan) corre el riesgo de perderlo todo por culpa de un hijo pusilánime adicto al póker. Enamorado de la hija del ranchero, Al Hoxie interviene con la intención de salvarlo, pero se ve involucrado en un crimen que no cometió. Al Hoxie (1901-1982) no tuvo tanta fama como su hermano Jack, que fue una verdadera estrella del western mudo, pero era mejor actor y sus vehículos tenían argumentos más complejos e interesantes. El australiano McGowan dirigió cientos de films entre 1911 y 1938, la mayoría westerns, y se caracterizó por la eficacia de sus escenas de acción.

Ken Maynard: El lejano oeste (The Red Raiders, EUA-1927) de Charles Rogers, c/Ken Maynard, Ann Drew, Paul Hurst, J. P. McGowan, Chief Yowlache. 50’ aprox.
Un oficial recién graduado llega a un fuerte en plano conflicto con los sioux. Allí no sólo enfrenta a los indios, sino también a su superior por los favores de una muchacha. Poca gente recuerda hoy a Ken Maynard (1895-1973) pero en su momento fue tan célebre como Tom Mix o William S. Hart y protagonizó la serie de westerns mejor producida y realizada del período, para la empresa First National. La copia de este film deja mucho que desear, pero da una buena idea de su calidad narrativa y de la extraordinaria realización de sus escenas de acción. En muchos sentidos, este film anticipa la trilogía de films sobre la caballería que veinte años después realizó John Ford (ver Río Grande).

Gary Cooper: El último bandido (The Last Outlaw, EUA-1927) de Arthur Rosson, c/Gary Cooper, Jack Luden, Betty Jewel, Herbert Prior. 63’ aprox.
Un juez corrupto nombra sheriff a un forastero hábil con las armas, con la esperanza de sumarlo a sus tropelías. Pero el forastero es Gary Cooper, por lo que comprende pronto que está siendo usado para el mal y se propone corregir esa situación. Fue uno de tres westerns que Cooper (1901-1961) protagonizó al comienzo de su carrera pero contiene ya la mayoría de los elementos que definirán muchos de sus mejores personajes posteriores, incluyendo el sobrio sentido del humor. El film está narrado con mano segura por el inglés Arthur Rosson quien fue después un eficaz director de segunda unidad y trabajó especialmente para Cecil B. DeMille y Howard Hawks. Fueron suyas, por ejemplo, las antológicas escenas del traslado de ganado en Río rojo (ver).

Bob Steele: Un cowboy de Texas (A Texas Cowboy, EUA-1929) de J. P. McGowan, c/Bob Steele, Edna Aslin, J. P. McGowan, Grace Stevens. 50’ aprox.
El joven Bob Steele vuelve a su pueblo natal, llega hasta su rancho y encuentra a su mamá casada con un villano que la esclaviza. Además, con ayuda de un cómplice leguleyo, ha realizado una maniobra legal para quedarse con toda la propiedad. Es un atípico western en la abundante filmografía de Bob Steele (1907-1988) por sus evidentes connotaciones edípicas que desencadenan, como puede suponerse, una venganza mucho más personal de lo habitual en este tipo de films.

La carreta (The Covered Wagon, EUA-1923) de James Cruze, c/J. Walter Kerrigan, Louis Wilson, Alan Hale, Ernest Torrence, Tully Marshall. Versión condensada en 50’ aprox.
La saga de los colonos que se trasladaban al Oeste en busca de prosperidad fue el tema de esta superproducción, el primer western épico de la historia del cine. El mayor mérito de Cruze fue lograr que las diferentes historias individuales no quedaran opacadas por la dimensión colectiva de la historia. En un contexto totalmente dominado por el mito, Este fue uno de los pocos intentos por recrear un episodio histórico con algún grado de autenticidad documental.




WILLIAM S. HART (1865-1946)
Llegó al cine desde el teatro, gracias a que un amigo suyo, Thomas Ince, comenzó a dedicarse a hacer películas y lo invitó a acompañarlo. A diferencia de la mayoría de las estrellas del western, Hart no se había formado en los rodeos ni había trabajado como cowboy, pero amaba el folklore del western y era un estudioso de su historia y sus personajes. Llevó al género una combinación única de autenticidad y romanticismo, un sentido trágico y una poesía melancólica, que en buena medida John Ford transformó después en parte esencial de su propio estilo.

La estafa (The Ruse, EUA-1915) de William Clifford, c/William S. Hart, John Davidson, Clara Williams, Fanny Midgely. 20’ aprox.
Clásica oposición de valores entre el campo y la ciudad: perdido en plena ciudad de Chicago, Hart, hombre puro del campo, no sospecha que esos señores de traje pretenden despojarlo de su mina de oro. El secuestro de una muchacha lo hará reaccionar a tiempo.

Las bisagras del infierno (Hell’s Hinges, EUA-1916) de William S. Hart y Charles Swickard, c/William S. Hart, Clara Williams, Jack Standing, Louise Glaum, Robert McKim. 50’ aprox.
Al hombre le han dicho que hoy llega un sacerdote en la diligencia y él está dispuesto a usar su revólver para garantizar que el pueblo siga pagano. El sacerdote llega pero no está solo: lo acompaña su hermana, esa clase de mujer “en cuya existencia el hombre nunca pudo creer”. Comienza allí su camino de redención personal, mientras el pueblo, que es “indigno hasta del suelo árido y reseco que lo sostiene”, se precipita hacia los abismos del Infierno. Esta obra maestra demuestra que ya en 1916 William Hart era un cineasta completo, que conocía el valor de la información puramente visual, sabía potenciar el suspenso de cada escena mediante el uso fluido de los primeros planos y prefería reservar lo más intenso para el final, que en este caso merece llamarse apocalíptico.

El jefe de la banda (The Toll Gate, EUA-1920) de Lambert Hillyer, c/William S. Hart, Anna Q. Nilsson, Jack Richardson, Joseph Singleton. 40’ aprox.
Hart, temible delincuente, reúne a su banda para comunicar que deben dispersarse pues la policía les pisa los talones. Sus cómplices votan en contra de su opinión y la banda lleva a cabo un nuevo asalto, que sale mal, y comienza entonces una fuga que tendrá también una zona de redención. Fue el primer western que Hart produjo de manera independiente y uno de los mejores de toda su carrera. No se conserva completo, pero se verá en copia restaurada que da cuenta de las escenas perdidas.

Yerba loca (Tumbleweeds, EUA-1925) de King Baggot, c/William S. Hart, Barbara Bedford, Lucien Littlefield, J. Gordon Russell. 80’ aprox.
Hart es un cowboy libre como las matas de hierba que ruedan por la pradera (eso es un tumbleweed) y nunca ha tenido nada propio. Un día se enamora y comienza a sentir el deseo de establecerse. Esa trama clásica tiene lugar en Oklahoma en 1889, cuando el gobierno está por entregar a los colonos las tierras ganadas a los indios Cherokee. La recreación de la carrera por esas tierras es una de las escenas épicas más destacadas de la historia del cine. La copia que se exhibe contiene un breve prólogo sonoro, filmado en 1939, en el que el propio William S. Hart presenta el film y se despide de su público con una evocación del western que ya no es.


HARRY CAREY (1878-1947)
Ingresó al cine como actor de David Wark Griffith en 1910 y poco a poco se especializó en el western, primero en roles menores y finalmente como protagonista, haciendo un personaje solitario y por lo general proscripto, conocido como Cheyenne (en Argentina “Cayena”). Fue la primera figura importante que dirigió John Ford, desde 1917. Tras el advenimiento del sonoro, Carey siguió protagonizando westerns de bajo presupuesto pero mantuvo una segunda carrera como actor de reparto en films como Caballero sin espada de Frank Capra, Duelo al sol de King Vidor o Río rojo de Hawks (ver). Luego de su muerte, Ford le dedicó su film Tres hijos del diablo (ver).

Tiro fijo (Straight Shooting, EUA-1917) de John Ford, c/Harry Carey, Duke R. Lee, George Berrell, Hoot Gibson, Molly Malone, Vester Pegg. 50’ aprox.


Este film importa por dos razones: la razón obvia es que se trata del más antiguo ejemplo existente de la obra de John Ford; la razón importante es que, pese a ello, resulta prematuramente fordiano. Hay algunos elementos, como la conversión del protagonista ante la visión de la mujer ideal, que delatan la influencia de William S. Hart, el gran arquitecto del western durante este período. Pero en la melancolía de ese personaje, en sus encuadres inconfundibles y, sobre todo, en la voluntad de definir un sentido épico por encima del drama individual, Straight Shooting anticipa buena parte de los recursos expresivos que Ford refinaría luego en sus westerns sonoros.

Más allá de la frontera (Beyond the Border, EUA-1925) de Scott Dunlap, c/Harry Carey, Tom Santschi, Mildred Harris, Jack Richardson. 50’ aprox.
El rostro adusto de Carey y su lacónica personalidad están muy bien utilizados en este western cuyo punto de partida es una confusión de identidad, más típica de una comedia. Algunos gags sobre motivos costumbristas introducen el relato con tono ligero que pronto se vuelve denso a medida que la corrupción domina al pueblo y Carey, un ex sheriff depuesto en elecciones fraudulentas, debe regresar para hacerse cargo de la situación.


TOM MIX (1880-1940)
No hay ninguna certeza en la biografía de Tom Mix, que él y sus publicistas desfiguraron hasta el delirio en varias oportunidades. Se sabe que tuvo un pasado militar y que trabajó varios años en circos y rodeos antes de llegar al cine. Tardó mucho tiempo en librarse de la influencia de Broncho Billy Anderson para encontrar un estilo propio, basado en el glamour y la acción, que le permitió transformarse en la mayor superestrella del género, capaz de toda proeza. Las tres películas que se exhiben dan debida cuenta de la considerable evolución de su personaje:

Consejo legal (Legal Advise, EUA-1916) de Tom Mix, c/Tom Mix, Victoria Forde, Pat Chrisman, George Pankin. 10’ aprox.
La monotonía pueblerina se ve alterada cuando una bella muchacha llega para ser la abogada del pueblo. Mix y sus amigos competirán, de maneras absurdas, por sus afectos. Fue uno de varias decenas de cortometrajes que Tom Mix realizó en el comienzo de su carrera, en un tono de comedia costumbrista ajeno al registro de acción y aventuras que caracterizó la última etapa de su filmografía.

El corazón de Texas Ryan (The Heart of Texas Ryan, EUA-1917) de E. A. Martin, c/Tom Mix, George Fawcett, Bessie Eyton, Frank Campeau. 50’ aprox.
Texas Ryan es la hija del ranchero para el que trabaja Mix, y por la cual está dispuesto a enfrentar toda clase de peligros, empezando por la banda del temible bandido mexicano Mandero. El imprevisible desenlace del film demuestra que Mix todavía se preocupaba más por la verosimilitud de sus argumentos que por las proezas sobrehumanas. Es uno de los pocos films de este período de su filmografía que se conservan completos.

El asalto del tren expreso (The Great K & A Train Robbery, EUA-1926) de Lewis Seiler, c/Tom Mix, Dorothy Dwan, William Walling, Edward Peil. 50’ aprox.
Antes de Súperman, hubo Tom Mix. En su momento, la revista especializada Variety, juzgó que ésta “quizá sea la película de acción más veloz jamás filmada” y los primeros veinte minutos justifican plenamente esa opinión. Tom Mix pende de un precipicio para poder escuchar los planes de una banda de asaltantes, es descubierto, se descuelga desde varios metros sobre su caballo (Tony, el “caballo maravilla”), salva de los bandidos a la muchacha, es perseguido a tiros hasta que logra ponerla a salvo en un tren en movimiento, escapa de los guardias del tren que lo confunden con un ladrón y salva a un vagabundo de morir aplastado bajo los vagones. En ese punto el film permite respirar durante unos minutos al espectador y luego retoma ese ritmo frenético hasta el final.


2. Héroes de matiné
Los grandes nombres del western de los ’30 comparten varias características: representaban el Bien absoluto contra el Mal irredento, oposición visible desde la apariencia física; montaban caballos con los que compartían cartel (Tony, Rocky, Tarzan, Trigger, etc.) y que solían tener iniciativas inteligentes en momentos difíciles; vivían sus aventuras en films breves (alrededor


de una hora) que se veían en continuado por las tardes; tenían un público mayormente juvenil; fueron estrellas multimediáticas: no sólo hicieron muchísimo cine, sino también radio,
circo, rodeos y muchas veces televisión e historietas. En un contexto en que el cine tenía una presencia social mucho más intensa, ellos desestimaban los rigores del realismo. No importaba lo que se era sino lo que se debía ser.

Hoot Gibson: Sin miedo (Boiling Point, EUA-1932) de George Melford, c/Hoot Gibson, Helen Foster, Wheeler Oakman. 62’.
“No soy yo cuando me disgusto”, dice Hoot Gibson (1892-1962) mientras se esfuerza por controlarse ante las agresiones de sus enemigos. La advertencia no surte efectos y Gibson alcanza pronto su “boiling point” o punto de ebullición. Este fue uno de los doscientos films que protagonizó desde que inició su carrera en 1910. Sus primeros films importantes fueron dirigidos por John Ford desde 1917, como Tiro fijo (ver). El actor y director George Melford es hoy recordado por haber dirigido la versión en español de Drácula (1931), donde Carlos Villarías reemplaza a Bela Lugosi.

Ken Maynard: El cuatrero (The Cattle Thief, EUA-1936) de Spencer Gordon Bennett, c/Ken Maynard, Geneva Mitchell, Ward Bond, Glenn Strange. 58’.
El villano Ward Bond tiene un plan espantoso para quedarse con todo el ganado de la zona. Maynard llega a la zona para investigar la situación: de noche encarna al Jinete Misterioso y de día se disfraza de vendedor medio tarado. Es una de las más curiosas películas de Maynard, que había sorteado con éxito la llega del cine sonoro (incluso fue uno de los primeros cowboys cantantes). Sin embargo, su carrera sólo se prolongó unos pocos años más ya que el alcohol lo volvió intratable y terminó apartándose del cine en 1944. Durante décadas vivió en una casa rodante y falleció en la indigencia en 1973.

Kermit Maynard: Canción llanera (Song of the Trail, EUA-1936) de Russell Hopton, c/Kermit Maynard, Evelyn Brent, Fuzzy Knight, Wheeler Oakman, Andrea Leeds. 58’.
Consumado jinete, ganador de diversos premios, Kermit Maynard (1897-1971) fue doble de riesgo y actor de reparto durante la mayor parte de su carrera, pero entre 1935 y 1938 protagonizó su propia serie de films, que a veces eran westerns y otras veces eran historias de la policía montada del Canadá (que son un género en sí mismo). En este film enfrenta a unos fulleros que quieren despojar a un anciano de sus propiedades en el poker. Kermit Maynard fue uno de los pocos cowboys abstemios del cine (en este film pide una gaseosa), decisión que tomó por conocer de cerca los estragos del alcohol, ya que se pasaba la vida cuidando a su hermano Ken,

Johnny Mack Brown: Camino tortuoso (The Crooked Trail, EUA-1936) de S. Roy Luby, c/Johnny Mack Brown, Lucille Brown, John Merton, Charles King. 60’.
Cowboys gays eran los de antes. Johnny Mack Brown se apiada de un hombre que encuentra medio muerto en el desierto, lo salva y se lo lleva a vivir con él. Esa hermosa amistad termina cuando Johnny se enamora de una mujer y decide casarse con ella, lo que irrita muchísimo a su amigo. El film está narrado con solvencia y tiene cierto sentido trágico, reforzado por una estructura cíclica, sutilezas por lo general ajenas al cine de bajo presupuesto. Johnny Mack Brown (1904-1974) había protagonizado films de primera línea, como Billy the Kid (1930) de King Vidor, pero prefirió la gloria vespertina de las matinés.

Tex Ritter: Un romántico vaquero (Sing, Cowboy, Sing, EUA-1936) de R. N. Bradbury, c/Tex Ritter, Al St. John, Hank Worden, Louise Stanley. 59’.
Una muchacha está por perder la concesión del transporte en la zona, por culpa de los villanos, pero Tex Ritter y Al “Fuzzy” St. John llegan al rescate. Tex Ritter (1905-1974) fue uno de los más populares “cowboys cantores” del western y de hecho tuvo como cantante mucho más éxito que como actor. Fue su voz la que eligió el compositor Dimitri Tiomkin para interpretar el tema principal de A la hora señalada (ver), que es en sí mismo un clásico de la música para cine. Su compañero en este film, Al St. John, era un veterano cómico del cine mudo, a quien se lo puede ver también en el corto paródico La mula de hierro.

Bob Steele: Lucha sin cuartel (Ridin’ the Long Trail, EUA-1937) de Sam Newfield, c/Bob Steele, Claire Rochelle, Charles King, Ernie Adams. 56’.



La película tiene la impronta de las viejas películas del cine mudo, empezando por el movimiento acelerado en las escenas de lucha. Steele era hijo del director R. N. Bradbury y, como otros cowboys de la época, formó su propia compañía para producir films como éste. Aunque apenas llegaban a la hora de duración y sus esquemas se repetían hasta el cansancio, tienen la frescura de la instantánea que capta la magia del espacio abierto, la fuerza arrolladora de hombres y bestias, la habilidad del héroe con la montura, el lazo y las armas. Su ingenuidad les trajo como castigo la ausencia de textos y reseñas escritos por críticos ciegos, pero los pobladores de las matinés aún conservan en sus oídos los gritos del piberío alentando al muchachito en su acción caballeresca. Steele apareció en el cine por primera vez en 1920 y no pudieron con él hasta 1975. Quien quiera encontrarlo en películas más convencionalmente respetables puede buscarlo en Al borde del abismo (1946) de Howard Hawks, Entre rejas (1947) de Jules Dassin, Sin conciencia (1950) de Raoul Walsh y Río Lobo (1970) de Hawks (ver) para citar sólo algunas. Texto de Octavio Fabiano.

Hopalong Cassidy: El héroe del rancho (Partners of the Plains, EUA-1938) de Lesley Selander, c/William Boyd, Harvey Clarke, Russell Hayden, Gwen Gaze. 60’.
El personaje de Hopalong Cassidy, quizá el más popular de toda la historia del western, fue creado por el escritor Clarence Mulford y encarnado siempre por el actor William Boyd (1895-1972), un ex galán de cine mudo. Buena parte de la vigencia de su popularidad se debió a la TV, ya que las películas de Hopalong Cassidy (se hicieron más de 60 entre 1935 y 1948) fueron de las primeras en ser exhibidas con regularidad en la pantalla chica. Boyd, que había adquirido los derechos del personaje, continuó haciéndolo en TV, en radio y en vivo, hasta que la edad ya no se lo permitió. El héroe del rancho es uno de los primeros y mejores films de la serie.

Buck Jones: Las ruedas del destino (Dawn on the Great Divide, EUA-1942) de Howard Bretherton, c/Buck Jones, Raymond Hatton, Mona Barrie, Rex Bell. 63’.
Buck Jones (1891?-1942) fue uno de los cowboys más queridos del cine. Inició su carrera como extra y actor de reparto, hasta que llegó a protagonizar sus propias películas. En Las ruedas del destino Buck Jones debe proteger una caravana que transporta elementos para la construcción de una vía férrea, destinada a ser blanco de saboteadotes. Fue la mejor de sus últimas películas y se estrenó poco después de su muerte, como consecuencia de un incendio en Boston. Dice la leyenda que Jones logró salir del edificio en llamas pero regresó varias veces para rescatar a otros, hasta que finalmente quedó atrapado. Hay escépticos que no están de acuerdo con esta versión pero, en todo caso, siempre hay que publicar la leyenda.

Ray Corrigan: Comandos del Oeste (Cowboy Commandos, EUA-1943) de S. Roy Luby, c/Ray “Crash” Corrigan, Dennis Moore, Max Terhune, Evelyn Finley, John Merton. 55’.
Este film es una verdadera rareza. Los villanos quieren sabotear la producción de un mineral denominado “magnesita” y los Range Busters (Ray “Crash” Corrigan, Max Terhune, Dennis Moore) son llamados para investigar. Lo que descubren es sorprendente: los villanos son espías nazis, que se reúnen en un cuarto secreto ubicado atrás del saloon, lleno de svásticas y retratos de Hitler. En el film a nadie le preocupa el anacronismo, sin embargo, porque es evidente que durante la guerra todos tenían que hacer su parte. Incluso los héroes del western.

John Wayne: Su adorable enemiga (Tall in the Saddle, EUA-1944), de Edwin L. Marin, c/John Wayne, Ella Raines, Ward Bond, George “Gabby” Hayes, Paul Fox. 87’.
Tras el éxito de La diligencia en 1939 y por lo menos hasta Río rojo (1948), John Wayne (1907-1979) siguió protagonizando westerns de bajo presupuesto, aunque bastante más elaborados que los cientos que había hecho durante la década previa. Su adorable enemiga tiene varios puntos a favor: una dirección dinámica que mantiene la trama siempre en movimiento, un elenco sólido donde destacan Ward Bond y Paul Fix (también coautor del guión), y la presencia de Ella Raines, actriz de incomparable sensualidad que había sido descubierta por Howard Hawks.

Charles Starrett: El regreso de Durango Kid (Whirlwind Raiders, EUA-1948) de Vernon Keays, c/Charles Starrett, Fred F. Sears, Smiley Burnette, Philip Morris. 54’.
Charles Starrett (1904-1986) pasó de ser actor secundario a protagonista de westerns de clase B durante la década del 30, pero a partir de 1940 encontró un personaje que cambió su vida: el Durango Kid, justiciero enmascarado, especie de Zorro o Robin Hood del Oeste, que

protagonizó 62 películas hasta 1952. El Durango Kid se presenta como un bandido, aunque no lo es, porque enfrenta al mal cuando éste aparece legitimado por el poder y la autoridad. En este film, por ejemplo, combate a la policía corrupta de un pueblo.

Tim Holt: Justicia de Arizona (The Arizona Ranger, EUA-1948) de John Rawlins, c/Tim Holt, Jack Holt, Nan Leslie, Richard Martin, Steve Brodie, Paul Hurst. 63’.
Hijo de Jack Holt, estrella del cine mudo, Tim Holt (1918-1973) es un caso raro en el cine: tuvo muy elogiados protagónicos en obras maestras como Soberbia (1942) de Orson Welles y El tesoro de la Sierra Madre (1948) de John Huston, pero prefirió seguir haciendo westerns de clase B en lugar de establecerse como primera figura. Justicia de Arizona es un excelente film, en el que por única vez Tim Holt y su padre actuaron juntos. Conflictos generaciones separan al padre y al hijo a lo largo del film, y los villanos aprovechan esos desacuerdos, pero el final los encuentra unidos en la batalla decisiva. Curiosamente, este es el western que se ve en una de las escenas más importantes de Invasión (1969) de Hugo Santiago.

Randolph Scott: Los malos regresan (Return of the Bad Men, c/EUA-1948) de Ray Enright, c/Randolph Scott, Robert Ryan, Anne Jeffreys, George “Gabby” Hayes. 90’.
No sólo regresan sino que son muchísimos: los Dalton, los Younger, los Doolin, Billy the Kid y en particular el Sundance Kid, que Robert Ryan interpreta como un psicótico de temer. Como era su costumbre, Randolph Scott se erige contra todos ellos en este film, que Enright dirigió con ritmo frenético y una cierta densidad psicológica atípica en su obra como director. Es difícil trazar una línea que divida claramente las películas A y B en la extensa filmografía de Randolph Scott (1898-1987) pero por lo general, de una manera u otra, el hombre mantuvo su fama actuando y produciendo westerns de bajo presupuesto pero alta calidad.


3. Días de gloria
A partir de la década del 40, el western se superó a sí mismo, vivió su madurez expresiva, se renovó, se volvió revisionista. Esta zona del ciclo reúne varios clásicos imprescindibles y algunas obras menos conocidas que merecen volver a verse.

La diligencia (Stagecoach, EUA-1939) de John Wayne, c/John Wayne, Claire Trevor, Thomas Mitchell, John Carradine, Andy Devine, Louise Platt, George Bancroft, Elvira Ríos. 96’. Doblada al castellano.
Hoy es un clásico indiscutible pero en su momento, La diligencia fue una audacia. Durante toda la década del ’30 el western había sido un género confinado a la producción seriada de bajo presupuesto. Con esta adaptación libre de Bola de sebo de Maupassant, el realizador demostró: 1) que el western podía proporcionar el contexto adecuado para narrar cualquier historia; 2) que, aunque la acción fuera importante, las caracterizaciones verosímiles y los conflictos maduros lo eran aún más; 3) que el Monument Valley era una locación destinada a volverse esencial en la iconografía del género; 4) que John Wayne tenía lo necesario para ser una estrella esencialmente cinematográfica.

Comando negro (Dark Command, EUA-1940) de Raoul Walsh, c/John Wayne, Claire Trevor, George “Gabby” Hayes, Walter Pidgeon, Roy Rogers. 94’.
La acción es compleja e implica numerosos personajes. Una parte está basada en hechos reales: existió un oficial sureño llamado Quantrill (Cantrell en el film) quien, al amparo de su uniforme y su causa, se dedicó mayormente al saqueo y al asesinato. El contexto, el pueblo de Lawrence, Kansas, en las jornadas inmediatamente previas a la guerra de secesión, vivía tensiones similares a las que describe el film. Escrito por W. R. Burnett, especialista en policiales duros como Alma negra, fue realizado por Walsh en un estilo que se vuelve inesperadamente siniestro a medida que avanza la acción. Fue una de las producciones más ambiciosas de la empresa Republic, que normalmente hacía sólo films de bajo presupuesto.

Conciencias muertas (The Ox-Bow Incident, EUA-1943) de William Wellman, c/Henry Fonda, Dana Andrews, Anthony Quinn, Henry Morgan, Marc Lawrence. 75’.
Dos forasteros llegan a un pueblo que parece desolado. Llegan noticias de un crimen y los pocos hombres de la zona se organizan rápidamente para buscar y linchar a los culpables, algunos para saciar deseos de venganza, otros para demostrar su autoridad y otros porque, simplemente, no tienen nada mejor que hacer. Un film devastador, que en tema y puesta en
escena se adelantó varios años a su tiempo. Fue un proyecto personal de Wellman, quien aceptó un contrato leonino con la productora Fox a cambio de que le permitieran hacerlo.

Pasión de los fuertes (My Darling Clementine, EUA-1945) de John Ford, c/Henry Fonda, Linda Darnell, Victor Mature, Walter Brennan, Tim Holt, Ward Bond. 97’.
Homero Alsina Thevenet: “En lo sustancial, es la historia de una venganza, la de Henry Fonda y sus hermanos contra Water Brennan y sus hijos, culpables de un crimen y de un robo de ganado. Pero la clave del gran atractivo del film no está en la anécdota sino en la forma de contarla. Ford es innegablemente un poeta, en el sentido estricto en que eso supone un regustado dominio del lenguaje, una preferencia por provocar con él cierto tipo de emociones. Otros directores dedican toda su artesanía a hacer sentir lo que ellos mismos no sienten sinceramente, mientras John Ford se apoya justamente en una temática que siente como propia, le quita todo énfasis, todo efectismo, y la transmite a su espectador con la difícil naturalidad que sólo da la veteranía: aquí una pausa de meditación, allá una guitarra solitaria, más allá un hombre que se aleja tras haber cumplido su deber. En el conjunto, el film es la obra de un creador, el sello de un estilo”.

La abrasadora (Ramrod, EUA-1947) de Andre De Toth, c/Veronica Lake, Joel McCrea, Arleen Whelan, Don DeFore, Preston Foster, Donald Crisp. 94’. Doblada al castellano.
El tema es un clásico del género: el enfrentamiento entre granjeros y ganaderos. En medio de ambos bandos está Joel McCrea, un ex ganadero que no ha podido superar la temprana muerte de su esposa. McCrea trata de lograr un acuerdo pacífico entre ambos bandos, pero pronto lo superan las circunstancias y, sobre todo, Veronica Lake. Con un peinado característico, que le tapaba un ojo (quizá inspirado en su marido, el director Andre de Toth, que era tuerto), Lake definió un tipo particular de mujer fatal, muy adecuada al cine negro de los ’40, aunque también destacó en comedias. Este excelente western, muy poco visto en la actualidad, traslada al Oeste esa imagen amoral de sus personajes más característicos y la transforma en eje de la trama.

Su única salida (Pursued, EUA-1947) de Raoul Walsh, c/Robert Mitchum, Teresa Wright, Judith Anderson, Dean Jagger, Harry Carey, Jr. 101’.
La muerte persigue durante décadas al protagonista de este film, a causa de un pasado trágico que le han ocultado. Finalmente la verdad llega, pero sólo después de soportar varias tragedias, resistir en vano impulsos posiblemente incestuosos y padecer la furia vengadora de un hombre manco que parece vivir dedicado al odio. En tema y tono, esta obra maestra de Walsh está más cerca del policial negro que del western, sobre todo por la presencia de fuerzas tremendas que determinan el destino del protagonista por encima de cualquier decisión propia.

Río rojo (Red River, EUA-1948) de Howard Hawks, c/John Wayne, Montgomery Clift, Walter Brennan, Joanne Dru, John Ireland, Paul Fix. 133’. Doblada al castellano.
Un sintético prólogo establece cómo Wayne, Brennan y Clift se instalan en Texas y fundan un imperio ganadero. Varios años después, durante un gigantesco arreo de ganado desde Texas a Missouri, Clift y Brennan se ven obligados a rebelarse contra Wayne, quien jura venganza. Nadie puede dudar que el western es un género masculino por excelencia, ni que Hawks ha sido una de los realizadores norteamericanos que mejor retrató las amistades viriles (es célebre la curiosa escena en la que Montgomery Clift y John Ireland comparan sus respectivas pistolas). Pero suele pasarse por alto el hecho de que hay dos mujeres importantes en el film, una que importa por su ausencia y otra que con su presencia define el resultado de la confrontación final.

Tres hijos del Diablo (3 Godfathers, EUA-1949) de John Ford, c/John Wayne, Harry Carey, Jr., Pedro Armendáriz, Ward Bond, Mae Marsh, Jane Darwell. 105’.
Tres asaltantes acorralados por un sheriff se ven obligados a emprender una difícil travesía por el desierto, durante la que encuentran a una mujer abandonada a punto de dar a luz. Tras asistirla en el parto, los tres deciden salvar al niño, aún a costa de sus propias vidas. Es uno de los films más explícitamente emotivos del realizador, no sólo porque el tema le permite formular una alegoría religiosa (como en El delator), sino también porque fue pensado en homenaje a Harry Carey. Además de iniciarse con una dedicatoria explícita, el film es una remake de Marked Men (1919, de Ford con Carey), tiene en su banda sonora un tema titulado “Adiós, Cheyenne” y fue el premier papel importante de Harry Carey, Jr.


Fiebre de sangre (The Gunfighter, EUA-1950) de Henry King, c/Gregory Peck, Helen Westcott, Millard Mitchell, Jean Parker, Karl Malden. 84’.
Jimmy Ringo vive acosado por su propia fama de matador. A los riesgos normales que supone la vida en el Oeste, debe sumarle el drama de ser el blanco natural de cualquier aventurero que lo reconoce e insiste en batirse con él. Como otros westerns esenciales de la década -A la hora señalada, El tren de las 3:10 a Yuma (ver)- este es un film basado en la tensión de la espera. La mayor parte del tiempo Jimmy Ringo aguarda lo inevitable, mientras procura rescatar los trozos de una vida que ya no es la suya. Una obra maestra muy citada pero poco vista, que contiene el mejor trabajo de Gregory Peck.

Caravana de valientes (Wagon Master, EUA-1950) de John Ford, c/Ben Johnson, Joanne Dru, Harry Carey, Jr., Ward Bond, Alan Mowbray, Jane Darwell, James Arness. 86’. Doblada al castellano.
Los valientes del título son los integrantes de un grupo de familias mormonas en camino hacia una tierra mejor y propia, al otro lado de las montañas. Realizada sin estrellas y con un presupuesto de clase B, la película define un lirismo directo, ascético y despojado de todo melodrama. Un prólogo violento sintetiza rápidamente la terrible amenaza que suponen los villanos Clegg; un diálogo fundamental entre Ward Bond y Ben Johnson se desarrolla con toda calma, en voz baja y sin mirarse a los ojos, mientras ambos afilan sendos palitos de madera; la sencilla toma de un potrillo que se esfuerza por salir del río, reiterada al final, es una sutil metáfora de las esperanzas de los protagonistas. El film inspiró la exitosa serie de TV Caravana (Wagon Train, 1957-1965), cuyo primer protagonista fue precisamente Ward Bond.

La furia de los valientes (Two Flags West, EUA-1950) de Robert Wise, c/Joseph Cotten, Jeff Chandler, Cornel Wilde, Linda Darnell. 92’.
Durante la guerra civil norteamericana, un grupo de soldados sureños presos en el Norte aceptan sumarse a las diezmadas filas de la caballería enemiga en un fuerte de frontera acechado por los indios. A la doble tensión entre norteños vs. sureños y blancos vs. indios, el film agrega la conducta resentida de un oficial (Chandler) y el deseo que provoca una bella mujer (Darnell) en los tres protagonistas masculinos del film. El resultado es un western violento y descarnado, de relaciones complejas, que debería citarse habitualmente entre los más interesantes del período. Sin embargo, quedó condenado a la postergación, como muchos otros films norteamericanos que abordaron explícitamente el tema de la Guerra de Secesión y se atrevieron a recordar que las viejas heridas no estaban cerradas.

Río Grande (Ídem., EUA-1950) de John Ford, c/John Wayne, Maureen O’Hara, Ben Johnson, Harry Carey, Jr., Victor McLaglen, Chill Wills. 105’.
Dice la leyenda que Ford sólo hizo Río Grande para que el productor Herbert Yates le permitiera realizar El hombre quieto. Aunque así fuera, el film está muy lejos de parecer un compromiso comercial. En medio del enfrentamiento constante con los apaches, el comandante Kirby Yorke (Wayne) debe lidiar además con su hijo, que quiere ser soldado, y con su mujer, que quiere impedirlo. Junto con Sangre de héroes (Fort Apache, 1948) y La legión invencible (She Wore a Yellow Ribbon, 1949), Río Grande completa una legendaria trilogía de westerns dedicados a la caballería.

Dos contra el destino (Rawhide, EUA-1951) de Henry Hathaway, c/Tyrone Power, Susan Hayward, Hugh Marlowe, Jack Elam, Dean Jagger. 86’.
Un grupo de bandidos toma una posada y reduce a sus empleados, con la intención de asaltar la diligencia que debe pasar por allí al día siguiente. Hathaway elabora un suspenso casi insoportable con esta historia claustrofóbica, a partir de la descripción de las tensiones que se producen no sólo entre captores y capturados, sino también entre los mismos bandidos. El film contiene una de las escenas más violentas del western clásico, cuando el más sádico de los asesino toma por blanco de tiro a un niño que gatea.

El refugio (Rancho Notorious, EUA-1952) de Fritz Lang, c/Marlene Dietrich, Arthur Kennedy, Mel Ferrer, Lloyd Gough, Gloria Henry. 89’. Doblada al castellano.
Un joven encuentra a su novia violada y muerta, tras lo cual dedica su vida a encontrar al criminal. Su rastro lo lleva hasta el rancho de Altar Keane (Dietrich), un refugio para toda clase de delincuentes en el que no se hacen preguntas. Fue uno de los primeros westerns en utilizar una balada para hilvanar la acción a lo largo de todo el relato. Y, como otros westerns del período (Río rojo, Warlock) tiene un curioso subtexto homosexual.

A la hora señalada (High Noon, EUA-1952) de Fred Zinnemann, c/Gary Cooper, Grace Kelly, Lloyd Bridges, Thomas Mitchell, Katy Jurado, Lon Chaney, Jr. 85’.
La muerte es un tren que se acerca en este clásico western de suspenso que permitió a Gary Cooper ganar un Oscar como el sheriff Will Kane, un hombre solo en un pueblo de cobardes enfrentado a un grupo de asesinos que vienen por él. Bajo la superficie de su anécdota circulaba una amarga alegoría sobre la caza de brujas que se había desatado en todo Estados Unidos desde algún tiempo antes. De hecho, su guionista y coproductor, Carl Foreman, fue una de sus víctimas y debió marchar al exilio. Según Howard Hawks, este film inspiró la idea para Río Bravo (ver), en el que el sheriff no sólo no sale a pedir ayuda para combatir a los villanos sino que además se niega a recibirla.

La redada (The Raid, EUA-1954) de Hugo Fregonese, c/Van Heflin, Ann Bancroft, Lee Marvin, Peter Graves, Claude Akins, Richard Boone. 83’. Doblada al castellano.
Tras escapar de una prisión norteña durante la guerra de secesión, un pelotón sureño planea la toma y el saqueo de un pueblo del Norte, operación de alto riesgo cuyo éxito depende de una planificación minuciosa. El argentino Hugo Fregonese se encontró a sus anchas desarrollando su tema favorito -y autobiográfico-: la fuga de un contexto opresivo y la posterior adaptación a un nuevo mundo que resulta desconocido. La única copia que existe en Argentina se encuentra doblada y en blanco y negro, pero se trata de un film tan bueno que lo soporta todo y que, por otra parte, no se encuentra disponible en el exterior en ningún formato. Un guiño del director para sus compatriotas: el día previsto por los sureños para tomar el pueblo es el 17 de octubre.

La última carreta (The Last Wagon, EUA-1956) de Delmer Daves, c/Richard Widmark, Felicia Farr, Susan Kohner, Tommy Rettig, Nick Adams. 99’.
Comienza a toda velocidad, con un hombre perseguido por un grupo de pistoleros, sigue con un ataque apache y termina con un extenso periplo por territorio indio en busca de la salvación. Widmark proporciona una irresistible convicción a su personaje, que, aunque es blanco, ha sido testigo de los horrores del racismo y ahora busca vengarse. Una espléndida fotografía en color y Cinemascope potencia el relato con el uso virtuoso de los exteriores.

Más corazón que odio (The Searchers, EUA-1956) de John Ford, c/John Wayne, Jeffrey Hunter, Vera Miles, Harry Carey, Jr., Olive Carey, John Qualen, Ward Bond, Antonio Moreno. 119’.
“¿Qué hace vagar a un hombre? / ¿Qué lo hace rodar?” Ethan Edwards (Wayne) y Martin Pawley (Hunter) son los “searchers” a los que se refiere el título original. Ambos dedican varios años de sus vidas a la búsqueda de Debbie, una niña tomada cautiva por los comanches tras la masacre de su familia. El tono oscila entre la poesía mítica de Pasión de los fuertes y el pragmatismo sombrío que inundaría los films de la última etapa del realizador. El personaje de Ethan Edwards, torturado por un pasado oscuro que Ford insinúa pero nunca revela, permitió a John Wayne realizar el mejor trabajo de su carrera.

Los violentos (Three Violent People, EUA-1956) de Rudolph Maté, c/Charlton Heston, Ann Baxter, Gilbert Roland, Tom Tryon, Forrest Tucker, Bruce Bennett. 92’.
Heston se casa con Baxter y se la lleva a vivir a su rancho en Texas sin conocer su pasado, que es bastante turbio. A esa revelación se suma la aparición de un hermano manco (Tryon) que reclama la parte del rancho que le corresponde, y las maniobras de un sheriff inescrupuloso y sus cómplices para quedarse con la propiedad. Antes de pasar a la realización, Maté fue director de fotografía de, por ejemplo, La pasión de Juana de Arco (1928) de Carl T. Dreyer.

El tren de las 3:10 a Yuma (3:10 to Yuma, EUA-1957) de Delmer Daves, c/Van Heflin, Glenn Ford, Felicia Farr, Leora Dana, Richard Jaeckel. 92’.
Acosado por las deudas, el ranchero Van Heflin acepta hacerse cargo de Glenn Ford, un peligroso delincuente, a quien debe llevar a prisión en el tren del título. El problema es que los cómplices de Ford no están dispuestos a abandonar a su jefe. Una obra maestra de suspenso, con varios puntos de contacto con A la hora señalada (ver). Glenn Ford logró una de las mejores caracterizaciones de su carrera. La escena en que seduce a una muchacha en un bar, importante para establecer el hastío que domina la vida en el pueblo y establecer un motivo recurrente de presión sobre el personaje de Van Heflin, resulta sorprendentemente adulta y revela que en 1957 las restricciones del código de censura podían desestimarse.

El vuelo de la flecha (The Run of the Arrow, EUA-1957) de Sam Fuller, c/Rod Steiger, Sarita Montiel (doblada por Angie Dickinson), Brian Keith, Jay C. Flippen, Charles Bronson, Ralph Meeker, Olive Carey, Tim McCoy. 86’.
Un sureño se niega a aceptar la derrota en la guerra civil, abandona todo, encuentra un hogar entre los sioux y luego debe colaborar para lograr una difícil paz entre el ejército yanqui y la nación india. Es uno de los primeros films que meten el dedo en la herida abierta de un país dividido, atendiendo las razones de ambos bandos. También se cuenta entre los primeros que trataron al indio en pie de igualdad política e intelectual con el blanco. Y es también un film en el que todas las normas parecen estar para que alguien las vulnere. El film mismo, a su vez, desconoce las convenciones genéricas, políticas y narrativas.

Río Bravo (Ídem., 1959) de Howard Hawks, c/John Wayne, Dean Martin, Ricky Nelson, Angie Dickinson, Walter Brennan, Ward Bond, Claude Akins, Bob Steele. 141’.
Un sheriff, un borracho, un chico y un viejo rengo se atrincheran en la comisaría del pueblo para evitar que un grupo de malhechores libere a un criminal. La trama es una tenue excusa para describir con todo detalle los distintos lazos afectivos que se establecen entre esos personajes: el sheriff cuida a su amigo borracho como si fuera su hermano mayor; el viejo rengo se ocupa de ambos y a la vez exige atención como si fuera un abuelo; el chico ha visto a su jefe morir asesinado por los villanos y no necesita mucho más para incorporarse voluntariamente a esta improvisada familia. Mientras en la taberna los villanos interpretan melodías ominosas, en la comisaría los cuatro héroes cantan country & western, con alegría y tranquilidad. Todos son profesionales que harán lo que deba hacerse y, ante esa realidad, el criminal preso y las melodías ominosas tienen poca importancia. Lo único que importa, lo único verdadero, es la amistad que los vuelve fuertes. Después, si hay tiempo, también el amor. John Ford inventó el western clásico, pero Hawks lo llevó a la modernidad.

Los comancheros (The Comancheros, EUA-1961) de Michael Curtiz, c/John Wayne, Ina Balin, Led Marvin, Stuart Whitman, Nehemiah Persoff. 107’.
Un ranger de Texas sigue la pista de un grupo de delincuentes que venden armas a los comanches. Se trata de un vehículo para John Wayne en el apogeo de su estrellato, como lo delata la misma presentación de su personaje, diseñada para que el público aplauda. El relato es un poco fragmentario pero el film carece de pretensiones y avanza con la velocidad necesaria para que resulte muy disfrutable. Fue el primero que hicieron justos Wayne y Lee Marvin, a los que John Ford reunió después en dos ocasiones memorables (Un tiro en la noche, Aventureros del Pacífico). Entre otras figuras del viejo western de clase B, aparecen brevemente Bob Steele, Guinn “Big Boy” Williams y Cliff Lyons.

Los profesionales (The Professionals, EUA-1966) de Richard Brooks, c/Lee Marvin, Burt Lancaster, Robert Ryan, Woody Strode, Jack Palance, Claudia Cardinale. 117’.
Un magnate contrata a cuatro expertos para rescatar a su esposa, que ha sido secuestrada por un líder revolucionario mexicano. Brooks dio nuevo aliento al western clásico con este film que, bajo una superficie de acción y aventuras, actualizó los preceptos hawksianos por excelencia: la trama está definida por la ética profesional, las amistades viriles y una serie de ideales que el mundo considera obsoletos. Una frase que dice el personaje de Burt Lancaster es determinante: “Quizá haya sólo una revolución: los buenos contra los malos. La cuestión es: ¿quiénes son los buenos?” Una obra maestra.

La pandilla salvaje (The Wild Bunch, EUA-1969) de Sam Peckinpah, c/William Holden, Ernest Borgnine, Robert Ryan, Warren Oates, Ben Johnson, Emilio Fernández. 142’.
La metáfora inicial de los escorpiones devorados por las hormigas resume adecuadamente el desarrollo de este film clásico, uno de los más influyentes del género, que llevó a niveles desconocidos el tratamiento cinematográfico de la violencia. Pero a pesar de los verdaderos baños de sangre que tienen lugar el film, no hay que olvidar que esta es una historia de amistad y compañerismo.

Río Lobo (Ídem., EUA-1970) de Howard Hawks, c/John Wayne, Jorge Rivero, Jennifer O’Neill, Chris Mitchum, Mike Henry, Sherry Lansing, Bill Williams. 114’.
Terminada la guerra civil, un ex oficial se lanza a la búsqueda de dos traidores que han vendido información al enemigo. Los encuentra en el pueblo de Rio Lobo, donde se han apropiado de la autoridad local para aterrorizar a los campesinos y despojarlos de sus tierras. Hay ecos de Río Bravo en este film, aunque también se pueden rastrear referencias explícitas a

varias otras películas previas del realizador. No es casual, porque resultó ser su despedida del cine. Hace muchos años que este film no se ve en fílmico en Argentina.

La balada de Cable Hogue (The Ballad of Cable Hogue, EUA, 1970) de Sam Peckinpah, c/Jason Robards, Stella Stevens, David Warner, Strother Martin, Slim Pickens, L. Q. Jones. 121’.
Se filmó antes del estreno de La pandilla salvaje y se estrenó con poca publicidad, en parte porque su rodaje había sido conflictivo y en parte porque la empresa productora no supo cómo promocionar este film, que en relación con el anterior suponía un violento cambio de registro. La balada de Cable Hogue, sostenida por dos actuaciones virtuosas de Jasón Robards y Stella Stevens, es básicamente una comedia, aunque la ambientación y el contexto remita de manera clara a La pandilla salvaje. Incluso hay dos personajes, interpretados por Strother Martín y L. Q. Jones, que fueron importados literalmente de ese film. El resultado es muy disfrutable aunque imposible de definir. Peckinpah lo consideraba su film más personal.

Joe Kidd (Ídem., EUA-1973) de John Sturges, c/Clint Eastwood, Robert Duvall, John Saxon, Don Stroud, Stella Garcia. 88’.
Un líder indígena y sus seguidores son perseguidos por un grupo de mercenarios que pretenden quedarse con sus tierras. Eastwood, que hace un personaje similar al de sus westerns con Sergio Leone, se encuentra en el medio de la lucha entre ambos bandos, y decide que lo mejor es no comprometerse con ninguno. El guión, políticamente incorrecto, es del novelista Elmore Leonard.


Dos westerns contemporáneos
Los dos son obras mayores que tratan sobre cowboys del siglo XX. En ambos el mundo del rodeo es importante y comparten una escena muy similar: la mujer que no puede soportar ver al hombre arriesgar su vida en la competencia. Ambos fueron realizados por dos de los directores más personales que dio Hollywood y ambos están impregnados de una misma y trágica melancolía.

La mujer codiciada (The Lusty Men, EUA-1952) de Nicholas Ray, c/Robert Mitchum, Arthur Kennedy, Susan Hayward, Arthur Hunnicutt, Frank Faylen. 113’.
Una ex estrella del rodeo apadrina a un joven promisorio y lo entrena para que compita. Es evidente que a través del joven, el cowboy busca, en parte, volver a ser aquél que fue. Sin embargo, como muchas veces dijo Ray, “No podemos volver a casa”. Legendario film cuya calidad poética, rara en el cine hollywoodense del período, se explica en parte por la libertad creativa de la que gozó el realizador en la productora RKO durante el anárquico mandato de su propietario Howard Hughes. Fue la película que Ray y Wim Wenders eligieron como mejor ejemplo de la obra del primero en el film Nick’s Movie.

Los inadaptados (The Misfits, EUA-1961), de John Huston, c/Clark Gable, Marilyn Monroe, Montgomery Clift, Thelma Ritter, Eli Wallach. 124’.
La base del libreto original del dramaturgo Arthur Miller, el primero que escribió en su carrera, se encuentra en un cuento suyo: un grupo de cowboys contemporáneos se lanzaban a capturar caballos salvajes para vendérselos a un fabricante de comida para perros, pero al final se identificaban con los animales y los dejaban en libertad. Miller expandió esa idea a un guión completo y creo un personaje para Marilyn Monroe, que entonces era su esposa. John Huston aceptó la dirección de inmediato al reconocer en los personajes del film elementos comunes con su propia obra. Su poesía crepuscular y una magistral puesta en escena transforman el resultado en un film que es a un tiempo bello y crudo, trágico y esperanzado. Fue el último de Monroe y de Clark Gable, quienes lograron, con ventaja, las mejores interpretaciones de sus respectivas carreras.


4. La clase B cabalga de nuevo
Desde fines de la década del 40 y con la aparición de la TV, el cine de bajo presupuesto adquirió nuevos sentidos. Las unidades de clase B de los estudios –y muchos de sus especialistas en westerns- comenzaron a producir para la TV y pronto las series de 25 y 50 minutos reemplazaron a las películas de complemento. Al mismo tiempo, el cine de bajo presupuesto siguió siendo el terreno ideal para que directores personales, como Sam Fuller,

Don Siegel, Budd Boetticher o Joseph H. Lewis desarrollaran un estilo propio con una considerable independencia creativa. Además, en los años de la guerra fría, este cine fue el refugio natural de muchos artistas y técnicos proscriptos por las listas negras. Algunos ejemplos de esta evolución.

Yo maté a Jesse James (I Shot Jesse James, EUA-1948) de Sam Fuller, c/Preston Foster, Barbara Britton, John Ireland, Reed Hadley, Tom Tyler. 81’.
Fue la ópera prima de Fuller. Su protagonista es Bob Ford, el asesino de Jesse James, y las escenas de mayor carga emotiva tienen que ver con su culpa: la tensión previa al crimen, la recreación (históricamente cierta) del asesinato en un teatro, la canción popular que habla del “sucio cobarde” y que un trovador entona entusiasmado sin saber que está en su presencia. En la concepción y puesta en escena de esas situaciones, en la caracterización de sus personajes y un desarrollo argumental impredecible, Fuller establece de manera definitiva los rasgos de su inconfundible estilo.

El llanero solitario (The Lone Ranger, EUA-1949 / 1957) Dos episodios: 1. El hombre de dos caras (The Man with Two Faces, 1950) de George Archainbaud, c/Stanley Andrews, Steven Clarke, Earle Hodgins. 2. El camino desviado (The Twisted Track, 1956) de Earl Bellamy, c/Greg Barton, Robert Burton, William Henry. Duración total: 50’.
El western tuvo varios enmascarados, pero el más popular fue El Llanero Solitario, personaje que inmortalizó en la TV el actor Clayton Moore, aunque otros lo habían interpretado antes en el cine. La serie se realizó entre 1949 y 1957, pero se exhibe ininterrumpidamente desde entonces, en todo el mundo. Se verán dos capítulos, uno de los comienzos de la serie, en blanco y negro, y otro de la anteúltima temporada, ya en colores.

La soga siniestra (Riding Shotgun, EUA-1954) de Andre de Toth, c/Randolph Scott, Wayne Morris, Joan Weldon, Joe Sawyer, Charles Bronson, Fritz Feld. 73’. Doblada al castellano.
Todo un pueblo quiere colgar a Randolph Scott, por un crimen que no cometió, en este tenso film, con ecos de Conciencias muertas (ver). Mientras Scott lucha por su vida contra las fuerzas vivas de la comunidad, los verdaderos criminales planean un asalto que él no puede evitar porque nadie le cree. Se trata del papel más angustiante y paranoico que el actor debió interpretar en su extensa carrera. La copia que se verá es en blanco y negro, pero el film no se consigue en ningún otro formato ni está editado en video en el exterior.

El tejano (The Tall Texan, EUA-1953) de Elmo Williams, c/Lloyd Bridges, Lee J. Cobb, Marie Windsor, Luther Adler, Syd Taylor. 84’.
Un grupo de personajes de diversa extracción se encuentra ante la posibilidad de encontrar oro en el desierto, lo que provoca distintas tensiones entre ellos que sólo se resolverán a través de la violencia. Tras ganar un Oscar por su trabajo en A la hora señalada (ver), el montajista Elmo Williams debutó en la dirección con este film de bajo presupuesto, producido de manera independiente para proporcionar trabajo a varios perseguidos por el macartismo, como los actores Bridges, Adler y Cobb, todos los cuales se hallaban proscriptos en el momento del rodaje.

Odio contra odio (The Halliday Brand, EUA-1957) de Joseph H. Lewis, c/Joseph Cotten, Viveca Lindfors, Betsy Blair, Ward Bond, Bill Williams, Jay C. Flippen, Jeanette Nolan. 79’. Doblada al castellano.
La hija de un poderoso ranchero se enamora de un muchacho de sangre india, lo que provoca una tragedia de proporciones shakespeareanas sobre todos los implicados, que nadie podrá evitar. Se trata de una obra maestra desconocida del realizador Lewis (Vivir para matar, Gángsters en fuga), uno de los más creativos y personales que dio el cine de bajo presupuesto.

Ganó perdiendo (The Tall T, EUA-1957) de Budd Boetticher, c/Randolph Scott, Maureen O’Sullivan, Richard Boone, Henry Silva, Arthur Hunnicutt. 78’.
Tres delincuentes liderados por Boone capturan la diligencia en la que viaja Scott y una pareja de recién casados. Boone espera obtener un rescate por la mujer y mientras espera que su familia entregue el dinero, libra una batalla de nervios con Scott, que no se resignará a ser cautivo. Fue uno de los siete notables largometrajes que Scott protagonizó y produjo (o coprodujo) bajo la dirección de Budd Boetticher.


El vengador de su padre (Terror in a Texas Town, EUA-1958) de Joseph H. Lewis, c/Sterling Hayden, Sebastián Cabot, Carol Kelly, Eugene Martín. 80’. Doblada al castellano.
El film fue escrito por el novelista y guionista Dalton Trumbo, quien estaba en la lista negra del macartismo y debió utilizar a Ben Perry como testaferro. También proscripto estaba el actor Nedrick Young, quien contribuyó al libreto sin recibir crédito. El film tuvo una producción austera y una distribución errática, por lo que nunca llegó a estrenarse en Buenos Aires (aunque se dio por TV). La falta de presupuesto hizo que Lewis optara por sacar partido formal de la austeridad y planteara casi todas las conversaciones en planos-secuencia, con movimientos de cámara breves y cuidadosamente calculados. Esa elección destaca, por contraste, los estallidos de violencia y carga de tensión el desenlace, que es fulminante y catártico.

El caballo de hierro: El gran demonio (The Iron Horse: High Devil, EUA-1966) de Sam Fuller, c/Dale Robertson, Gary Collins, Robert Random, Hardie Albright. 50’. Doblada al castellano.
Mientras los grandes estudios entraban en crisis y el modo de producción tradicional de Hollywood se extinguía, la TV fue una importante fuente de trabajo para muchos realizadores formados en el viejo sistema, como era el caso de Fuller. De los varios episodios para distintas series que hizo durante los ’60, éste es uno de los pocos que merecen revisarse, porque fue escrito por él y su característico estilo, de alto impacto emotivo, es evidente a lo largo de todo el metraje. Una verdadera rareza, que no se ve públicamente desde hace cuarenta años.


5. Algunas digresiones
A lo largo de su extensa historia, el western ha tenido derivaciones imprevisibles, a veces felices, otras veces no.

El imperio fantasma (The Phantom Empire, EUA-1935) de Otto Brower y B. Reeves Eason, c/Gene Autry, Frankie Darro, Betsy King Ross, Dorothy Christy. Serial en episodios. Se exhibirá un fragmento de 20’.
Comienza con la apariencia de ser un típico western de cowboy cantante (Gene Autry, en este caso), pero pronto se descubre que bajo el rancho de Autry, varios kilómetros bajo tierra, se encuentra la civilización perdida de Murania. Las consecuencias de esta insólita mixtura deben verse para creerse.

Jesse James contra la hija de Frankenstein (Jesse James Meets Frankenstein’s Daughter, EUA-1966) de William Beaudine, c/John Lupton, Narda Onyx, Estelita Rodriguez, Cal Bolder, Jim Davis. 83’.
El título lo dice prácticamente todo. La primera parte es un western hecho y derecho, que incluye un tiroteo, un asalto frustrado, un compañero herido. El problema es que para curarlo, Jesse James no tiene mejor idea que ir a ver a Maria Frankenstein, señorita que tiene en su agenda confusos planes tomados de varias películas de terror: la creación de zombies, el trasplante de órganos, la resurrección de los muertos, etc. No está de más aclarar que Maria no es hija sino nieta de Frankenstein, lo que contradice el título mismo del film.

Pampa salvaje / Savage Pampas (Argentina / España / EUA, 1966) de Hugo Fregonese, c/Robert Taylor, Ron Randell, Marc Lawrence, Ty Hardin. 112’.
Tras escapar de Hollywood por motivos nunca aclarados, Fregonese recaló en Europa e hizo toda clase de cosas, algunas a la altura de su talento y otras no. Pampa salvaje debe contarse entre las primeras, pese a su ambientación evidentemente española, a sus indios andaluces y a Robert Taylor. Se trata de una remake en colores y Cinemascope de Pampa salvaje, que Fregonese había codirigido con Lucas Demare en 1945. El doblaje del film, hecho en Argentina bajo la supervisión del director René Mugica, termina de conferirle un aire verdaderamente extraño al resultado.

Belle Starr (Il mio corpo per un poker, Italia-1968) de George Brown (seudónimo de Lina Wertmuller) c/Elsa Martinelli, Robert Woods, George Eastman. 103’.
Antes de realizar obras mayores del cine italiano como Mimí metalúrgico, Amor y anarquía e Insólito destino, la directora Lina Wertmuller hizo este curioso western feminista sobre la
figura histórica de Belle Starr, con la bella Elsa Martinelli en el papel protagónico. El film es notoriamente violento, como la mayor parte de los spaghetti-westerns, y puede verse como

una contrapartida europea de Bonnie & Clyde. Aquí el galán de Belle, que gana sus favores al poker, es George Eastman, actor de numerosos westerns europeos que no impondría el mismo respeto si hubiera usado su verdadero nombre, Luigi Montefiori.

Abre tu fosa amigo, llega Sabata... (España /Italia, 1971) de John Wood (seudónimo de Juan Bosch), c/Richard Harrison, Fernando Sancho, Raf Baldasarre. 88’.
Cronológicamente, este sería el segundo de los tres eurowesterns protagonizados por Sábata, el pistolero que andaba con una ametralladora escondida en un ataúd. Describe el intento de venganza de un hombre, que contrata a Sábata para encontrar y matar a los asesinos de su padre. Fue coescrito y producido por el prolífico director catalán Ignacio F. Iquino.

Tierra brava (Pagó cara su muerte / ...E intorno a lui fu morte, España / Italia-1969) de León Klimovsky, c/William Bogart, Wayde Preston, Agnès Spaak, Sydney Chaplin. 103’.
El argentino León Klimovsky, que fundó los primeros cineclubes de Buenos Aires y participó de la creación de Cinemateca Argentina, fue también autor de films inusuales, como El túnel, sobre novela de Ernesto Sábato, o El jugador, sobre Dostoievsky. Cuando se trasladó a Europa, sus pretensiones autorales desaparecieron y se dedicó a realizar obras tan diversas como SOS Abuelita (1958), Django, cacciatore di taglia (1966), Dr. Jekyll y el hombre lobo (1972) o La orgía nocturna de los vampiros (1973). En esa filmografía, el western Tierra brava se destaca por su violencia, una correcta realización y algunas decisiones narrativas sorprendentes.

Greaser's Palace (EUA, 1972) de Robert Downey, c/Allan Arbus, Luana Anders, Albert Henderson, George Morgan. 91’.
Esta es una versión delirante de la vida de Jesús, ambientada en el Lejano Oeste y realizada en un estilo surrealista que se encuentra en algún punto medio entre Simón del desierto de Luis Buñuel y El Topo de Jodorowsky. Un día llega Jesse desde los cielos, realiza algunos milagros y dice que quiere triunfar como cantante y bailarín. Mientras Jesse atraviesa diferentes situaciones hasta alcanzar la crucifixión, una mujer es víctima de sanguinarios ataques que parecen no tener fin, una bella muchacha india se pasea en topless, el Espíritu Santo se queja de la poca importancia de su rol histórico y el enano de La isla de la fantasía vive en pareja con un travesti barbudo. Downey suma un disparate tras otro, con una libertad que muy pocos cineastas se permitieron en toda la historia del cine norteamericano. El suyo es un film irreverente, sacrílego, políticamente incorrecto y lleno de sangre. Pero al mismo tiempo tiene un estilo riguroso que proporciona al resultado una curiosa sobriedad que potencia su imprevisible sentido del humor.

El macho (Macho Killers, Italia-1977) de Mark Andrew (seudónimo de Marcello Andrei), c/Carlos Monzón, George Hilton, Susana Giménez, Malisa Longo. 95’.
En 1977, cuando terminaba el apogeo de los westerns europeo