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Prensa

malba.cine / Comunicado de prensa
25 de noviembre de 2005

PROGRAMACIÓN DICIEMBRE 2005

1. Ciclo
Generaciones
Durante todo el mes

2. Ciclo
Cine maldito
Durante todo el mes

3. Estreno - Film del mes XVIII
Meykinof, de Carmen Guarini (Argentina, 2005)
Sábados 3, 10 y 17 a las 20:00 y domingos 4, 11 y 18 a las 22:00
Jueves 22 y 29 a las 20:00 y viernes 23 y 30 a las 22:00

4. Continúa – Film del mes XVII
Vida en Falcon, de Jorge Gaggero (Argentina, 2004)
Sábados 3, 10, 17 a las 22:00 y domingos 4 y 18 a las 18:30

5. malba.moda
Au-delà du vêtement – 18 moments de mode en vidéo
Durante todo el mes, de jueves a domingos a las 18:00 en el marco del ciclo malba.moda – Moda en progresión. Entrada libre y gratuita.

6. Función especial
El valle de las abejas, de Frantisek Vlácil (Checoslovaquia, 1967)
Viernes 2 a las 20:00

7. Exhibición especial
Festival ArgenKino
Sábado 17 a las 19:00

8. Cine porno mudo + música en vivo
Viernes 23 a las 24:00

9. Programación día por día

1. Ciclo
Generaciones
Durante todo el mes

Desde un principio, malba.cine se pensó como un espacio de privilegio para el cine independiente argentino, ya sea en sus ciclos regulares (como Generaciones 90/60 o la retrospectiva de Martín Rejtman) o a través del estreno de obras independientes. Por tercer año consecutivo, a través de la sección Film del mes, malba.cine estrenó seis nuevas películas que merecían un espacio distinto al de la exhibición tradicional.
Este año dedicaremos el mes de diciembre no sólo a la revisión de los seis estrenos de Malba, sino de manera más general al nuevo cine argentino. Durante el transcurso de 2005 se han estrenado y realizado films que consolidan el panorama dinámico, impredecible y diverso que el nuevo cine demuestra desde hace ya varios años. Pero lamentablemente también sigue ocurriendo que muchas obras valiosas no alcanzan, en el circuito de exhibición tradicional, la difusión que merecen. Por eso consideramos pertinente revisar algunos de esos films, con la esperanza de ofrecer al público una nueva oportunidad de encontrarse con ellos.
Nueve largometrajes en preestreno y dos muestras integrales, una dedicada a la realizadora Albertina Carri y otra a las películas de “La Resistencia” (realizadas por el colectivo El Pampero Cine, encabezado por Mariano Llinás) completan la programación.

Fernando Martín Peña


Balance Film del mes

Oscar (2004) de Sergio Morkin. Largometraje documental. 61’.
Oscar maneja un taxi 12 horas diarias para ganarse la vida. Constantemente es atravesado por el bombardeo publicitario de las calles de Buenos Aires. En el baúl del Peugeot 504 lleva botellas con engrudo, pintura y recortes de afiches. Cuando la banderita del taxi está “libre”, detiene el auto, consigue prestada una escalera e interviene el afiche publicitario elegido utilizando técnicas de collage y pintura.
La película gira en torno a un emergente artístico que nace de la crítica situación socioeconómica de la Argentina. Oscar es un hombre que lucha por defender su libertad, que resiste y reacciona de un modo creativo. Un artista para quien el arte debe ser “actividad”. La situación económica del país empeora a lo largo del film y esto se refleja en la realidad del protagonista, tanto en lo personal como en lo artístico. Sumergido en este caos nacional, su obra se vuelva aun más combativa.


Cielo azul, cielo negro (2003) de Paula de Luque y Sabrina Farji, c/ Boy Olmi, Inés Rampoldi, Andrea Carballo, Zoe Trilnik, Luis Ziembrowski. 84’.
“Bella sorpresa, dentro de la sección Cineastas del Presente, indudablemente la más interesante del Festival por su sentido experimental y de vanguardia, la argentina Cielo azul, cielo negro se vale de la danza contemporánea para construir una gramática creativa y un lenguaje nuevo donde cabe lo surreal y lo inesperado, narrado con un montaje de una libertad asombrosa. La riqueza expresiva de la danza, la marcada gestualidad, se convierten en cifra estilística de la dimensión interior, donde lo onírico y lo real se funden creando una atmósfera lírica sobre el fondo de una Buenos Aires alucinada”. (Christophe Martella, Festival de Locarno)

Modelo 73 (2000) de Rodrigo Moscoso, c/ Emmanuel Moscoso, Sebastián Colina, Jimena González, Fernando Belton, Carolina Terpolili, Andrea Rodríguez. 75’.
“Casi como si fuese un aviso de la clase de película que no es, el Chevy inmóvil que funciona como cuarto protagonista fuera de cuadro de Modelo ’73 enmarca el relato de un verano salteño que, a partir de las módicas desventuras de un trío de amigos, recorre Rodrigo Moscoso durante los poco más de setenta minutos de su querible opera prima, a la que su realizador calificó en su momento como “una comedia liviana”. Descubierta un lustro atrás en el Festival de Cine Independiente porteño, Modelo ’73 es una película que se enmarca en una tradición independiente que excede el marco del cine joven argentino, y se mira tanto en los



trabajos de Eric Rohmer como en ese cine generacional posible luego del de Jim Jarmusch y Hal Hartley, y que supo agotarse en una película como Clerks. Como un Rapado –aquella película fundacional del cine indie local firmada por Martín Rejtman– ambientado en Salta, la película de Moscoso es un heroico intento de cine urbano del interior, el trabajo de un debutante que ya es historia, que llega a su estreno local cuando aquella forma de hacer cine (y ese país que permitió hacerlo) parece demasiado lejana. Pero, lejos de resultar anacrónica o desfasada, Modelo 73 sigue siendo un objeto cinematográfico impecable. (Martín Pérez en Página/12, 6 de agosto de 2005)

Como pasan las horas (2004) de Inés de Oliveira Cézar, c/ Susana Campos, Roxana Berco, Guillermo Arengo, Agustín Alcoba. 85’.
“En esta segunda película de Inés de Oliveira Cézar, una mujer duda de que el amor por su pareja sea indemne al paso del tiempo, al menos duda de que sienta lo mismo por su pequeño hijo, y en tanto tiene un último encuentro con su madre enferma. Como si la intensidad o calma de los protagonistas estuviera pautada por el mar, el fuego, el viento y la tierra, como si la temperatura monocorde del tono de sus actores estuviera en total empatía con los encuadres escorzados fruto del uso de lentes anamórficos -y no es la única referencia al Alexander Sokurov de Madre e hijo-, alternando las dos subtramas entre una casa en el bosque y otra frente al mar, Inés de Oliveira César consigue una película afinada, en el sentido musical de la expresión. Aquellos que buscan grandes relatos y personajes que vociferan sus reflexiones y sus afán por hallar el sentido de la vida, mejor que se abstengan. Ir en busca de la belleza, conciente de que se encuentra sin buscarla, ésa es la premisa de esta promisoria directora. Este es un film que se pregunta por el misterio pero que no procura resolverlo.” Sergio Wolf

Vida en Falcon (2004) de Jorge Gaggero. Largometraje documental. 68’.
“El título de este excelente trabajo documental es sencilla y crudamente literal. Aquí nomás, en torno a los barrios de Núñez o Belgrano en la cosmopolita ciudad de Buenos Aires, Gaggero frecuenta a dos personajes, Eduardo y Luis, en su cotidiano sobrevivir a bordo de sus viejos y corroídos –pero a su modo, cuidados- Ford Falcon, que yacen estacionados en algún rincón disponible. ¿Un nuevo tipo de vivienda popular producto de la crisis? Sin discursos ni entrevistas grandilocuentes, la opción consiste en una cámara que se presenta allí día a día para observar y escuchar de cerca de estos hombres, hasta hacer emerger las verdades que el documental siempre acecha. Historias de vida con seres humanos que, con toda dignidad, sobreviven en el rebusque. Historias en las que confluyen los pequeños y grandes temas de la realidad social argentina: desde los modos de la economía de subsistencia, el deterioro, la vecindad y la solidaridad entre iguales, hasta la profunda crisis que condujo a Orlando, vecino del barrio durante treinta años con casa y trabajo, a esta “vida en Falcon”. Mariano Mestman.


Preestrenos

Samoa (2005) de Ernesto Baca. 70’.
“Créase o no, Ernesto Baca filmó Samoa en Súper-8, ese formato que parecía haber muerto para siempre hace décadas, desde que existe el video. Mucho más difícil es creerlo viendo la película, que tiene una calidad técnica, un acabado de imagen y sonido de la más alta sofisticación. Filmada casi enteramente en blanco y negro (salvo unos estallidos de color aquí y allá, que son como sacudones en la retina), en su segunda película Baca lleva al extremo lo intentado en su opera prima, Cabeza de palo (2002, exhibida también en el Bafici), que renegaba de la narración tradicional, diálogos y actuaciones. Aquí es ya el puro devenir de imágenes y sonidos, a la manera de un Stan Brakhage, Michael Snow u otros nombres canónicos del experimentalismo cinematográfico. No hay otra lógica para explicar el orden y la secuenciación de las imágenes de Samoa –figurativas o geométricas, tomadas a la realidad o grabadas sobre el celuloide– que no sea la del sueño, la sensación o la pura asociación rítmica y musical. Y sin embargo, si el espectador se entrega a lo que el realizador le propone, esa sucesión llega a impresionar la retina con una pregnancia casi hipnótica. Titánico trabajo artesanal, de un grado de minucia casi inimaginable, el propio Baca trabajó, procesó y montó cada fotograma, de tal modo que no haya un solo encuadre que reproduzca la realidad mecánicamente. El resultado es un viaje (o un trip, depende del estado en que cada uno la



vea) que, como todos los que de veras vale la pena emprender, arrastra de tal manera que daría la sensación de que, durante una hora y poco más, el mundo exterior ha desaparecido para siempre”. (Horacio Bernades en Pagina/12, 20 de abril de 2005).

El último confín (2004) de Pablo Ratto. Largometraje documental. 57’.
Según Pablo Ratto: “La película surge cuando el Equipo de Antropología Forense arranca con su trabajo en Córdoba, y comienza a buscar alguien de confianza a quien encargarle el registro en video del proyecto, que sabían que era el más grande desde que se había formado el equipo. Hay primero una etapa de conocimiento, porque ellos querían que las imágenes de la fosa no fueran a utilizarse y terminaran apareciendo en Crónica TV, y segundo que la aproximación se hiciera con un respeto equivalente al de ellos frente a las víctimas y los familiares. Luego de esa etapa de conocimiento pasé a una segunda en la que logré convencerlos de que el trabajo no podía ser solamente un registro, de que allí había una película para contar. (...) Ahora ellos tienen la película y la están usando –desde que la terminé en octubre de 2004– como material propio, de concientización, porque lo que necesitan es la colaboración y el apoyo de la gente.. Hablo concretamente de familiares de desaparecidos (u otra gente) que todavía hoy no ha denunciado las desapariciones. Cada vez que encaran un trabajo nuevo consiguen una sala barrial o un equivalente y al pasarla la gente se brinda automáticamente. En Gualeguaychú, por ejemplo, pasaron la película y al día siguiente se presentaron doce personas a hacer la denuncia, a pedir que se tomen muestras de sangre para el banco de datos genéticos. Ese es el hecho político que provoca la película, además del artístico, al ser un documental”. (Entrevista realizada por Raúl Falavella y Silvia Rodolfo, revistalote.com.ar)

Bosques (2005) de José Campuzano y Gianfranco Quattrini, c/ Julio César Araujo, José Campusano, Gustavo Castro, Ana Graciela Quiroga. 42’.
“‘Bosques es un mediometraje dirigido por Gianfranco Quattrini y José Campusano, quien además de actuar en el film le abrió la puerta (vaya ironía para un vendedor de puertas y ventanas en la vida real) a la localidad de Bosques al sur del Gran Buenos Aires, donde los árboles se tapan a sí mismos. En esa historia, José (José Campusano) es comerciante, está al borde de la quiebra y planea emigrar. Julio, su hermano, sostiene a su familia a cambio de un poco de militancia y variopintos delitos. Ambos viven en las afueras de Buenos Aires, en Bosques. Y son protagonistas reales de esa localidad. “Filmé en la época del derrumbe, tenía necesidad de conectarme con las cosas que pasaban en los márgenes de Buenos Aires. Rodamos 26 horas, el guión final se hizo en el montaje. José escribió el lineamiento y luego surgieron las miradas. Quería recrear una extensa toma real de las cosas’, cuenta Quattrini”.
(Nota de Mariano Blejman en Página/12, 11 de agosto de 2005)

Después de la tierra (2005) de Luciano Bertone, c/ Marianela Pelzmajer, Paola Pelzmajer, Alicia Labraga, Josefina Viton. 64’.
“Un documental sobre la muerte puede presentar innumerables trampas. Pero no se trata aquí de la contemplación del dolor, ni de testimonios desgarradores, ni de la búsqueda de la ausencia que genera la muerte. En esta oportunidad el resultado es, curiosamente, revitalizador. Lo que lo convierte en todo un acontecimiento: celebrar algo examinando lo opuesto. La ópera prima de Luciano Bertone, quien se desempeño anteriormente como sonidista, se estructura sobre la base de las conversaciones que llevan adelante dos parejas. Dos varones durante un viaje en auto. Y dos mujeres, hermanas, en una casa. Muy pocas explicaciones se brindan respecto de las relaciones entre los personajes. Los dos hombre en la ruta podrían ser amigos, o podrían simplemente haberse conocido recién. Las dos mujeres pueden estar esperándolos, o ni siquiera estar al tanto de su existencia. Después de la tierra es un documental que equilibra el peso del tema elegido con la aproximación sencilla, casi accidental. A partir de recuerdos, sentimientos, ideas y suposiciones, los protagonistas le dan forma a un abstracto intangible que los supero y los inspira al mismo tiempo. Sí, todo gira en torno de la muerte en este documental, pero probablemente no haya nada delimitado ni definitivo en él.” Leandro Listorti

Cándido López, los campos de batalla (2005) de José Luis García. Largometraje documental. 102’.
“Como en los mejores cuentos, el azar es el que da inicio al viaje de José Luis García en Cándido López, los campos de batalla. Para su primer proyecto como documentalista, el


director de Fotografía anda queriendo investigar a Cándido López, el artista plástico que durante la guerra de la Triple Alianza (1864/1870) compuso una treintena de los más geniales frescos que jamás haya dado el arte argentino. (...) Como quien se lanza a una aventura (aventura de descubrimiento, que termina donde suelen terminar esa clase de relatos, en plena selva) y con un libro de ilustraciones de Cándido López como guía de viaje, la spinettiana figura de José Luis García se lanza río arriba, como nuevo Willard en busca de su propio Kurtz. Consulta historiadores, pobladores y descendientes de uno y otro lado (argentinos, paraguayos, brasileños). Visita museos. Investiga restos y huellas. Se trepa a una escalera para fotografiar –desde la misma perspectiva panorámica que el pintor– los lugares que alguna vez fueron campos de batalla. El resultado: un documental sobre Cándido López, sobre la guerra del Paraguay, sobre la historia misma del Paraguay y el Cono Sur, sobre el salvajismo porteño, sobre el imperialismo inglés, sobre las marañas de la historia, sobre lo que fue y no será y sobre lo que fue y sigue siendo. Una gran película, en la que la información se vuelca tal y como la recibe el viajero: de forma fragmentaria y dispersa, como si se tratara de un fascinante rompecabezas para armar.” (Horacio Bernades, Página/12, 18 de abril de 2005)

Do U cry 4 me Argentina? (2005) de Bae Youn Suk, c/ Cho Duk Kyu,Kim Borum, Bang Hyoun Sik, Cristina Um. 102'.
“Esta es la primera película realizada por coreanos residentes en la Argentina. Más precisamente por la generación 1.5 de coreanos, vale decir que ha sido filmada por aquellos que durante la primera niñez –o a lo sumo durante la pubertad– dejaron Corea de la mano de padres preocupados por mejorar su condición económica. (...) Transición, generaciones intermedias, adaptación, cruces, influencias son todos vocablos que pueden aplicarse a esta película ya desde la mismísima concepción del título. La mezcla de géneros delata una frescura desusada en el cine latinoamericano actual, la música forma parte de la acción (casi diría que es la acción) y hasta llega a ocupar el centro de la misma sin entorpecer su desarrollo (el encanto pop de la introducción y el cierre del número musical en el que la chica fuma un porro entre las máquinas de coser es inolvidable), el sentido del montaje es potente y oportuno, tiene algunos de los mejores momentos de humor de todo el cine argentino (como cuando el gordito le acerca un fósforo encendido al líder de la banda, que acaba de sacar un cigarrillo, y este lo rechaza diciéndole: "Vos viste demasiadas películas coreanas. ¿Te creés que somos de la mafia china?"), una voluntad de narrar que se impone a todo exhibicionismo vacío, y un final inesperado y contundente. La historia es fácil de sintetizar: chicos que debido al continuo desplazamiento (migratorio y laboral) de sus padres (lo que implica también su ausencia) no logran adaptarse al medio en que viven, y responden más o menos delictivamente a esa circunstancia. Sin embargo, en lugar de asumirla con gravedad santurrona (como si debiera ser la portavoz políticamente correcta de toda una generación), la película va dejándose ganar por los códigos y la violencia del cine de mafias oriental hasta transformase en una más que estimulante clase B coreano-argentina y contemporánea con secuestro, balacera a quemarropa, romance y suicidio incluidos. Sin vergüenza ni culpa, con asiáticos que proclaman en coreano "al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen" y bailan cumbia, con honestidad y unas ganas de rodar admirables, Do U Cry 4 Me Argentina? se atreve al cine de género en un país que, salvo honrosas excepciones, ha olvidado cómo –o ya no le interesa– hacerlo”. (Marcos Vieytes, cineismo.com)

Opus (2005) de Mariano Donoso. Largometraje documental. 85’.
“¿Argentina tiene futuro? ¿Y si esa pregunta la hace un productor de cine norteamericano que ‘banca’ a un director argentino? La película de Donoso se mete con el ser nacional, la educación en crisis, la asistencia social, pero también con la financiación de las películas nacionales via subsidios de fundaciones progres. Un tono burlón (marca de fábrica del productor Mariano Llinás, responsable también del guión), alguna canallada divertida, y un relato que entre la ironía y la inflexión patricia reflexiona sobre el país, y también sobre el país cinematográfico que supimos o vamos pudiendo conseguir.” (Hugo F. Sánchez en subjetiva.com.ar)

Los de Saladillo (2005) de Alberto Yaccelini. Largometraje documental. 90’.
“Si en principio estuvo la crisis, después los métodos para mitigarla y finalmente el registro documental que daba cuenta de, ahora la sofisticación de supervivencia alcanza ribetes curiosos. Saladillo, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, está tan mal como el resto del país; sin embargo hay dos personajes que con tesón y una gigantesca fuerza de voluntad vienen realizando telenovelas y películas de manera comunitaria, con los vecinos del lugar.

Ahora bien, la mirada del director Alberto Yaccelini registra la expresión artística (hay numerosos insert de las películas y telenovelas made in Saladillo), pero también de los efectos
terapéuticos sobre los participantes de la proeza cinematográfica de cabotaje. Los dos caminos dan como resultado un mosaico interesante y agudo sobre la crisis y la tenacidad, que por un lado se puede tomar como una película sobre la gesta, aún en condiciones casi miserables, y por el otro, una línea no exenta de cinismo, que demuestra que solo con las ganas no alcanza”. (Hugo F. Sánchez en subjetiva.com.ar)

Río arriba (2004) de Ulises de la Orden. Largometraje documental. 72’.
“Un hombre recorre la quebrada del río Iruya, en Salta. Va en busca de su pasado para entender su presente. A través de los pobladores se entera de los motivos que produjeron la erosión de las antiguas terrazas de cultivo, donde los campesinos eran llevados a trabajar a la zafra, con sistemas de contratación esclavista, similares a la encomienda de la colonia. Río Arriba, la película de Ulises de la Orden, hace un recorrido autobiográfico y muestra cómo a principios de siglo XX las extensiones de tierras que se vendían, incluían a las comunidades allí asentados, y eran obligados a trabajar para los patrones, que decidían sobre sus vidas”. (La Cartelera, 22 de noviembre de 2005)


Reposiciones

Como un avión estrellado (2005) de Ezequiel Acuña, c/ Manuela Martelli, Ignacio Rogers, Carlos Echevarría, Santiago Pedrero. 80’.
“Aunque reconocía su filiación con Rapado, de Martín Rejtman, Nadar solo, la ópera prima de Ezequiel Acuña, abrió un espacio nuevo para el cine argentino: la adolescencia, con toda su incertidumbre y su melancolía, no había encontrado hasta entonces una expresión tan concreta, una materialidad tan alejada de cursilerías y romanticismos de ocasión. En Como un avión estrellado, Acuña profundiza en esa dirección, como si no hubiera terminado de manifestar todo lo que lo impulsó alguna vez a hacer cine, como si suscribiera, sin proponérselo, aquella frase de Truffaut que decía que “los primeros films son los más importantes, no necesariamente porque sean los mejores, sino porque suelen ser los más personales, antes de que empiece a pesar el oficio o la profesión”. A contrapelo de mucho cine argentino de estos días, tan preocupado por el público, Acuña se preocupa en primer lugar por sus personajes. Hay una fidelidad del director hacia su protagonista que es sólo equivalente a la que había en Nadar solo: voluntad de acompañarlo, de sentirse próximo, pero con el pudor de un amigo, sin invadirlo, sin imponerle su voluntad. Se diría que en el cine de Acuña sus personajes parecen tener vida más allá de la película misma, como si Nico (Ignacio Rogers) ya hubiera estado allí cuando llegó la cámara y hoy siguiera existiendo, más allá del plano final.”
(Luciano Monteagudo en Página/12, 27 de octubre de 2005)

Clon (2001) de Alejandro Hartmann, c/ Marcelo Zanelli, Rosa Martínez Rivero, Marilyn Sánchez, Daniel Valdez, Audry Gutiérrez Alea. 95’.
“Algunas películas permanecen inmutables con el paso del tiempo, otras sienten el paso de los años, y otras atestiguan el presente que les tocó en suerte y nada más. La ópera prima de Alejandro Hartmann es un producto del tiempo en el cual fue hecha, y en su relato, dar una visión urgente sobre temas tan disímiles como la clonación y los celulares. Filmada a principios del 2000, Clon habla de clonación desde el enfoque de la época, y también, sus personajes hablan por celulares, atestiguando el avance de la tecnología. La historia en si podría ser calificada como de genero, pero después habría que discernir cuál: ciencia ficción, terror, thriller, suspenso, o qué. Lo cierto es que los elementos de todos ellos están aquí, y cualquiera de ellos sirve para considerarla, una clase B, esto entendido no desde lo despectivo, sino de la concepción. Cine de género con ganas de narrar, apelando a la cinefilias, pero también a la inteligencia del espectador, sin explicar nada. Porque en la hora y media de la película, queda claro la historia de la periodista que se cruza con el hijo de un profesor que en los setenta ya investigaba sobre la clonación, de la historia que hay detrás de la hermana de este joven y de la pregunta de la identidad que surge, sin surgir. Clon es ideal para ver cuando se gusta sentir el sabor del cine hecho un poco a los tumbos, pero eso si, con ganas.” (Horacio Marmurek en subjetiva.com.ar)





Adiós, querida luna (2003) de Fernando Spiner, c/ Alejandro Urdapilleta, Alejandra Flechner, Gabriel Goity, Horacio Fontova. 98’.
En el año 2056, tres astronautas argentinos llegan a la luna con la misión de destruirla, pero quedan varados a la espera de órdenes y a merced de los peligros que suponen el aislamiento
espacial, el peligro de la locura y un extraterrestre cachondo, de apellido García. El cine argentino ha sido pródigo en comedias de costumbres pero muy rara vez se ha atrevido al disparate surrealista, que para funcionar no sólo exige timing y disciplina sino además cuotas muy altas de imaginación y desprejuicio. En ese sentido el film tiene su mayor punto de apoyo en Urdapilleta, Flehner y Goity, que hacen aquí una consumada demostración de lo que supone la interpretación cómica. Como es habitual en el género, cada situación se ha construido a partir de improvisaciones pero es evidente que su ejecución final se ha logrado después de refinar cuidadosamente cada gesto, cada frase, cada matiz. En razón de ese rigor es que el film puede alternar con fluidez escenas de humor grueso (como el brillante remate del film) con otras de una elegancia digna de Alphone Allais (como una extraña situación en clave de deja vu).
A diferencia de La sonámbula, donde los abundantes méritos formales no siempre encontraban su contrapunto en el elenco, Spiner mantiene en todo momento el control de su film, acompaña el tour de force de sus actores con una puesta en escena igualmente precisa y les proporciona un contexto creíble utilizando efectos especiales tan ingeniosos como económicos. Es obvio que el trabajo de un realizador siempre es delicado, pero en un film de este tipo lo es más todavía porque un plano demasiado abierto o un corte impreciso pueden estropear por completo la eficacia cómica de una escena. En cambio, en Adiós querida luna cada una de las decisiones formales de Spiner potencia el óptimo rendimiento de su elenco.” Fernando Martín Peña

Ocho años después (2005) de Raúl Perrone, c/ Violeta Naón, Gustavo Prone. 78’.
“Ocho años después no es, por suerte, la versión "made in Ituzaingo" de Antes del atardecer, como podría parecer en un principio. Es cierto que aquí también se trata del reencuentro, en una tardecita, de dos personas que se quieren, y mucho (Violeta y Gustavo, protagonistas hace ocho años de Graciadió). Pero la última película de Perrone no necesita de nada ni nadie más que de sí misma para ser un placer con vuelo muy propio. Si los personajes de Linklater se entretienen con diálogos preciosos y precisos, en cambio Victoria y Gustavo charlan. Pasean, se sientan a comer una pizza, se cuentan sus cosas, se joden, se pasan facturas, se bardean y se piden disculpas. Callan mucho pero se dicen mucho más. No es una cuestión de realismo, o de verosimilitud, o de en qué medida ellos hacen de sí mismos, lo más significativo de Ocho años después. Hace mucho, Sam Fuller aparecía en Pierrot, el loco y definía al cine en una palabra: emociones. Y precisamente lo que engrandece a la película del Perro es que es el ejemplo de un cine verdadero, auténtico y honesto. Un cine que trata a las emociones de sus personas-personajes-actores no como un objeto de estudio, externo, sino como algo que sucede, en ellos y en nosotros, algo que el cine no transmite, sino que es el cine en sí mismo.”
(Agustín Mango en subjetiva.com.ar)

Vida en Marte (2004) de Néstor Frenkel, c/ Rafael Ferro, Jorge Sesán, Ana Celentano, Federico Figueroa, Mariana Anghileri, Lucas Mirvois. 73’.
“La difusión de la noticia del descubrimiento, de lo que parece ser el indicio de la existencia de vida en el planeta Marte, influye obre la vida de una serie de personajes vinculados entre si. El locutor -que habla locutando todo el tiempo-, el roquero que la pega con un tema que se llama A- Marte, el quiosquero que adquiere poderes extrasensoriales hasta el momento mismo en que es abandonado por una mujer, el personaje obsesionado que remite a Richard Dreyfus en Encuentros cercano del tercer tipo. Las citas, los homenajes explícitos y las ideas ingeniosas se suceden en la pantalla.
El tono general de la película es de libertad, el universo de Frenkel es amable, su personajes reconocibles y las cosas que les pasan también. El Malba se ha convertido en el mejor lugar de estreno para muchas películas, que encuentran que el mercado de la distribución puede transformar su trabajo en pasto de tanque hollywoodense, Vida en Marte regala un momento de felicidad en la trasnoche de los viernes. No es poco.” (Jorge Bernárdez, subjetiva.com.ar)





Ronda nocturna (2004) de Edgardo Cozarinsky, c/ Gonzalo Heredia, Diego Trerotola, Gregory Dayton, Moro Anghileri, Rafael Ferro. 81’.
“Con guión del propio Cozarinsky, Ronda nocturna hace transcurrir su ficción en una única noche. Que no es la de un día cualquiera, sino la del 2 de noviembre, Conmemoración de los Fieles Difuntos. Dealer y taxi boy, la noche es el reino mismo de Víctor (Gonzalo Heredia), tanto como la de otros veinteañeros que, como él, andan siempre en espera de algún auto salvador. Como el de un comisario que le da protección a Víctor, a cambio de favores sexuales obtenidos en el asiento de atrás. Por allí anda Carlitos (Darío Tripicchio), que introduce a su amigo en el coto cerrado de una casa de masajes high, y no falta algún embajador que organiza reuniones, en las que a cada miembro del servicio diplomático parecería tocarle su personal chongo. Ese seguimiento al que Cozarinsky somete a su protagonista se consuma en el registro, crudamente documental, de la Buenos Aires post-2001. Una Buenos Aires de homeless y cartoneros, de pilas de basura y gente revolviendo en ella. Pero sucede –esta es la apuesta más arriesgada de la película– que entre las grietas de esa realidad aflora un segundo plano de realidad, mucho más secreto y misterioso, más elusivo y espectral. Si durante toda la primera parte la cámara del director de fotografía Javier Miquelez registra de modo ultraverosimilista esa ciudad cartonera, a medida que lo extraño comience a cercar a Víctor sus encuentros se harán menos (pre)visibles. Allí, los tiempos de cada encuadre se estiran y se hacen imprecisos. Es como si lo real hubiera entrado en suspensión y diera paso a un orden distinto, que la partitura tanguera de Carlos Franzetti se ocupa de materializar.” (Horacio Bernades en Página/12, 19 de mayo de 2005)

Imposible (2003) de Cristian Pauls, c/ Damián De Santo, Alejandra Flechner, Jimena Anganuzzi, Francisco Fernández de Rosa. 90’.
“La nocturnidad es el ámbito donde se mueven los personajes de Imposible, seres que además de maniatados emocionalmente parecen maldecidos por un movimiento circular que termina siempre mordiéndose la cola, meciéndose al ritmo de la oscuridad ambiente que los rodea y envuelve. Como esa ceja herida que no deja de sangrar y que puntúa todo el recorrido de la narración, el vínculo amoroso entre Bruno (Damián de Santo, en un rol tan atípico como alejado de la impronta televisiva) y Mariana (Alejandra Flechner) parece estar al borde de la extinción, tironeado por un balance de atracción-repulsión sin solución de continuidad, amenazado por el paso del tiempo y las expectativas frustradas. Algo similar atraviesa la relación de Isabel y Toni, los personajes interpretados por Jimena Anganuzzi y Francisco Fernández de Rosa, una pareja más joven, quizá más esperanzada, a la espera de los cambios (un nuevo trabajo, un embarazo, el cariño) que nunca parecen llegar. De cómo el cruce de estos cuatro personajes habilita la posibilidad de una combinatoria narrativa, de nuevas relaciones, de entrecruces aleatorios o deseados, se ocupa la historia de Imposible, cuyo guión fue coescrito por el hermano del realizador, el escritor y ensayista Alan Pauls.” (Diego Brodersen en Página/12, 1 de septiembre de 2005)

Buscando a Reynols (Argentina, 2004) Dirección y libreto: Néstor Frenkel. Imagen: Diego Poleri. Arte: Néstor Frenkel. Sonido: Javier Farina. Música: Reynols. Edición: Martín Mainoli. Producción: Mariana Fonseca. Productora: A. C. Cine. Documental. 75’.
“El film, que llevó un año y medio de realización, emprende una búsqueda aguda y destellante sobre la entidad musical llamada Reynols.
Reynols es una agrupación argentina conocida en buena parte del mundo por sus extrañas incursiones sonoras y por el hecho de que su baterista y cantante Miguel Tomasín tiene síndrome de Down. El documental no pretende encontrar respuestas sino plantear el placer de la duda y lo inexplicable acerca del espíritu que anima a la particular banda.
Reynols está integrada por Miguel Tomasín, Moncho Conlazo, Pacu Conlazo y Alan Courtis, y se fundó en 1993 con Miguel como líder. El grupo hace música experimental y tiene editados más de cien discos en todo el mundo, a través de sellos norteamericanos, ingleses, alemanes, franceses y japoneses. En Argentina, el grupo lanzó sólo No disco, un material que como su nombre lo dice no encierra contenido musical alguno.
Pocas fueron las presentaciones de Reynols en Buenos Aires, pero numerosas las invitaciones a eventos internacionales, entre los que se destacan una presentación en el Lincoln Center de Nueva York en abril de 2000 y un recital junto con Sonic Youth. “La idea de Buscando a Reynols no surgió precisamente de haber escuchado a la banda sino del mito que circula alrededor de la curiosa formación”, aseguró Néstor Frenkel, cuyo trabajo fílmico se inicia con un resumen mediático que compila imágenes de archivo de Crónica TV y programas de Mario Socolinsky y Lía Salgado a modo de introducción.

El hilo conductor que descubre los misterios del mundo de Reynols va de la mano de los testimonios del periodista Pablo Schanton, un conocedor de la historia del grupo. “La intención
fue reunir gente que hable sobre Reynols más que tenerlos a ellos hablando de sí mismos”, contó Frenkel. Por eso en el documental conviven tanto los testimonios de Marcelo Delgado (director del Centro de Experimentación del Teatro Colón), Gustavo Rodríguez (musicoterapeuta), Eduardo Martí (fotógrafo), y amigos de la banda como el doctor Mario Socolinsky y el rappero Jazzy Mel. (Extractado de El Ciudadano, Rosario, 23 de junio de 2004)

Fasinpat (Argentina, 2004) Dirección y guión: Daniele Incalcaterra. Producción: Javier Leoz. Montaje: Fausta Quattrini. Sonido: Gaspar Sheuer. Música: Jorge Pemoff. Duración: 68’.
Fasinpat = Fábrica Sin Patrón. En la provincia argentina de Neuquén, los obreros de la fábrica de cerámicas Zanón se opusieron al plan de despidos del patrón, que proponía prescindir de más de la mitad de los trabajadores para evitar cerrar definitivamente debido a la crisis. En octubre de 2001, los obreros tomaron la fábrica y desde entonces aseguran la producción sin patrón. Mientras se debate su situación legal, los obreros no sólo han conservado sus puestos de trabajo, sino que además, al mejorar la facturación de la empresa, han creado puestos nuevos y establecido un modelo a imitar.
Aunque cada caso tiene características particulares, la cuestión de las fábricas que producen bajo el control de sus trabajadores es, en conjunto, uno de los fenómenos más interesantes que produjo la sociedad argentina durante los últimos veinte años. Desde diciembre de 2001, diversos documentales argentinos han abordado el tema, pero la película de Incalcaterra es la primera que supera holgadamente las limitaciones del registro urgente para desarrollarse en términos cinematográficos. Fasinpat describe, por un lado, la estrategia de trabajo y la organización interna que los obreros definieron a partir de la toma y, por otro, las distintas etapas de la batalla legal que se libra en el exterior. La reinserción de la fábrica como factor de contención social a través de distintas actividades solidarias, que el Estado parece incapaz de proporcionar, es el punto que une el adentro y el afuera. Incalcaterra proporciona información no oficial (es decir, contrainforma) y además provoca suspenso, identificación e incluso esperanza. Lejos del panfleto doliente, su film posee una vitalidad que está a la altura del tema.

Muestras integrales

1) Albertina Carri

No quiero volver a casa (2000) de Albertina Carri c/ Márgara Alonso, Manuel Callau, Martín Churba, Analía Couceyro, Fabiana Falcón, Marta Lubos, Ricardo Merkin, Luciano Suardi, Mia Summers, Gabriela Toscano, Manuel Vicente, Nicolás Villagra, Vando Villamil, Luis Ziembrowski. 74´
“Con una especial visión de la realidad, y poniendo el acento en su parte más cruel y dura, la joven Albertina Carri hace su debut luego de mucho trabajo como camarógrafa y fotógrafa en el medio. Rodada en blanco y negro, la película comienza con un brutal asesinato -típico momento que puede remitir a la dictadura, un Ford Falcon en un garage escondido- en una escena que conmueve y shockea al espectador. Una prostituta, Susana (Gabriela Toscano) quizás sea el testigo más lúcido de esa realidad despiadada, a la que Carri registra de un modo ascético, en el que la ciudad de Buenos Aires adquiere tintes ominosos. La tragedia invadirá a dos familias, atravesadas por un asesinato. La de Rubén, un joven de 25 años sin ningún objetivo, y la de Ricardo, un empresario decadente con problemas irreconciliables con su socio y cuñado. Susana será el vínculo entre estas dos familias. Poco a poco nos iremos enterando de todo lo que sucedió antes, contado de manera directa y eficaz en esta promisoria opera prima de Carri.” (Pablo Silva en Fotograma.com.ar)

Barbie también puede etar triste (2003) de Albertina Carri Voces: Juana Molina, Eusebio Poncela, Susana Pampin, Divina Gloria, Ricardo Merkin, Osvaldo González, Diego Schipani. 24´
“Barbie también puede estar triste se convierte en un problema de figura y fondo, esos clásicos dibujos en los que según se fije la mirada se ve una imagen u otra. Se puede entrar y esperar durante los veinticuatro minutos que dura el cortometraje el momento en el que Barbie se convertirá en una pornostar y advertir, muy ingenuamente, sólo en los títulos del final que no ha sido otra cosa más que eso. Esta confusión sólo se logra con algo más que escenas de sexo explícito y demuestra que detrás de esta gran película hay una gran mujer.

Pero en la película de Carri las situaciones se completan, aquello que se inicia como una repetición de situaciones sigue otro camino. Así, los comportamientos sádicos, al no ser compartidos, serán castigados; los roles impuestos serán reemplazados por elecciones más libres. Todo ello en un formato ambiguo en el que se permite disfrutar de aquello que luego, quizás, será cuestionado.” (Javier Milán en subjetiva.com.ar)

Los rubios (2003) de Albertina Carri. Guión: Albertina Carri, Producción: Albertina Carri y Barry Ellsworth. Fotografía: Catalina Fernández. Cámara: Carmen Torres y Albertina Carri. Música: Ryuchi Sakamoto y Charly Garcia. Montaje: Alejandra Almirón. Sonido: Jésica Suárez. 89´.
“Cada decisión de Carri, cada paso que propone en su película, es un acto de valentía admirable, cuyo camino configura la postulación de una posición distinta acerca de la memoria, la ausencia, y, sobre todo, el modo de pensar (y filmar) estas dos ideas. Los rubios se transforma así en el planteo de un espacio nuevo, y en la construcción acabada y entera de un discurso-experiencia particular que deviene en fórmula universal. Su mezcla constante de ficción y documental, así como el uso de animación para relatar el secuestro de los padres de Carri, y la presencia de Analía Couceyro interpretando a la directora (a quien también vemos dirigiendo y guiando a esa actriz, por medio de una segunda cámara) son elementos que forman un compendio de recursos -articulados a la perfección- que hacen de esta película un todo inevitable, del cual se desprenden tanto una reflexión ausente en el cine nacional, como un ejemplo en el modo de llevarla a cabo. La búsqueda de Carri renueva una tradición acerca de la relación entre el cine y el recuerdo de los años 70, relación caracterizada por la evocación y sustentada en la afirmación de la memoria como arma contra el olvido. Ana María Caruso y Roberto Carri fueron asesinados. Construir un recuerdo fiel, objetivo, es imposible, afirma Carri. Los rubios abre ese nuevo universo en la forma de pensar el pasado y, sobretodo, sus consecuencias presentes. Paradójicamente, ese universo no es un camino que otros puedan seguir: el recorrido de Albertina Carri en Los rubios es propio e intransferible. Sin embargo, las ideas que lo movilizan conforman su inmenso legado, incorporando una visión alternativa y generacionalmente nueva, inmune lógicamente a cualquier reproche reaccionario, y por sobre todas las cosas, poderosa gracias a su rigor, su coraje, su falta de hipocresía, y su triunfo vital sobre la muerte.” (Agustín Mango en subjetiva.com.ar)

Géminis (2005) de Albertina Carri, c/ Cristina Banegas, Daniel Fanego, María Abadi, Damián Ramonda, Lucas Escáriz, Silvia Baylé, Julieta Zylberberg. 85´
“Albertina Carri no deja de asombrar. En su último opus, Géminis, vuelve a la ficción pero de la manera más clásica, con un melodrama de corte costumbrista que narra linealmente la historia de un amor prohibido.
En el título, Carri evoca con libertad el mito de los hermanos dioscuros Cástor y Pólux para narrar una historia que remite a los orígenes arquetípicos y a la formación del tabú. Y lo realiza desde el distanciamiento: nunca presenta una reflexión sobre esa pasión casi natural entre hermanos, ni interpretaciones o explicaciones psicológicas, ni una condena moral, ni una justificación. Sí cierta impúdica complicidad. Mucho más importante es la crítica al tipo de institución familiar matriarcal y endogámica, en la cual la madre pretende mover todos los hilos frente a la prescindencia absoluta de un padre casi ausente. Es éste el tema que atraviesa toda la filmografía de Carri: el retrato de la familia quebrada.” (Josefina Sartora en cineismo.com)


2) La resistencia en Malba

A fines de septiembre de 2005, se proyectó un Mendoza, con el título genérico de “La Resistencia”, una serie de films con algunas características comunes. Básicamente, estaban realizados por las mismas personas, compartían el mismo espíritu lúdico, el profuso sentido del humor y la inquietud en cuanto a la busca de nuevos caminos estéticos y narrativos, sin caer por ello en la solemnidad, en la pompa experimental ni en el mero ejercicio para entendidos. Además (y este dato no es menor) se trataba invariablemente de films producidos sistemáticamente al margen de los caminos de financiación convencionales, y sostenidos por la convicción de que la forma en que una película ha sido económicamente concebida habrá de influir en forma inexorable en su personalidad y en su espíritu.
¿La resistencia a qué?, habrá que preguntarse. ¿Cuál es ese enemigo ante el cual es preciso resistir? Esencialmente, se trata de resistir y oponerse a la idea de que el cine es una actividad

estanca, limitada a una única forma de narración, de producción, de exhibición, de dirigir actores, de elegir actores, de escribir líneas de diálogo, de tratar la realidad y la historia, de
concebir lo argentino y lo universal, de ganar dinero, de tratar los relatos y los géneros, de ser un cineasta.
Desde hace décadas nos hemos acostumbrado a la expresión “Cine nacional”, como si a una simple disciplina artística o a un azaroso conjunto de films le cupiera el deber de ser enseñas patrias, monumentos ecuestres, expresiones de la argentinidad, libros de Jauretche o de Scalabrini Ortiz. Pues bien: las seis piezas que componen esta muestra no son ni por asomo Películas Nacionales. Son, apenas, nuestras.
Tres de los films en cuestión (Balnearios, El amor (Primera parte) y el colectivo Nuevo Cine Mudo Argentino) ya han transitado copiosamente por el auditorio de malba.cine. La cuarta (Opus, de Mariano Donoso) se presenta por única vez en el año en carácter de estreno.
No es mucho lo que se puede decir ya de Balnearios, exhibida exitosamente en esta misma sala durante varios meses en el verano 2002-2003. Podría definírsela apenas como una risueña enciclopedia de relatos y observaciones agrupados en torno de aquellas ciudades construidas junto al mar, o a la vera de los ríos. Una extravagante celebración pagana, que se asoma a los rituales del ocio y del verano con la misma mirada extrañada que podría tener sobre ellos un habitante de la antigüedad o de algún planeta lejano.
Por su particularísima forma de realización (cuatro directores dirigiendo a dos actores que componen a dos personajes en una única historia), por su inédita concepción de la comedia (que no excluye la profundidad, el análisis y aún el dolor), por su abordaje directo y puro, despojado de vericuetos argumentales, de los procesos y vaivenes amorosos, puede afirmarse que El amor (Primera parte) es uno de los film más originales realizados en suelo argentino en cualquier época. Los dos años de convivencia de Pedro y Sofía constituyen a un tiempo un certero análisis de las relaciones de pareja a los veinticinco años y una conmovedora comedia romántica.
Si bien su título deja en claro desde el vamos su festiva y asumida condición de mascarada, los tres cortos que componen el ciclo Nuevo Cine Mudo Argentino hacen posible, sin embargo, un extraño milagro: La posibilidad de acercarse a los olvidados placeres del Cine Mudo (la “pantalla silenciosa y lúcida” , en palabras de Borges) sin intervención alguna de cualquier mirada nostálgica, retrospectiva o condescendiente. No hay en ellos ninguna afectación. Su mutismo es vital, revelador, moderno.
Concebida y realizada enteramente en suelo cuyano, Opus desafía no sólo todas aquellas convenciones aplicables a un film hecho en una provincia, sino las del cine argentino en general. No es un documental social, no es un film en primera persona, no es un “film sobre un film en proceso”, no es una “docuficción”, no es un “film ensayo”. Es una apasionante y luminosa epopeya sobre un país (la Argentina), sobre un siglo (el siglo XX) y sobre una práctica artística (el cinematógrafo). Su destino, secreto y fatal, es ser un film de culto, un clásico.




2. Ciclo
Cine maldito
Durante todo el mes

La historia del cine cuenta con un gran número de obras malditas, films extraordinarios que por diversas razones cayeron en desgracia en el momento de su estreno. A veces, el paso del tiempo los reivindicó y les dio carácter de clásicos, pero otras veces nada ha bastado para sacarlos de la oscuridad y la incomprensión. En diciembre, malba.cine propone revisar algunas de esas obras.


Esposas imprudentes (Foolish Wives, EUA, 1922) de Erich von Stroheim, c/ Erich von Stroheim, Maud George, Mae Busch, Cesare Gravina, Malvine Polo. 90’.
El director y actor Erich von Stroheim tuvo apoyo de la productora Universal para llevar adelante una superproducción de características inéditas para ese estudio. La reconstrucción de la ciudad de Montecarlo con elaborados decorados, la precisión obsesiva de Stroheim para reproducir detalles de ambientación y su perfeccionismo sin concesiones remontaron el presupuesto a una suma próxima al millón de dólares, cifra desconocida por el cine de esos años. Retrato de sordidez, corrupción y decadencia, Esposas imprudentes fue una rareza en un Hollywood que prefería las fantasías y el optimismo. La película fue mutilada primero por la productora, que interrumpió el rodaje cerca del final considerando que Stroheim gastaba demasiado, y después por la censura, que ordenó la supresión de textos y escenas completas. La crítica se ocupó de devolver a Stroheim el sitio que le corresponde entre los más grandes realizadores de todos los tiempos, pero mientras tanto fue un maldito entre los malditos.

Freaks (EUA, 1932) de Tod Browning, c/ Wallace Ford, Olga Baclanova, Leila Hyams, Roscoe Ates, Harry Earles, Johnny Eck, Daisy y Violet Hilton. 64’.
En pleno apogeo del cine de horror, poblado de criaturas fantásticas como Drácula, Frankenstein o La Momia, Tod Browning tuvo la macabra idea de contar una historia con monstruos verdaderos. Reunió un elenco heterogéneo de fenómenos circenses y realizó Freaks, sobre una bella acróbata que comete el error de aprovecharse de un liliputiense. El film fue maldito desde su estreno: la productora MGM no supo qué hacer con él y lo vendió a un distribuidor independiente quien lo explotó desde entonces como si el propio film fuera una especie de freak. En los 60 la historia del cine reconoció su carácter singular y perturbador, y desde entonces se cuenta entre los más célebres films malditos de todos los tiempos.

La regla del juego (La regle du jeu, Francia, 1939) de Jean Renoir, c/ Marcel Dalio, Nora Gregor, Mila Parely, Jean Renoir, Gaston Modot, Roland Toutain. 113’.
Renoir se inspiró en el comportamiento de algunos de sus amigos de la aristocracia, para los cuales “las intrigas amorosas eran la única razón de ser”. Con un tono engañosamente amable y sencillo, que hasta cierto punto anticipa el estilo de Buñuel, el director realizó su obra más oscura y corrosiva, una metáfora de “la sociedad en descomposición” que, de hecho, demostraba ese carácter al lanzarse a una nueva guerra mundial de manera contemporánea al film. En su momento fue un notorio fracaso comercial (y volvió a serlo en dos reestrenos posteriores a la guerra) pero esa suerte se revirtió cuando comenzó a circular en una versión restaurada, en la década del 60. Con el tiempo ha sido señalada como la película más importante de su realizador.

Manon (Francia, 1949) de Henri-Georges Clouzot, c/ Cecile Aubry, Michel Auclair, Serge Reggiani, Gabrielle Dorziat. 100’.
El film se basaba en una novela homónima de Pierre Delages, que actualizaba la clásica Manon Lescaut (1753) de Antoine-François Prévost: aquí los protagonistas son una muchacha francesa acusada de colaboracionismo durante la ocupación y un desertor del ejército francés. El protagonismo de esos dos personajes políticamente incorrectos, cuya conducta el film evita juzgar, desató polémicas en varios países y la censura se encarnizó con él. En la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, estuvo prohibido hasta agosto de 1952, cuando se estrenó con varios cortes. Como escribió el crítico Roland, “El público debe imaginar varias escenas podadas por la censura, más de una frase mutilada o alguna secuencia suprimida íntegra, para reconstruir mentalmente el valor global de la película”.


La furia de los valientes (Two Flags West, EUA, 1950) de Robert Wise, c/ Joseph Cotten, Jeff Chandler, Cornel Wilde, Linda Darnell. 92’.
Durante la guerra civil norteamericana, un grupo de soldados sureños presos en el Norte aceptan sumarse a las diezmadas filas de la caballería enemiga en un fuerte de frontera acechado por los indios. A la doble tensión entre norteños vs. sureños y blancos vs. indios, el film agrega la conducta resentida de un oficial (Chandler) y el deseo que provoca una bella mujer (Darnell) en los tres protagonistas masculinos del film. El resultado es un western violento y descarnado, de relaciones complejas, que debería citarse habitualmente entre los más interesantes del período. Sin embargo, quedó condenado a la postergación, como muchos otros films norteamericanos que abordaron explícitamente el tema de la Guerra de Secesión y se atrevieron a recordar que las viejas heridas no estaban cerradas.

El extraviado (Der verlorene, Alemania-1951) de Peter Lorre, c/ Peter Lorre, Karl John, Renate Mannhardt, Johana Hofer. 97’.
Film excepcional en el contexto del mediocre y conformista cine alemán de la segunda posguerra, El extraviado fue el único trabajo como realizador del actor Peter Lorre, quien para hacerlo regresó a Alemania tras haberse refugiado en Estados Unidos durante el nazismo. Toda la desesperación y melancolía de su generación –graficada en las locaciones devastadas por la guerra- aparece representada en esta obra personal y compleja, cuya falta de complacencia la volvió maldita de inmediato. Ese fracaso comercial desalentó su exportación y la mantuvo inédita en casi todo el mundo. En Argentina nunca se estrenó, pero el coleccionista Christian Aguirre, miembro de la Filmoteca Buenos Aires, logró rescatar una excelente copia en fílmico.

La hora de la venganza (Deadline USA, EUA, 1952) de Richard Brooks, c/ Humphrey Bogart, Ethel Barrymore, Kim Hunter, Ed Begley, Warren Stevens. 87’.
The Day es un periódico creado por un idealista ya muerto y dirigido por otro, Humphrey Bogart, que lo ha sucedido. Las dos hijas del fundador, desinteresadas del periodismo, lo ponen en venta y la compra es inminente. Bogart descubre pronto que el comprador es un magnate periodístico que se propone cerrarlo para librarse de una competencia que le molesta. Mientras todo esto sucede, el diario emprende una campaña contra un capo mafioso, núcleo de una red de corrupción que domina la ciudad. Brooks establece así varias líneas paralelas de acción que convergen en el personaje del editor. Además se las arregla para describir, en un par de escenas simples pero muy eficaces, la devastada vida personal de Bogart y las razones por las que hay que sostener un periodismo libre y diverso. Brooks extrae lo mejor de ese rostro único, ya fatigado, que parecía hecho para encarnar al hombre que decide continuar la batalla aunque la sepa perdida. El final de La hora de la venganza es amargo y triunfal a la vez, lo que permite al realizador dejar claro su "mensaje" sin dejar de ser realista y verosímil. El hecho de que medio siglo después el periodismo libre y diverso ya no exista más, quizá ayude a entender por qué este film es tan poco conocido.

Ufa con el sexo (Argentina, 1968) de Rodolfo Kuhn, c/ Héctor Pellegrini, Elsa Daniel, Marilina Ross, Nacha Guevara. 90’.
Las apariencias son el tema principal de Ufa con el sexo. El protagonista es un joven burgués que por un lado practica el engaño para seducir pero que por otro se escandaliza cuando él mismo resulta víctima de una apariencia. A través suyo, Kuhn no sólo pone en evidencia al porteño burgués arquetípico, sino también a su contexto social: en ambientación, lenguaje, modas y comportamientos, el film practica una verdadera disección de su época. Los boliches, el café concert, las frases cuidadosamente construidas para comunicar el regodeo en la decadencia, y la ostentación del sexo sin compromisos emotivos funcionan como equilibrada contracara del té canasta, la identificación con los valores que defienden los periódicos conservadores, los padres que amparan sin escuchar y el sexo con la sirvienta, furtivo pero a la vez institucionalizado. El cine argentino del período no toleró tanta agudeza. El Instituto decidió no otorgar su calificación al film, quitándole así la posibilidad de estrenarse. Kuhn no volvió a filmar por siete años y el negativo se perdió. En 2003 fue hallado y restaurado por integrantes de APROCINAIN.

Qué...? (Che? / Quoi?, Italia / Francia / Alemania Federal, 1972) de Roman Polanski, c/ Marcello Mastroianni, Sydne Rome, Hugh Griffith, Roman Polanski. 115’.
Alguien dijo que esta película era la versión de Polanski de Alicia en el país de las maravillas. La bella Sydne Rome pierde la ropa cinco minutos después de los títulos y poco después se


sumerge en una casa habitada por toda clase de delirantes. En el momento de su estreno y tras los despliegues sangrientos de Macbeth (1971) el film fue recibido con estupefacción y cayó primero en manos de la censura y luego del desprecio. Algunos empecinados, con el tiempo, se atrevieron a decir que Polanski había hecho una comedia inscripta en la tradición de irreverencia que caracteriza al surrealismo. La mayoría, en cambio, sigue pensando que se trata de una pavada. Demás está decir que nos contamos entre los primeros.

Los traidores (Argentina, 1973) de Raymundo Gleyzer, c/ Víctor Proncet, Lautaro Murúa, Susana Lanteri, Raúl Fraire, Luis Politti, Martín Coria. 114’.
Con su historia de corrupción en el contexto de la dirigencia sindical peronista, rigurosamente basada en hechos reales, Los traidores fue uno de los más importantes films del cine militante argentino que se produjo en la clandestinidad durante las dictaduras de Onganía, Levingston y Lanusse. Tras el golpe del 76 su director Raymundo Gleyzer fue desaparecido y asesinado, y la mayor parte de su elenco debió exiliarse o resignarse a no obtener trabajo en Argentina. Después, tras el regreso de la democracia, hizo falta una década para que el film fuera rescatado y exhibido públicamente (por la Filmoteca Buenos Aires, a partir de 1993), gracias a lo cual la obra de Gleyzer pudo ser conocida y apreciada por las nuevas generaciones. Se exhibirá con entrada libre y gratuita.

Traigan la cabeza de Alfredo García (Bring Me the Head of Alfredo García, EUA,1974) de Sam Peckinpah, c/ Warren Oates, Isela Vega, Emilio Fernández, Gig Young. 100’.
Harto de que los estudios mutilaran su obra, Peckinpah los envió al cuerno y decidió hacer una película personal de manera independiente, a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México. Un caudillo temible (Fernández) ofrece un recompensa millonaria por la cabeza de un tal Alfredo García, dato que llega a oídos de Bennie (Oates), quien sabe dónde encontrarla. En parte es un film de acción (y por momentos parece una remake minimalista de La pandilla salvaje) pero su tono es el de un cómic de humor negro, impredecible y sombrío. Se verá en copia nueva, recientemente adquirida por la Filmoteca Buenos Aires.


Evento especial

Intolerancia (Intolerance, EUA, 1916) de David Wark Griffith, c/ Robert Harron, Mae Marsh, Constance Talmadge, Alfred Paget, Seena Owen, Bessie Love, Eugene Pallette. 140’.
Griffith invirtió en Intolerancia la inmensa fortuna que había obtenido gracias al éxito de El nacimiento de una nación (1915). También decidió llevar a un inédito nivel experimental las técnicas narrativas que perfeccionaba desde 1908 y que deben contarse entre las más influyentes de la historia del cine. Esta vez decidió relatar cuatro historias paralelas, alternando escenas de una a otra, sobre el tema común de la intolerancia a través de los siglos. Pese a la audacia creativa del resultado, el público no volvió a acompañarlo y Griffith tardó varios años en recuperarse del golpe, aunque el tiempo le dio la razón y los historiadores lo consideran su mejor film. Se exhibirá en copia nueva, adquirida por la Filmoteca Buenos Aires, con acompañamiento musical de la National Film Chamber Orchestra coordinada por Fernando Kabusacki.
Antes de la proyección, se presentará el libro El cine, un estudio psicológico, de Hugo Münsterberg. Editado por primera vez en 1916 y nunca traducido al español, el libro forma parte de la Colección Biblioteca del Cine y del Espectáculo de la Editorial Más Libros Más Libres, un proyecto editorial de la Asociación Cultural Toscana de Buenos Aires.



3. Estreno - Film del mes XVIII
Meykinof, de Carmen Guarini (Argentina, 2005)
Sábados 3, 10 y 17 a las 20:00 y domingos 4, 11 y 18 a las 22:00
Jueves 22 y 29 a las 20:00 y viernes 23 y 30 a las 22:00


Este film es la historia del seguimiento de un rodaje a partir del cual su directora se interroga por los cruces entre el cine, la realidad, los fantasmas y la muerte. Edgardo Cozarinsky filma en Buenos Aires de noche la historia de un taxi-boy que se enfrenta con la muerte encarnada en antiguos amantes. Guarini descubre los entretelones y la cotidianeidad de esta filmación. Su rechazo con el establecido formato del “making off”, la lleva a dudar sobre el camino a seguir. Guarini logra una suerte de estudio del proceso creativo por el cual pasa un autor, durante el rodaje de su obra

“Meykinof no busca mostrar o describir un rodaje, de ahí su grafía deformada, sino encontrar con la cámara cuestiones que respondan a interrogantes que la directora se formula en relación con lo que es el cine, lo que es el documental y lo que significa el acto creativo.
Guarini no filma un “making off” sino una película autónoma sobre un film independiente. Que relata el rodaje de Ronda Nocturna, de Edgardo Cozarinsky, para indagar en su propio rol como cronista en el mundo.
El relato formula una pregunta tras otra y se convierte en un ensayo sobre el oficio de mirar… La autora desconfía de los lugares comunes del realismo.” (Julián Gorodischer Página/12)

“Deudora de una generación que se acercó al documental desde una vertiente política pero que también supo que la búsqueda formal es elemento que logra complejizar e interpelar la realidad.” (Pedro Fernández Mouján, Agencia TELAM)

“MEYKINOF: es un documental de Carmen Guarini (Tinta Roja, HIJOS, etc.) que se interna en el rodaje del film de Edgardo Cozarinsky, Ronda nocturna. Sin embargo, más allá de los pormenores de la filmación, el film de Guarini reflexiona sobre el proceso creativo y el lugar del observador, -tanto del director como de ella misma en su rol de testigo-. Una oportunidad de acercarse a la intimidad de un rodaje sin el habitual convencionalismo de cualquier detrás de la escena hollywoodense.” (Pablo E Arahuete – cinefreaks)


Ficha técnica
Guión, Fotografía y Dirección: Carmen Guarini, Montaje: Martín Céspedes, Segunda Unidad de Cámara: Sebastián Martínez, Sonido directo: Carmen Guarini, Armado de Bandas y Mezcla: Gaspar Scheuer – Hernán Risso Patrón Productor: Marcelo Céspedes, Producción Ejecutiva: Paola Pernicone, Jefatura de Producción: Maite Diorio, Asistente de Montaje: Hernán Buffa, Producido por CINE OJO. Productor: Marcelo Céspedes.


4. Continúa – Film del mes XVII
Vida en Falcon, de Jorge Gaggero (Argentina, 2004)
Sábados 3, 10, 17 a las 22:00 y domingos 4 y 18 a las 18:30

“No se trata de una película institucional o un comercial de promoción del viejo modelo de la conocida marca de automóviles, con sus facilidades de pago y su confort interno. Aunque, a su manera, hay algo de compra/venta y cuestiones de comodidad. Ni siquiera se trata del siempre presente fantasma de los Falcon verdes y la represión de la historia argentina reciente, aunque el Comando en Jefe del ejército tampoco está del todo ausente.
El título de este excelente trabajo documental es sencilla y crudamente literal. Aquí nomás, en torno a los barrios de Núñez o Belgrano en la cosmopolita ciudad de Buenos Aires, Gaggero frecuenta a dos personajes, Eduardo y Luis, en su cotidiano sobrevivir a bordo de sus viejos y corroídos –pero a su modo, cuidados- Ford Falcon, que yacen estacionados en algún rincón disponible.
¿Un nuevo tipo de vivienda popular producto de la crisis? Sin discursos ni entrevistas grandilocuentes, la opción consiste en una cámara que se presenta allí día a día para observar y escuchar de cerca de estos hombres, hasta hacer emerger las verdades que el documental siempre acecha. Historias de vida con seres humanos que, con toda dignidad, sobreviven en el rebusque. Historias en las que confluyen los pequeños y grandes temas de la realidad social argentina: desde los modos de la economía de subsistencia, el deterioro, la vecindad y la solidaridad entre iguales, hasta la profunda crisis que condujo a Orlando, vecino del barrio durante treinta años con casa y trabajo, a esta “vida en Falcon”.
Mariano Mestman


Sinopsis
Orlando (55) vive dentro de su auto, un Ford Falcon, en el barrio de Núñez a tres cuadras de donde tuvo su hogar, su mujer y un trabajo. Luis (32) acaba de comprarse un Falcon modelo ´68. No sabe manejar. Su idea es usarlo de vivienda como lo hace Orlando, desde que no pudo pagar la luz, el gas y el teléfono. Orlando enseña a su novato discípulo los pormenores de una novedosa forma de subsistencia, sus bondades y adversidades. Poco a poco esta convivencia va consolidando una amistad

Vida en Falcon obtuvo el premio del jurado en el 7º Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI). Ha sido invitada a participar en el Festival de Biarritz, en la Viennale de Viena, y en el London Film Festival.


Biofilmografía
Jorge Gaggero es argentino y tiene 34 años. Estudió en el Centro Experimental de Realización Cinematográfica de Buenos Aires (hoy ENERC). Trabajó para el Shoah Visual History Foundation y fue becado por el Fondo Nacional de las Artes. Su primer largometraje, Cama adentro, fue la película de apertura del 7º Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI). El film obtuvo el premio especial del Festival de Sundance. Anteriormente dirigió los cortometrajes Sólo cuando respiro (1994), Ojos de fuego (1996, corto que participó el ciclo Historias breves), The Secret of the Sea (2001) y Un pedazo de tierra (2001).




5. malba.moda
Au-delà du vêtement – 18 moments de mode en vidéo
Durante todo el mes. Entrada libre y gratuita
De jueves a domingos a las 18:00

“Au-delà du vêtement“. Por Raphaëlle Stopin
“De l’Hiver de l’Amour (1994) a Rapture, Art’s Seduction by Fashion (2002) o incluso a la Bienal de Florencia de 1996, la última década dio muestras claras del magnetismo que la moda ejerce sobre el arte. Esta exposición se fijó como objetivo el de examinar no tanto la infiltración de la moda en el campo del arte, sino su recíproca, por medio del video.
Impulsado por una generación incipiente familiarizada con el medio y acostumbrada a la “transdisciplinaridad”, el video se convirtió en algo más que una simple herramienta de información. (...) El creador ya no ha de limitarse a una utilización documental. Hoy se apodera de las p