Malba - Fundación Costantini - Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires
Icono FACEBOOK Icono Twitter Icono Pinterest Icono YouTube Icono RSS Icono RSS Icono RSS Icono RSS
Icono Malba en vivo
Bookmark and Share
 
malba.cine | Películas proyectadas

En 1985, después de una proyección de No habrá más penas... en Los Angeles, hubo un debate y uno de los espectadores me preguntó cuándo iba yo a hacer la película sobre los desaparecidos. Le respondí que no me sentía moralmente habilitado,  que había colegas míos que habían sufrido persecución, habían tenido que exiliarse y que seguramente ellos iban a tomar el tema con más autoridad que yo. Si bien a Ayala y a mí también nos habían amenazado de muerte, lo cierto es que no nos habíamos ido y no nos había pasado nada salvo prohibiciones de participar en programas de la radio y la televisión oficiales.


Ya se había hecho La historia oficial pero después no hubo quien tocara este tema. Durante el juicio a los comandantes en jefe se publicaba un diario que transcribía las alternativas del proceso.  Ahí me enteré del caso llamado “la noche de los lápices”, en el que fueron secuestrados siete jóvenes dirigentes que luchaban por el boleto estudiantil secundario, y que terminaron encarcelados, torturados y desaparecidos. Quedé estupefacto. Pensé que no podía haber un tema más indiscutible que este hecho paradigmático del secuestro y desaparición que se extendió a más de doscientos adolescentes.  Y,  de la misma manera que antes me parecía que no era yo el más adecuado para hacer la gran película de los desaparecidos,  al enterarme de este caso sentí la obligación moral de hacerlo.

Necesitado de un coautor que manejara los códigos de los jóvenes me contacté con Daniel Kon, que había hecho el guión de Los chicos de la guerra. Él aceptó el proyecto con entusiasmo y lo primero que hicimos fue tener largas entrevistas con Pablo Díaz,  el único sobreviviente, que después  actuó como asesor general del rodaje. María Julia Bertotto construyó el decorado Pozo de Banfield usando hierro y cemento en lugar de cartón pintado, porque los chicos tenían que tener la perfecta sensación de opresión y yo tenía que filmar adaptándome a esa sensación de encierro. El rodaje fue emocionalmente muy duro porque en La Plata filmamos en los mismos lugares donde habían ocurrido los hechos, la facultad de Bellas Artes, el cuarto de Claudia Falcone que la familia mantenía tal cual ella lo había dejado, la casa donde habían secuestrado a otros dos chicos... En los Estudios Baires vivimos momentos muy conmovedores en la última semana cuando los jóvenes actores sufrieron la angustia de sus personajes cuando se despiden de Pablo, sumada a la pérdida que les suponía el fin del rodaje. Años después,  en una encuesta realizada entre estudiantes secundarios, la mayoría contestó que lo único que sabían del tema de los desaparecidos era lo que vieron en La noche de los lápices que,  por cierto,  fue la película –nacional o extranjera- de más alto rating en la televisión argentina.”