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malba.cine | Películas proyectadas

Vidas secas de Nelson Pereira Dos Santos

En los años cincuenta, paralelamente al desarrollo de las grandes compañías cinematográficas, surgieron en Río de Janeiro y São Paulo varios grupos articulados en torno a la idea de hacer un cine independiente del proceso industrial y más volcado sobre las realidades sociales y políticas del país.
En esa línea, a partir de 1952 se organizarían distintos congresos para debatir problemáticas tales como los motivos del fracaso de la Companhia Cinematográfica Vera Cruz, la estructura de dominación de la industria norteamericana, el papel del estado en la producción cinematográfica, el significado cultural del cine y las posibilidades mismas de trabajar bajo esas condiciones. Conclusión de tales debates fue la necesidad de hacer películas que retratasen las realidades geográficas, económicas, sociales y culturales de Brasil, siempre en relación a sus circunstancias de subdesarrollo. Estas realidades deberían recibir, sin embargo, un tratamiento intelectual y refinado propio de las obras de arte. Con tal objetivo se buscaron formas de producción artesanales, que eludieran la utilización de los grandes estudios o el aparato técnico que caracterizaba a la producción extranjera: estaban dadas las directrices del cinema novo.
En este contexto, Nelson Pereira dos Santos encontró en el interior del Nordeste, en la novela Vidas secas, de Graciliano Ramos, y en la obra plástica de Cándido Portinari los referentes para la realización de la que sería una de las mejores películas de la historia del cine brasileño y uno de los marcos referenciales del cinema novo. La novela de Graciliano Ramos se constituía para el cineasta como un adecuado medio de expresión de lo que podría ser una cultura auténticamente brasileña, así como un poderoso factor de cuestionamiento de las realidades sociales del país.
Vidas secas narra la historia de una familia –Fabiano, su mujer, la sinhá Vitória, y sus dos hijos– en el sertao de los años cuarenta. Huyendo de la sequía, Fabiano llega a una pequeña propiedad rural donde es contratado como peón para cuidar del ganado y prestar pequeños servicios. Cuando acaba el período de sequía, la familia logra quedarse en la propiedad, pero un día –con ocasión de una breve visita al pueblo para asistir a una fiesta religiosa– Fabiano se ve mezclado en una pelea, encarcelado, azotado y humillado. Al recobrar la libertad, Fabiano es engañado por el propietario de la tierra, quien no le paga lo que le debe. La sequía vuelve y la familia se ve obligada a emigrar nuevamente. Esta vez en dirección a la ciudad. Con la esperanza de que allí no haya miseria y de que los hijos, un día, “dejen de ser animales”.
Claramente, Pereira dos Santos buscaba una narración alejada de los clásicos y construida bajo las condiciones propias de Brasil, particularmente de la depauperada región del Nordeste. Tanto los escenarios naturales como la fotografía, la interpretación de los actores o la banda sonora subrayan la perspectiva realista adoptada. No hay tampoco en Vidas secas grandes diálogos ni gestos o actitudes exaltadas. La escenografía cede su lugar a un paisaje marcado por la sequía y el sol abrasador. Casi no hay música: el ruido de un carro tirado por vacas, medio de transporte común en la región, acompaña toda la película. Como resultado, los hombres, el paisaje, los animales y las cosas aparecen integrados en una misma realidad.
Vidas secas se estrenó en Río de Janeiro en agosto de 1963 y obtuvo una excelente acogida entre el público y la crítica. También obtuvo un resonante éxito internacional, representando a Brasil –junto a Dios y el diablo en la tierra del sol, de Glauber Rocha– en el Festival de Cannes de 1964 (donde obtuvo numerosos premios no oficiales) y en la Rassegna del Cinema Latinoamericano de Génova (Premio a la mejor película). Aunque ambas películas ensayan aproximaciones a la realidad brasileña a través del sertao nordestino, representan no obstante estadios distintos del cinema novo y se adscriben a tradiciones diferentes y complementarias de la cultura brasileña: mientras que Dios y el diablo en la tierra del sol se inscribe en la tradición barroca que pasa por Os sertoes, de Euclides da Cunha, y por la obra de Guimaraes Rosa.
Realizada en una época de gran agitación política y social, en vísperas del golpe de estado que iba a instaurar la dictadura militar en Brasil, Vidas secas es uno de los títulos mayores de la filmografía de Pereira dos Santos, cineasta en quien cabe reconocer no sólo a uno de los pioneros del cinema novo, sino también a uno de los que más se habría de interesar por las temáticas urbanas y por las aproximaciones no realistas a los grandes temas de la cultura brasileña.
María Alzira Brum en Tierra en trance; el cine latinoamericano en 100 películas (compilación de Alberto Elena y María Díaz López), Alianza, Madrid, 1999.

 Domingo 8 de febrero de 2004 a las 18:00
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 Viernes 20 de febrero de 2004 a las 20:15
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 Sábado 24 de septiembre de 2005 a las 11:00
 Sábado 1 de octubre de 2005 a las 11:00
 Sábado 15 de octubre de 2005 a las 11:00