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malba.cine | Películas proyectadas

Agonía de amor de Alfred Hitchcock


El productor David Selznick se sentía intrigado por The Paradine Case, una novela de Robert Hichens. Ya en 1935, cuando trabajaba para Metro-Goldwyn-Mayer, había intentado interesar a Greta Garbo para que interpretara el papel de la misteriosa Sra. Paradine, cuyos encantos provocan la caída de un respetable abogado inglés contratado para defenderla de la acusación de asesinar a su marido. Todavía con la esperanza de lograr que Garbo saliera de su retiro para hacer el personaje, Selznick compró los derechos de la novela a la MGM y se la ofreció a la diva. “Desafortunadamente”, contó Selznick entonces, “la señorita Garbo siempre sintió una fuerte aversión por esta historia y todavía no quiere protagonizarla”. A Hitchcock tampoco le interesaba el proyecto, pero estaba bajo contrato con Selznick por cinco mil dólares semanales y se sentía en la obligación de aceptarlo. Trató de entusiasmarse con el argumento y finalmente logró encontrar algunos elementos que lo intrigaron. Según le contó a François Truffaut muchos años después, “Lo que me atrajo de esa película fue tomar a una persona como la Sra. Paradine, ponerla en manos de la policía, obligarla a someterse a todas sus formalidades, y hacerla decirle a su mucama: ‘Creo que no volveré a cenar’. Y luego mostrarla pasando la noche en una celda, de la cual, de hecho, ya no saldrá”.
Hitchcock y su esposa, Alma Reville, prepararon una adaptación de la novela que sintieron aceptable, pero Selznick, cuando finalmente encontró el tiempo para leerla, no estuvo satisfecho. Luego el productor aceptó la sugerencia de Hitchcock de llamar al prestigioso dramaturgo escocés James Bridie para trabajar en el libreto. Pero a Bridie no le gustó el país y regresó rápidamente a Inglaterra, hizo su trabajo desde allí y lo envió al estudio por correo. Esa situación resultó ser inaceptable para Selznick, quien decidió hacerse cargo de la escritura del guión personalmente, a pesar del poco tiempo libre que le dejaban sus otros asuntos. Con la esperanza de hacer que el trabajo fuera más rápido, llamó de emergencia al escritor Ben Hecht pero incluso esa opción no tuvo el resultado de otras oportunidades. La agenda de Hecht no le permitió trabajar en el proyecto durante mucho tiempo y Selznick tampoco fue capaz de dedicar el tiempo que quería para trabajar con él. Como resultado, mientras se acercaba el comienzo del rodaje, previsto para el 23 de diciembre de 1946, Selznick escribió: “Estoy al borde del colapso, no pienso con claridad y en estas condiciones tengo que tratar de rescribir y arreglar The Paradine Case. Estoy seguro de que tiene tremendas fallas, pero tendrá que estar perfecto a la hora de comenzar a rodarse. Debo confiar en que de algún modo seremos capaces de reunir el elenco, considerando que habrá después costosas retomas. Todo esto suponiendo que, incluso cuando la película esté terminada, yo tendré algún tiempo para hacer mi trabajo como productor”.
Por primera vez en su larga asociación, Selznick y Hitchcock se encontraron profundamente en desacuerdo acerca del elenco de un film. Selznick había persistido en sus esfuerzos por encontrar talentos nuevos y, en la esperanza de hallar un reemplazo para Ingrid Bergman, importó a una actriz italiana llamada Alida Valli. Habiendo visto una prueba filmada, el productor le asignó el papel de la enigmática Sra. Paradine, luego de pedirle las alteraciones necesarias para ajustarla a su idea de lo que debía ser una estrella: dentadura nueva, una dieta estricta, la eliminación de su acento y, por razones publicitarias, de su nombre de pila. Selznick también insistió en que Hitchcock utilizara a Gregory Peck para el papel del muy inglés abogado que cae bajo el hechizo de su cliente. “No creo que Gregory Peck pueda representar adecuadamente a un abogado inglés”, dijo Hitchcock, que quería a Laurence Olivier o a Ronald Colman. (...)
Fue con todos estos problemas y compromisos que Hitchcock comenzó a filmar la película a fines de diciembre. El productor estaba atrapado con los problemas que presentaba el estreno de Duelo al sol (Duel in the Sun, King Vidor, 1946) y no había tenido tiempo de terminar el libreto. Hitchcock filmó todo lo que estaba escrito y luego, como contó después, “Selznick escribía una escena cada día y la enviaba al set, lo que constituye un método de trabajo muy pobre”. Esto resultó extremadamente perturbador para el cineasta, que tenía cada vez más problemas para mantener su interés en el proyecto. Selznick, quien normalmente era muy sensible a los problemas que alteraban el ritmo de un rodaje, de algún modo sintió en este caso que la dificultad era el propio Hitchcock. Como comentó en un memo a Dan O’Shea, presidente de su empresa de distribución, “Me preocupa mucho el avance de The Paradine Case. Hitch se ha retrasado tremendamente. En los primeros seis días de rodaje tuvo un retraso de tres días. Creo que ha percibido nuestra aparente indiferencia por los costos y la falta de la mano firme que en ocasiones anteriores mantuve sobre él. (...) Conocemos su extraordinaria eficiencia cuando quiere ser eficiente. Te puedo asegurar algo: veremos resultados enteramente diferentes cuando comience una película suya y también puedes estar seguro de que él atribuirá esa eficiencia a su propia manera de hacer las cosas, en oposición a la gran ineficacia que nos atribuye. Me ha dicho que consideraba ‘bochornoso’ el modo en que comenzamos a rodar esta película, con todos los preparativos necesarios realizados ‘con un atraso de veinte años’.
En un esfuerzo por acelerar las cosas, Hitchcock, Selznick y el director de fotografía Lee Garmes decidieron filmar la escena culminante del juicio utilizando múltiples cámaras y registrar la acción sin interrupciones, como en una obra teatral, para tener toda la escena filmada en un día en lugar de los tres o cuatro necesarios para hacerla del modo normal. Sin embargo, a pesar de esa intención, el rodaje de la secuencia tomó igualmente tres días debido a los ensayos con el elenco y el equipo y la disposición de la complicada iluminación necesaria.
Ronald Haver en David O. Selznick’s Hollywood, Secker & Warburg, Londres, 1980.

 Miércoles 14 de septiembre de 2005 a las 19:30