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La muerte de Alberto Greco (en cinco personajes) de Nicolás Zukerfeld


El Cine Vivo-Dito
¿Cómo hacer una película Vivo-Dito? La muerte de Alberto Greco (en cinco personajes), el cortometraje de Nicolás Zukerfeld, se propone eso. Como un círculo perfecto, el film rodea a la figura del artista plástico argentino (1931-1965), promotor del informalismo y del arte efímero. Greco se suicidó en Barcelona: primero escribió en su muñeca la palabra “fin” y después se tomó un frasco de barbitúricos. Irreverente, iconoclasta, hipertélico, poco antes había redactado el Manifiesto Dito del Arte Vivo: “El arte vivo es la aventura de lo real. El artista enseñará a ver no con el cuadro sino con el dedo. Enseñará a ver nuevamente aquello que sucede en la calle. El arte vivo busca el objeto pero al objeto encontrado lo deja en su lugar, no lo transforma, no lo mejora, no lo lleva a la galería de arte. El arte vivo es contemplación y comunicación directa”. El Arte Vivo de Greco consistía en “señalar” algún transeúnte, marcando un círculo a su alrededor y firmándolo como obra artística. Gesto de intervención sobre el mundo, la mirada se apropia y enseña a observar de nuevo aquello que, de tan visto, se ha vuelto invisible.
Zukerfeld también señala con el dedo, indica lo que ve. La muerte de Alberto Greco (en cinco personajes) es un film indexical. Lo mismo que Greco pintando directamente con los dedos, el cineasta toca con su vista los objetos y las personas. Se trata de imágenes deícticas: esto, eso, aquello, lo de más allá. “¿Qué ves acá?”, le preguntan a un niño a propósito de unas fotos que no alcanzamos a percibir. El niño enumera lo que ve: una calle, un perro, una persona que está durmiendo pero que, quizás, no esté durmiendo. A veces las apariencias engañan. ¿Cómo relevar lo que sucede? ¿Cómo relevar lo que sucede a medida que sucede y antes de que desaparezca? Catalogar, enumerar, contar: la descripción va detrás de los movimientos del mundo. “¿Qué andás haciendo por acá?”, le preguntan a un joven (que tiene 34 años, como Alberto Greco, y que está por irse del país), pero él solo responde “estoy de paso”. Después agrega: “voy a contar”. Pero se trata de una cuenta regresiva.
La muerte de Alberto Greco (en cinco personajes) es una auténtica película Vivo-Dito porque rodea por un momento a su personaje y luego lo deja ir. Zukerfeld responde con sencillez y con una naturalidad asombrosa a las preguntas sobre arte y biografía, sobre cine y retrato. ¿Cómo hacer un biopic en un par de minutos? La respuesta del cineasta es absurda y clara a la vez. En primer lugar Zukerfeld acepta que es imposible y luego, a renglón seguido, sugiere que todo es posible. Todo es posible si se opera por resonancia, en forma oblicua y fragmentariamente. La desproporción y la falta de escala son, aquí, cuestiones centrales: no intentar disimular la distancia desmesurada entre la duración del film y la vida del retratado sino, más bien, acentuar la tensión. ¿Qué debe tener un retrato cinematográfico de Alberto Greco? No debe tener, precisamente, imágenes de Greco ni imágenes de las obras de Greco. Bien, ¿pero entonces? Basta con prolongar esa línea singular en donde vida, obra y personaje son todo uno. La película de Zukerfeld no cuenta la historia de Greco, no explica sus cuadros; se limita a poner en escena un tono o una actitud que es tanto vital como estética. No filma a su personaje sino que es filmado por él, así como el propio artista afirmaba que no pintaba sus cuadros sino que era pintado por ellos.
¿Qué puede aportar un film a la vida o a la obra de un artista plástico? Si el cine sirve de algo es para contar el paso del tiempo. Pero ésa fue, al fin y al cabo, la obsesión de Greco que trabajaba como si, permanentemente, estuviera preguntándose cuánto le quedaba. En realidad a Zukerfeld no le interesa la vida sino la muerte del artista. ¿Pero cuándo comienza su muerte?, ¿desde cuándo empezar a contar? Se trata –como ya se vió– de una cuenta regresiva. “¿Cuánto tarda en hacer efecto un frasco de barbitúricos?”, pregunta una voz insistente a lo largo del film. Cinco días, tres horas, un minuto. La película durará lo que dura esa espera. En un sentido, las imágenes de Zukerfeld poseen una densidad por momentos intolerable; pero en otro sentido, son extremadamente ligeras. Una después de otra, pasan y se desvanecen a medida que son vistas. Como si, en lugar de acumularse en una sucesión, cada momento fuera borrando al anterior. El cine, entonces, no refleja el mundo sino que persigue, siempre infructuosamente, la evolución de las cosas. Alguien (el propio director) cronometra mientras otro enuncia lo que acontece. Enumera lo que ve. Y a lo que ve le da un nombre. Nombrar es ordenar el caos del mundo. Ésa es, en definitiva, la función del arte. Es una prueba de velocidad, de retentiva, de inmediatez. El tiempo huye, sin duda. Pero el film no padece esa fugacidad, de la misma manera en que no padece la corta duración. Más bien, al contrario: dilapida su tiempo y se consume gozosamente. Por eso el problema de Zukerfeld no es cómo aprovechar el formato de un minuto; su película demuestra que innumerables cosas caben en ese lapso. Muchos sucesos hay en este breve film que nunca piensa estrategias para ganar tiempo sino que se dedica a perderlo.
En última instancia, no hay películas cortas o largas. Ahora lo sabemos. La muerte de Alberto Greco (en cinco personajes) dura sólo un par de minutos, pero en realidad habría que verla como en un loop interminable que vuelve a comenzar cada vez que se dispone a concluir. El film de Nicolás Zukerfeld es una supernova que explota ante nuestros ojos pero cuya intensidad permanece aun luego de haber desaparecido: sus destellos siguen brillando en ese otro espacio sideral que es el de la memoria. David Oubiña

Bio-Filmografía del director
Nació en Buenos Aires en 1982. Dirigió los cortometrajes “El fusilamiento de Dorrego” (2002), “La escena familiar (2002), co-guionista del largometraje "Cómo estar muerto/Como estar muerto" (2007) de Manuel Ferrari y co- dirigió su primer largometraje “A propósito de Buenos Aires” (2006), que fue seleccionado para la Competencia Oficial Argentina del BAFICI 2006 y Viennale 2006, entre otros festivales. Actualmente se encuentra en la etapa de post-producción de dos nuevos cortometrajes “En la calle” y “La distancia entre las cosas”, ambos filmados en 16 MM blanco y negro.

Ficha técnica
Director: Nicolás Zukerfeld
Guión: Nicolás Zukerfeld
Productor: Pablo Chernov
Co-Productor: Fundación Universidad del Cine
Director de Fotografía: Fernando Lockett
Arte: Marina Califano
Sonido: Manuel Ferrari
Asistente de Dirección: Malena Solarz
Intérpretes: Guillermo Massé, Milagros Gallo, Joaquín Liniado, Matias Piñeiro y Hernán Morilla.
Formato: 16 MM Color
Nacionalidad: Argentina
Año de Producción: 2006

 Jueves 7 de febrero de 2008 a las 18:00: Entrada libre y gratuita
 Viernes 8 de febrero de 2008 a las 18:00: Entrada libre y gratuita
 Jueves 14 de febrero de 2008 a las 18:00: Entrada libre y gratuita
 Viernes 15 de febrero de 2008 a las 18:00: Entrada libre y gratuita
 Jueves 21 de febrero de 2008 a las 18:00: Entrada libre y gratuita
 Viernes 22 de febrero de 2008 a las 18:00: Entrada libre y gratuita
 Jueves 28 de febrero de 2008 a las 18:00: Entrada libre y gratuita
 Viernes 29 de febrero de 2008 a las 18:00: Entrada libre y gratuita