Malba - Fundación Costantini - Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires
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malba.cine | Películas proyectadas


El amigo (Argentina, 1959) c/ Oscar Orlegui, Horacio Favio, Alfredo Milet. 10’.

Favio se propuso narrar una relación imaginaria de dos niños: un lustrabotas que trabaja en la puerta de un parque de diversiones y un niño bien que sale de paseo de la mano de su padre. Esta anécdota neorrealista, de arquetipos y lucha de clases, es la posibilidad de construir una de las amistades viriles entre belicosas y afectivas, propias del cine de Favio posterior: Polín y sus compañeros de ruta en Crónicas de un niño solo (de la que El amigo es un antecedente directo), Carlos y Mario en Soñar, soñar y Gatica y El Ruso en Gatica, el mono.
Texto de Diego Trerotola


Crónica de un niño solo (Argentina- 1965) c/ Diego Puente, Tino Pascali, Cacho Espíndola, Beto Gianola, Leonardo Favio. 77’

“Daría diez años de vida por filmar un plano como los de Leonardo Favio”, frase atribuida a Pier Paolo Pasolini luego de ver uno de sus films en el Festival de Mar del Plata. La ofrenda parece justificada desde el rigor y la pasión de Pasolini. Es que Favio compone sus encuadres y narra sus historias de una forma compleja y a la vez aparentemente simple. Un ejemplo es el plano inicial de “Crónica…”. La cámara inmóvil en lo alto de un corredor en la lobreguez de un internado de menores. Desde arriba y en su quietud, abarca la escalera y los pasillos por donde los niños comenzarán a desfilar para recibir la visita de sus familiares. A un costado Polín, el protagonista, es retenido por un temible celador. Los chicos salen ordenadamente por izquierda de la cámara y van reapareciendo en los distintos recovecos de la escalera, para finalmente emerger, ya abajo, como una disciplinada fila de hormigas y salir de cuadro por derecha. Recién cuando el último cruza el pasillo, el celador libera a Polín. Este corre, más para liberarse de su cancerbero que esperanzado por la supuesta visita. Abajo no encontrará a nadie. El efecto de soledad y rigor carcelario es devastador. Dos veces repetirá el encuadre en picado sobre el lugar de reunión. El espacio, un rombo vacío rodeado de columnas, es por sí sólo el más elocuente testimonio sobre la soledad y el desamparo que haya dado el cine argentino. Texto de Eduardo Rojas

 Jueves 19 de abril de 2007 a las 16:00
 Viernes 20 de abril de 2007 a las 14:00
 Viernes 27 de abril de 2007 a las 16:30