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malba.cine | Películas proyectadas

Mientras la ciudad duerme (The Asphalt Jungle, EEUU-1950) Director, John Huston. Libreto de Huston y Ben Maddow, sobre novela de W.R.Burnett. Fotografía: Harold Rosson. Música: Miklos Rozsa. Dirección artística: Randall Duell, Cedric Gibbons. Decorados: Edwin Willis, Jack Moore. Montaje: George Boemler. Asistente de dirección: Albert Band, Jack Greenwood. Sonido: Douglas Shearer, Robert Lee. Maquillaje: Jack Dawn, Lew La Cava. Peinados: Sydney Guilaroff, Elaine Ramsey. Producción: Arthur Hornblow, Jr. Delegado de producción: Lee Katz. Productora: Metro Goldwyn Mayer. 112’.
Elenco Sterling Hayden (Dix Handley), Sam Jaffe (Doc Erwin Riedenschneider), Louis Calhern (Alonzo D. Emmerich), Jean Hagen (Doll Conovan), Marilyn Monroe (Angela Phinlay), James Whitmore (Gus Minissi), Anthony Caruso (Louis Ciavelli), Marc Lawrence (“Cobby” Cobb), John McIntire (comisario Hardy), Barry Kelley (teniente Ditrich), Teresa Celli (Maria Ciavelli), William Davis (Timmons), Dorothy Tree (May Emmerich), Brad Dexter (Bob Brannom), John Maxwell (Dr. Swanson), Benny Burt, Frank Cady, Jean Carter, David Clarke, John Cliff, Henry Corden, Chuck Courtney, Ralph Dunn, Gene Evans, Pat Flaherty, Alex Gerry, Sol Gorss, Fred Graham, william Haade, Don Haggerty, Eloise Hardt, Thomas Browne Henry, Strother Martin.
Estreno en Buenos Aires: 7 de febrero de 1952.


John Huston nació en Missouri (EEUU) el 5 de agosto de 1906 y falleció en Middleton, Rhode Island, el 28 de agosto de 1987. Además de los films citados en el texto, deben mencionarse Huracán de pasiones (Key Largo, 1948), La burla del diablo (Beat the Devil, 1953), Moby Dick (Ídem., 1956), Lo que no se perdona (The Unforgiven, 1960), Los inadaptados (The Misfits, 1961), La noche de la iguana (The Night of the Iguana, 1964), Reflejos en tus ojos dorados (Reflections in a Golden Eye, 1967), Ciudad dorada (Fat City, 1972), El juez de la horca (The Life and Times of Judge Roy Bean, 1972), El hombre que sería rey (The Man Who Would Be King, 1975), Bajo el volcán (Under the Volcano, 1984), El honor de los Prizzi (Prizzi’s honor, 1985) y Desde ahora y para siempre (The Dead, 1987). Intervino como actor en varios films, incluyendo algunos propios. Su mejor papel fue el de Barrio chino (Chinatown, 1974) de Roman Polanski.



Huston entre delincuentes
Por Homero Alsina Thevenet

Antes de realizar Mientras la ciudad duerme (The Asphalt Jungle, 1950), que terminaría por ser un modelo del cine policíaco, John Huston había acumulado veinte años de experiencia en el cine y en el teatro. Como hijo del prestigioso actor Walter Huston, frecuentó camarines desde la adolescencia y se inició como libretista en 1931, con A House Divided, que fue también el comienzo de su amistad con el director William Wyler.
En los diez años siguientes, Huston escribió numerosos libretos, siempre en colaboración. Desde 1938 lo hizo para los estudios Warner, con lo que su nombre quedó asociado a algunos títulos importantes, como Jezabel, la tempestuosa (Jezebel, Wyler-1938), Juárez (Ídem., Dieterle-1939), Sargento York (Sergeant York, Hawks-1941), y Altas sierras (High Sierra, Walsh-1941). En 1940 pidió y obtuvo la oportunidad de dirigir. Aunque la novela El halcón maltés, de Dashiell Hammett, ya había sido filmada dos veces en la empresa, Huston quiso hacerla con una mayor fidelidad al original y con una marcada concentración narrativa, al punto de que el espectador sólo se entera de lo que va sabiendo y viviendo el detective protagonista (Humphrey Bogart). Con el tiempo, El halcón maltés (The Maltese Falcon, 1941) quedó considerado como un clásico del cine policíaco y del “film noir”, que fue todo un género en la época.

Conflictos
La guerra de 1941-1945 dio a Huston algunas experiencias como realizador. Para el Signal Corps del Ejército filmó tres documentales repartidos entre Alaska (Report from the Aleutians), Italia (The Battle of San Pietro) y un hospital norteamericano (Let There Be Light). Fueron casos conflictivos. Cuando los generales y coroneles vieron en privado The Battle of San Pietro manifestaron su reserva de que la película mostraba un fuerte contenido antibélico. La respuesta del director: “Caballeros, si yo llego a hacer una película a favor de la guerra, confío en que me arresten y me fusilen, porque lo merecería”. Un conflicto más grave fue la recepción de Let There Be Light, un documento sobre la neurosis de guerra y la ceguera de numerosos soldados. Ante ese amargo testimonio, el Ejército resolvió no estrenar una película que había encargado y financiado.
Afirmado ya su prestigio de independencia y fuerte carácter, Huston volvió a Estados Unidos. En el teatro neoyorquino dirigió una adaptación de Huis Clos de Sartre. En cine trabajó como adaptador para una versión de Los asesinos de Hemingway (que dirigió Robert Siodmak en 1946) y para una anécdota sobre un nazi fugitivo, dirigida y protagonizada por Orson Welles, que se tituló El extraño (The Stranger, 1946) En ambos casos el trabajo de Huston no recibió el crédito oficial. Reanudó su tarea con Warner, dirigiendo en suelo mexicano El tesoro de Sierra Madre (Treasure of Sierra Madre, 1948), libreto propio sobre novela de B. Traven. Después señaló que ése había sido un privilegio, por constituir la primera película americana (aparte de los documentales) enteramente filmada fuera de Estados Unidos. Allí se destacó el excelente papel que dio a su padre Walter Huston y su nueva colaboración con Bogart, que continuaría después. La película rindió un Oscar para Walter Huston y dos para su hijo, por dirección y por libreto.

Manos libres
En 1948 la Warner negó a Huston el permiso para dirigir en teatro una pieza de Eugene O’Neill, A Moon for the Misbegotten, y eso confirmó en el director su voluntad de independencia. Se negó a renovar el contrato con la empresa y en cambio fundó con el productor Sam Spiegel la nueva firma Horizon Pictures. Debutaron con Rompiendo las cadenas (We Were Strangers, 1949) anécdota sobre un intento revolucionario en Cuba, mediante un atentado que libraría al país de una dictadura policíaca. El resultado no conformó al director, que marcó después la falsedad de hacer pasar por cubanos a John Garfield y Jennifer Jones, mientras era más convincente Pedro Armendáriz como jefe de policía. En perspectiva, sin embargo, parece notable que Huston haya profetizado en 1949 una revolución cubana que ocurrió diez años después. Pese a que esa primera película resultó insatisfactoria, fue un acierto la creación de Horizon Pictures, como más tarde lo demostraría el audaz rodaje de La reina africana (The African Queen, 1951).
El período 1947-1951 fue particularmente crítico para el cine americano. Habían comenzado las investigaciones parlamentarias sobre el comunismo, se produjo la detención y cárcel para los Diez de Hollywood, se inició la campaña política de Joe McCarthy, mucha gente de cine quedó marcada y prohibida por las nuevas Listas Negras. Ese clima de suspicacia también tocó a Huston, que integró desde el comienzo uno de los comités de defensa para los acusados. Asimismo, en la crónica sobre We Were Strangers (abril 1949), The Hollywood Reporter se quejó “del más fuerte plato de teoría roja que se haya servido fuera de la Unión Soviética”. El director consiguió reírse de la acusación. A la semana siguiente, por lo contrario, la misma película era comentada por el periódico comunista Daily Worker como “propaganda capitalista”.
En esas fechas comenzó también la decadencia de las grandes empresas. Una orden judicial las obligaba a vender sus salas de exhibición, para romper todo monopolio en el negocio. Además, en 1948 comenzaban las primeras trasmisiones públicas de la naciente televisión, con una absorción gradual del público cinematográfico. Ese debut explica que Hollywood haya intentado novedades como el cine en relieve, el Cinerama y el CinemaScope.
En ese clima inestable, que produjo la sorprendente caída del magnate Louis B. Mayer (ejecutivo de MGM desde 1923), Huston aceptó un consejo de su agente. Firmó con la Metro un contrato sin exclusividad, que le permitía alternar tareas para la empresa y para Horizon. Primero le ofrecieron la dirección de Quo Vadis, pero discrepó con el enfoque religioso y espectacular, a la manera de Cecil B. De Mille, que proponía la Metro. Aceptó en cambio adaptar y dirigir La jungla de asfalto, una novela de W.R.Burnett recién aparecida.

Policial puro
Para realizar La jungla de asfalto (que en América Latina se estrenó como Mientras la ciudad duerme) Huston tuvo sólidos apoyos. El autor Burnett había escrito desde 1930 docenas de novelas, cuentos y libretos cinematográficos, que incluyeron su nombre en los créditos de títulos mayores como El pequeño César (Little Caesar, LeRoy-1931), Scarface (Ídem., Hawks-1932) y Altas sierras. El otro adaptador Ben Maddow tuvo también una intensa carrera. Poco antes había hecho Intruder in the Dust (sobre Faulkner) para la Metro y eso condujo a que la empresa lo reuniera con Huston. Al terminar este trabajo, Maddow ingresó a las Listas Negras y a una vida de escritura clandestina, como tantos de sus colegas.
Burnett y Maddow han reconocido a Huston los dos méritos mayores del film, previos a lo que seis años después harían Stanley Kubrick en Casta de malditos (The Killing, 1956) o Jules Dassin en Rififi (Du Rififi chez les hommes, 1955) Uno fue la fidelidad a la estructura de la novela, que puntualmente describe la formación de una banda para realizar un robo, después el robo mismo y finalmente el fracaso del intento y la dispersión de los delincuentes, todo ello sin desvíos ni retrocesos temporales. La otra virtud fue la definición justa de los diversos personajes, que parecen pensados para sus intérpretes, aunque ninguno de éstos era una estrella. Con papeles perfectamente dibujados figuran el expresidiario (Sterling Hayden), el cerebro alemán delincuente (Sam Jaffe), el abogado inescrupuloso que debe financiar la operación (Louis Calhern), su ambiciosa amante (Marilyn Monroe, en uno de sus primeros papeles), el experto en cajas fuertes que quiere ser buen padre de familia (Anthony Caruso), la mujer fácil pero ansiosa por rescatar a su hombre (Jean Hagen). En cada uno se marcan sentimientos y rencores, sin discurso explicativo. Es útil la indicación inicial de la pasión por los caballos que siente el presidiario, porque entre los caballos morirá al final. Y es útil también que el cerebro criminal examine al principio un almanaque de chicas semidesnudas, porque esa debilidad lujuriosa será su distracción y su perdición en las últimas escenas. En un elenco notable cabe destacar esa composición de Sam Jaffe, que fue candidato para un Oscar en 1950.
Algunos críticos han señalado un rasgo común en esas primeras películas de Huston, que describen un empeñoso esfuerzo y lo terminan en su fracaso. Al final de El halcón maltés resulta ser falsa la joya tan buscada. El oro de El tesoro de Sierra Madre termina disperso en el viento y el polvo. El intento de los revolucionarios cubanos en We Were Strangers queda frustrado por un dato azaroso. El robo de The Asphalt Jungle acaba con la muerte o la derrota de sus autores ante la policía. En el conjunto, se trasluce toda una filosofía escéptica de su director en la elección de sus temas.
La carrera inmediata de Huston prosiguió con el conflicto de Alma de valiente (The Red Badge of Courage, 1951), recortada por la Metro en una febril historia que dio origen a todo un libro de Lillian Ross (Picture, 1952). A eso siguió su alejamiento de Hollywood hasta Africa y París (Reina africana, Moulin Rouge), que se continuaría con otros trabajos en Irlanda y en Asia. Después llegó a declarar, con toda razón, que nunca se repitió en su larga carrera, donde dirigió más de cuarenta películas, sin contar las que escribió o interpretó, a lo largo de cinco décadas. Falleció en 1987.


Fuentes
The Cinema of John Huston, entrevistas por Gerald Pratley, 1977.
The Huston, biografía de una familia, por Lawrence Grobel, 1989.
Backstory 1 y 2, entrevistas de Patrick McGilligan a W.R.Burnett y a Ben Maddow, 1986 y 1991.


La opinión local

Suspenso en “Mientras la ciudad duerme”
Ayer se estrenó en el Normandie el film Mientras la ciudad duerme, The Asphalt Jungle en el título original por cierto más apropiado que la traducción. Se trata de un relato de índole policial que agrupa a varios delincuentes de diferentes clases sociales: el abogado que ejerce sus actividades al margen de la ley, el campesino que actúa como guardaespaldas, el especialista en abrir toda clase de cerraduras que es un esposo y padre amante, etc. Cada existencia es detallada separadamente y en conjunto cuando estos seres dispares se unen para cometer un importante robo. Esta técnica ofrece serias dificultades que no han sido salvadas del todo, por eso hay momentos en la película que parecen carecer de continuidad. En cambio, hay que elogiar el excelente diseño psicológico de cada personaje. John Huston dirigió con mano segura buscando tomas de efecto cuando la acción lo requería. Con una precisión y sentido dramático verdaderamente notables, impone su personalidad de manera avasalladora y hace que la homogeneidad tan difícilmente lograda entre los diversos elementos que se utilizan para realizar una película, sea un hecho concreto casi tangible. Esto implica también una cierta frialdad que se traduce en la falta de emoción. El reparto incluyó los nombres de Sterling Hayden, Louis Calhern, Jean Hagen, James Whitmore y Sam Jaffe quienes compusieron un extraordinario elenco mereciendo destacarse Jaffe por su agudeza y la pareja Hayden-Hagen por el tono despiadado impreso a sus amores.
(Crítica, 8 de Febrero de 1952)

Bien está el título original de Asphalt Jungle, mucho más preciso que el de Mientras la ciudad duerme, en la película que la Metro presentó ayer en el Normandie. El crimen y el delito crecen como la mala yerba en la selva del asfalto. John Huston, director de fuerte personalidad, ha realizado con el tema una de las mejores películas policiales salidas de Hollywood en los últimos años. Maneja el “suspenso” con admirable destreza en los primeros actos donde vemos que se prepara y se consuma el robo en gran escala de una principesca joyería. Pero John Huston no se complace únicamente con los excitantes de un juego criminal. Su película tiene un sentido más hondo y más humano. La idea central que lo conduce es la de que el crimen es un afán, una pasión mal encauzada. Por eso la galería de delincuentes que presenta señala penetrantes trazos de fina observación psicológica. Tiene la sinceridad, y la explica, de presentar a un policía corrompido y sobornado por las organizaciones del hampa. Mas tal comprobación no lo induce a una reflexión pesimista. Es humano también que el continuo contacto con delincuentes pueda contaminar y hacer caer en la tentación a un policía.
El final de una gran sugestión confirma lo de que no existe crimen perfecto. El mal recibirá su castigo. La severidad y la justicia no impiden el movimiento de compasión al contemplar el más duro de los matones, que no es intrínsecamente malo, caído en las praderas de Kentucky flanqueadas por la blanca empalizada, y rodeado por el silencio mortuorio, por los potros armoniosos que recordaba siempre en la ciudad en los momentos de asco y remordimiento. Un gran reparto de segundas figuras (un director de talento puede prescindir de las “estrellas”) actúa en la película: Louis Calhern, Sterling Hayden, Jean Hagen, Marc Lawrence, Sam Jaffe y James Whitmore.
(La Nación, 8 de Febrero de 1952)






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