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malba.cine | Películas proyectadas


A la hora señalada
(High Noon, EEUU, 1952) de Fred Zinnemann, c/ Gary cooper, Thomas Mitchell y Lloyd Bridges.85´


LA GUERRA DE UN SOLO HOMBRE
Por Fernando Martín Peña


A la hora señalada es un ejemplo bien documentado de trabajo en colaboración y su historia comienza con el guionista Carl Foreman (1914-1984) y con el productor Stanley Kramer (1913-2001). Tras un debut poco auspicioso con argumentos para dos películas de los Bowery Boys, Foreman se asoció con Kramer hacia 1948 en una productora independiente que además reunió a otros inquietos, como los realizadores Richard Fleischer, Mark Robson y Edward Dmytryk. Las películas que surgieron de esa empresa en su primer período compartían una doble lectura: por un lado, respetaban las pautas más o menos convencionales de un género, lo que facilitaba su comercialización; por el otro, se animaban a un abordaje de lo social que en Hollywood era todavía raro. Así, por ejemplo, El triunfador (Champion, 1949), sobre libreto de Foreman, fue aceptada de inmediato como un relato de acción ambientado en el mundo del box, pero no había que hilar demasiado fino para descubrir que en ese ambiente se concentraba una crítica más general a la sociedad norteamericana del período. El relativo fracaso comercial de Vivirás tu vida (The Men, 1950), que abordaba de manera directa las dificultades de rehabilitación de los discapacitados de guerra, demostró que para la taquilla era preferible ser elíptico (1)
Por eso no hay que sorprenderse cuando Foreman le explica al historiador Rudy Behlmer que el argumento de A la hora señalada se le ocurrió pensando una metáfora cinematográfica para represntar a las Naciones Unidas, organización en la que entonces Foreman creía. Ese primer argumento ambientaba la acción en el oeste, colocaba el regreso de un asesino en el tren del mediodía y lo oponía a un comisario que busca infructuosamente ayuda para proteger al pueblo. Foreman desconocía la existencia de The Tin Star, un cuento de John Cunningham de argumento similar, que la productora debió adquirir para evitar una posible acusación de plagio. En el cuento se planteaba la llegada de un criminal vengativo en tren pero faltaban varios personajes y el comisario, un hombre mayor y viudo, era muerto al interceptar una bala destinada a su segundo.
Mientras Kramer elaboraba otros proyectos, Foreman encontró un tema mucho más personal sobre el cual trabajar su western porque en 1951 el gobierno reanudó sus polémicas inquisiciones sobre la presumta infiltración comunista en Hollywood. Gradualmente, el guión de A la hora señalada evolucionó desde una parábola más o menos evidente sobre esa amenaza política, hasta la completa identificación de Foreman con el personaje de Gary Cooper. En 1979 Foreman declaró a la revista especializada American Film: “Aquí en Hollywood mi problema fue sentirme muy solo. No estaba en el bando de nadie. No era miembro del partido comunista en ese entonces, con lo cual no quería estar con ellos, pero obviamente me era impensable conertirme en delator. Sabía que estaba muerto; sólo quería morir bien. Es el tipo de situación en donde no se puede ganar pero donde se siente que hay que actuar de cierta manera. Y supongo que, sí, eso se ha filtrado en mi obra” (3).
Durante la preproducción, Foreman no explicitó el sentido que el libreto tenía para él. Zinnemann aceptó hacerse cargo de la dirección sólo porque le interesaba hacer un western y porque percibió de inmediato que la historia le permitiría trabajar los tiempos de un modo inusual. Gary Cooper se entusiasmó con la superficie de la historia y resolvió trabajar por una quinta parte de su salario habitual, más un porcentaje en las ganancias, una actitud que nadie en la pequeña compañía de Kramer se había atrevido a prever. A pesar de su carácter de superesptrella, de diversos problemas personales (4) y de su mala salud, Cooper se mostró extraordinariamente cooperativo. Foreman recordó que incluso se molestó cuando comenzaron los ensayos y nadie le avisó, porque nunca creyeron que iría. Zinnemann y el fotógrafo Floyd Crosby (que había ganado un Oscar por su trabajo en Tabu, de Murnau, en 1931) resolvieron aprovechar el verdadero agotamiento físico del actor en beneficio del film y, en lugar de ocultarlo, lo destacaron. El rostro atravesado por las arrugas, la voz cansada y la mirada triste de Cooper pasaron a ser características definitorias del comisario Will Kane. Su trabajo en el film fue premiado con un Oscar.
El resto de los intérpretes eran en su mayoría sólidos actores de reparto (Henry Morgan, Lon Chaney, Jr., Otto Kruger) pero también hubo algunos relativos novatos: la mexicana Katy Jurado participaba por segunda vez de una producción norteamericana y Grace Kelly hacía su primer vez papel protagónico. El más cotizado actor de todo el reparto fue Thomas Mitchell, cuyas escenas se rodaron en una sola semana de trabajo porque la producción no podía costear sus honorarios por más tiempo.
Comenzado el rodaje, Foreman debió presentarse a declarar ante el Comité de Investigación de Actividades Antibnorteamericanas y resolvió atenerse a la Quinta Enmienda constitucional, que brinda a los ciudadanos el derecho a no responder preguntas cuyas respuestas pudieran ser auto-incriminatorias. Aunque legítima, esa no suponía una actitud cooperativa para el Comité y el escritor se encontró inmediatamente abandonado a su suerte. Terminado el rodaje se vio obligado a desvincularse de la productora y finalmente se exilió en Londres. Aunque se había desempeñado también como productor ejecutivo del film, los títulos sólo lo acreditan como guionista, rubro en el que fue nominado al Oscar. Con todo esto en cuenta, no debe ser casualidad que el personaje de Henry Morgan en A la hora señalada se llame Sam Fuller, como el realizador de El rata (Pick Up on South Street, 1952). Foreman lo conocía del Sindictado de Escritores Cinematográficos y probablemente le haya molestado su actitud cínica hacia todo el problema (5). Como fuere, el caso debería figurar en alguna antología por su violencia: en la película, Fuller no sólo se niega a ayudar a Kane, sino que ni siquiera se atreve a decírselo y se escuda tras las polleras de su mujer. Luego de un largo período de oscuridad, como asesor no acreditado de numerosas películas, la carrera de Foreman se reanudó normalmente en Inglaterra y se prolongó hasta 1980, ya no sólo como libretista sino también como productor y ocasional realizador.
Tras impartir algunas indicaciones necearias, Zinnemann abandonó el montaje final al criterio de Elmo Williams, quien debe recibir un importante crédito por el resultado. Tras un primer corte que no satisfizo al productor Kramer, el compaginador se encerró un fin de semana con la película, suprimió unos veinte minutos, resumió algunas situaciones y dio más aire a otras. En ese proceso desapareció del film toda una trama secundaria en la que otro ayudante del comisario (James Brown) va camino al pueblo con un prisionero que lo demora. La idea original era utilizar esas escenas para incrementar el suspenso: de llegar a tiempo este ayudante podría estar junto a Kane en la confrontación. Nada de todo eso apareció en la copia final (6).
También se eliminó la idea de enmarcar la historia con diversas tomas del pueblo convertido en un páramo desolado. Según la concepción original de Foreman, los títulos iniciales y las palabras The End debían sobreimprimirse sobre esas imágenes para que no quedaran dudas de cuál es el destino de un pueblo entregado a la hipocresía y la cobardía. Ese marco hubiera sido un buen contrapunto de las promesas de prosperidad que formula el personaje de Thomas Mitchell a sus conciudadanos, cuando traiciona a Kane en la iglesia. Esos cambios en el montaje alteraron también la idea inicial de narrar todo el film en tiempo real, es decir, que la trama durase lo que la película. Sólo la segunda mitad, como puede comprobarse sincronizando un reloj con cualquiera de los muchos que se ven en el film, se ajusta a esa idea original.
El compositor Dimitri Tiomkin compartió con Williams la idea de emplear la balada característica “Do Not Forsake Me, Oh My Darlin’” a lo largo de toda la acción, interpretada por Tex Ritter, una de las figuras mayores del western clase B. Tiomkin deseaba tener la balada grabada y distribuida en discos antes del lanzamiento del film, pero la compañía que tenía bajo contrato a Ritter no se interesó. Tiomkin la hizo grabar entonces por el popular Frankie Laine y el éxito del resultado publicitó gratuitamente el estreno de la película, y creó también el mito de que es Laine y no Ritter quien canta la canción en el film. La idea de una balada que funcionara como comentario de la acción en un western había sido sugerida por Sam Fuller en Yo maté a Jesse James (I Shot Jesse James, 1948) y maravillosamente explorada por Fritz Lang en El refugio (Rancho Notorious, 1950). Después de A la hora señalada ese rescurso fue utilizado varias veces, con notable éxito en Duelo de titanes (Gunfight al OK Corral, JohnSturges-1957) y El tren de las 3:10 a Yuma (3:10 to Yuma, Delmer Daves-1957), en ambos casos a cargo de Frankie Laine (7). Por la música y por la canción de A la hora señalada, Tiomkin ganó sendos Oscars.
Como pasa muchas veces, nadie creía en el éxito de A la hora señalada tras el fracaso de algunas proyecciones privadas, pero la taquilla y la excelente recepción crítica desmintieron de inmediaro todo escepticismo y su estatura como clásico del cine hoy está fuera de toda discusión. Un interesante efecto secundario del film fue ofender a Howard Hawks y John Wayne e inspirarlos para hacer primero Rio Bravo (Ídem., 1959) y después El Dorado (Ídem., 1968), en que los sheriffs hacen su trabajo negándose a pedir ayuda.




Notas
(1) Durante su asociación con Kramer, el guionista adaptó además So This Is New York (Richard Fleischer, 1948), Clamor humano (Home of the Brave, Robson-1949) y Cyrano de Bergerac (Ídem., Michael Gordon-1950).
(2) Entre ellos el de Mis seis presidiarios (My Six Convicts, 1952), una de las mejores películas del realizador argentino Hugo Fregonese.
(3) Citado por Homero Alsina Thevenet en Listas negras en el cine; ed. Fraterna, Buenos Aires, 1989.
(4) Durante el rodaje de A la hora señalada, Cooper estaba virtualmente separado de su esposa y enfrentaba la posibilidad de un divorcio
(5) Tras haber atravesado ileso la segunda guerra mundial, Fuller se volvió una especie de anarquista y evitó suscribir a ninguna ideología precisa. Tuvo problemas con los conservadores al comentar en Casco de acero (The Steel Helmet, 1950) que los soldados norteamericanos no sabían muy bien qué estaban haciendo en Corea. Después se enojó con él la izquierda por El rata, en la que incluso carteristas y prostitutas desprecian a los “malditos comunistas”. Cuando le dijeron que su película parecía financiada por el senador McCarthy, contraatacó: “¿Ah, sí? Entonces llámenlo y pídanle que me dé más dinero”.
(6) La repercusión por su trabajo en A la hora señalada no se hizo esperar y Williams pasó inmediatamente a la realización. No tuvo mucho éxito, aunque el pequeño western El tejano (The Tall Texan, 1953) estuvo muy bien hecho (y lleno de actores prohibidos por las listas negras, como Lee J. Cobb y Luther Adler). Después le fue mejor como productor de films como Tora! Tora! Tora! (Idem., Richard Fleischer, 1970).
(7) Dos parodias del género también recurrieron a la balada narrativa, ya identificada como rasgo característico del western: en La tigresa del oeste (Cat Ballou, Elliot Silverstein-1965) Nat King Cole y Stubby Kaye aparecen en cámara reiteradamente cantando el tema de la película; en Locura en el oeste (Blazing Saddles, 1963) Mel Brooks hizo cantar en los títulos al propio Frankie Laine, una vez más.



Ficha técnica
A la hora señalada (High Noon, EEUU-1952) dirección: Fred Zinnemann. Argumento: relato The Tin Star de John W. Cunningham. Guión: Carl Foreman. Fotografía: Floyd Crosby. Música y dirección musical: Dimitri Tiomkin. Canción: “Do Not Forsake Me, Oh My Darlin’” por D. Tiomkin y Ned Washington, cantada por Tex Ritter. Edición musical: George Emick. Diseño del film: Rudolph Sternad. Dirección artística: Ben Heyne. Decorados: Murray Waite. Montaje: Harry Gerstad, Elmo Williams. Asistente de dirección: Emmett Emerson. Continuidad: Sam Freedle. Sonido: Jean Speak. Vestuario: Joe King, Ann Peck. Maquillaje: Gustaf Norin. Peinados: Louise Miehle. Productor: Stanley Kramer. Productor ejecutivo: Carl Foreman (sin acreditar). Supervisor de producción: Clem Beauchamp. Delegado de producción: Percy Ikerd. Productora: Stanley Kramer Productions. Distribuidora: Artistas Unidos. 85’.
Elenco: Gary Cooper (Will Kane), Thomas Mitchell (Jonas Henderson), Lloyd Bridges (Harvey Pell), Katy Jurado (Helen Ramírez), Grace Kelly (Amy Kane), Otto Kruger (Percy Mettrick), Lon Chaney, Jr. (Martin Howe), Henry Morgan (Fuller), Ian McDonald (Frank Miller), Eve McVeagh (Mildred Fuller), Harry Shannon (Cooper), Lee Van Cleef (Jack Colby), Bob Wilke (James Pierce), Sheb Woolley (Ben Miller), Tom London (Sam), Ted Stanhope (jefe de estación), Larry Blake (Gillis), William Phillips (barbero), Jeanne Clackford (Sra. Henderson), James Millican (panadero), Cliff Clark (Weaver), Ralph Reed (Johnny), William Newell (borracho), Lucien Prival (cantinero), Guy Beach (Fred), Howland Chamberlin (gerente del hotel), Morgan Farley (pastor), Virginia Christine (Sra. Simpson), Virginia Farmer (Sra. Fletcher), Jack Elam (Charlie), Paul Dubov (Scott), Harry Harvey (Coy), Nolan Leary (Lewis), Tom Greenway (Ezra), Dick Elliott (Kibbee), John Doucette (Trumbull).
Estreno en Buenos Aires: 14 de mayo de 1953.


La opinión local
Alta calidad en un film con suspenso: “A la hora señalada”
Durante una hora y cuarto los habitantes de un pueblo esperan la llegada de un tren en el que vendrá un hombre dispuesto a matar al sheriff. Tal, en síntesis, A la hora señalada. Poco parece como asunto. Y, si bien se analiza, lo es. Pero en materia de cine a veces no importa tanto lo que sucede sino cómo sucede. Y en este caso la exposición de setenta y cinco minutos de espera tiene una calidad fuera de lo común. Juega el suspenso un papel preponderante. El tic-tac de los relojes es un personaje más, como lo es la vía del tren perdiéndose en la lejanía, con su constante amenaza. Las calles polvorientas, preparándose para ser escenario del encuentro. Y los revólveres, que habrán de decidir cuál de los dos hombres vivirá.
Y, entre ellos, el sheriff, flamante desposado cuyo sentido del deber lo hace permanecer en su puesto. Y los hombres, que descargan sobre él toda la responsabilidad ante un peligro que no se atreve a compartir. Clima magníficamente logrado. A la hora señalada surge como un film con sabor distinto, como una pequeña lección de cine cabal que no en vano obtuvo cuatro premios de la Academia de Hollywood.
Y apuntalando todo, Gary Cooper. Exacto en el reflejo de un miedo que no alcanza para hacerlo huir. Y con él, Katy Jurado, Thomas Mitchell, Lloyd Bridges, Otto Kruger, Grace Kelly y Lon Chaney.
Vale la película. Es una muestra más de lo que un director –Fred Zinnemann- puede decir con muy pocos motivos para decir pero sí con una extraordinaria riqueza de matices para expresarse.
Artistas Unidos presento este film ayer en el Astor, Los Ángeles y Palacio del Cine.
(King en El Mundo, 15 de mayo de 1953)





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