Malba - Fundación Costantini - Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires
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malba.cine | Películas proyectadas

En pos del nuevo desafío del ciclo de estrenos internacionales, iniciado por los siete capítulos producidos por Martin Scorsese: The Blues series, malba.cine estrena durante el mes de Mayo La Cautiva (Bélgica/ Francia, 2000, 108´) una de las últimas películas de Chantal Akerman.

Chantal Akerman dirigió cuarenta películas, las cuales en su gran mayoría, han conformado Chantal Akerman, una autoboigrafía, retrospectiva organizada por malba en el marco del VII BAFICI. Sólo Un diván en New York, película que Akerman filmó en Hollywood, fue estrenada en Argentina.

Filmada en el año 2000, La Cautiva adapta parte de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust: “Albertina prisionera”. Esta película podría definirse, siguiendo una línea que alcanza prácticamente a toda la obra de la realizadora, como una íntima adaptación de la obra de Proust, pero también como una adaptación del espacio a donde transcurre la narración: París. Gracias a un manejo preciso y explícito de los escenarios reales, las calles de París, los departamentos, los paseos y el deambular de los personajes por las desérticas veredas se vuelven una extraordinaria experiencia que no hace sino remitir a aquellas calles que otrora fueran rocorridas por Marcel Proust.
Es en La Cautiva dónde Chantal Akerman convoca por primera vez a Sylvie Testud como actriz, quien luego será también protagonista y a su vez alter ego de la realizadora en su última película Mañana nos mudamos. A continuación, se publica la traducción del texto que la actriz escribió a raíz de La Cautiva en el catálogo que acompañó la retrospectiva en homenaje a Chantal Akerman producida por el Centro Georges Pompidou, París, en el año 2004.

Manuel Ferrari


La Captive.

Luego de haber visto Les Rendez-vous d’Anna , Jeanne Dielman e Histoires d’Amérique… voy a conocer a Chantal Akerman.
Tengo 26 años y leo un guión “La Captive”, una adaptación de uno de los libros de Marcel Proust, En busca del tiempo perdido, “Albertina prisionera”.
La historia de Ariane y de Simon.
Apenas puedo dormir cuando cierro el guión.
He cerrado el guión y tengo esta sensacióon de haber cerrado un mundo que apenas acabo de percibir.
He leído durante una hora y media. Me encontré sumergida en un universo que no creo entender.
Sé que no he entendido. Sé que me faltan algunos elementos. Sé que estoy alterada ¿Por qué? ¿Cómo es posible?
Sí, quiero conocer a Chantal Akerman.
Estoy impresionada.
Ojalá que la serenidad y el sentimiento de libertad que he experimentado en la lectura no me dejen. El tiempo se detuvo en mi departamento, en mi habitación. Sólo estaban Simon y Ariane.
Chantal Akerman no me responde. Chantal me sonríe. Descubro a un ser claro y generoso.
Hay un actor, Stanislas Méhrar. Vamos a decir este texto delante de su autora.
El tiempo vuelve a detenerse.
Hemos terminado de decir el texto. Tengo la sensación de nuevo de no haber tratado de actuar. Stanislas tampoco.
¿Por qué? Las preguntan se enlazan en mi cabeza ¿Por qué no tratamos? ¿Este actor tiene la misma sensación que yo? Creo no haber tratado por temor a estropear las líneas. Evitar la vulgaridad de la voluntad.
Este texto es más fuerte que la idea, más fuerte que toda decisión, lo siento ¿Quién es esta mujer que nos ha puesto en este estado? No hemos hecho buenas pruebas. Lo sabemos, Chantal lo sabe. Charlamos un poco los tres.
- ¿No tienes miedo de la pasividad de Ariane? me pregunta Chantal.
Estoy sorprendida.
- No sé exactamente quién es ella. No la imaginaba pasiva. La imaginaba libre.
Chantal me sonríe.
No nos conocemos, pero sabemos que Ariane no necesita probar su existencia. Está segura de que existe aunque nadie lo testifique.
- Es Simon el verdadero cautivo, dice Stanislas.
Stanislas y yo vamos a trabajar con Chantal durante dos meses. Seremos Ariane y Simon. Otros actores más experimentados habrían podido filmar esta película. No, poco importa eso. Ella dice: Sylvie y Stanislas.
No he visto todas las películas que ha hecho Chantal.
Veo sus documentales. Su trabajo con Delphine Seyrig, Aurore Clément…
Veo un cortometraje: J’ai faim, j’ai froid.
Nunca olvidaré a esas dos chicas, ligeras, con la voz clara, entrando en esos restaurantes para burgueses, esas brasseries para pudientes. Cantan a todo volumen: ¡Tengo hambre, tengo frío!
Nunca olvidaré esos dos pequeños payasos tristes. Su mirada chispeante, su gran sonrisa, su alegría y su emoción que era la mía.
La imagen tan fuerte de estos dos seres que prefieren sonreir.
Están tan cerca de Chantal, quien en Saute ma ville se ríe de todo. Incluso hasta de su propia muerte.
La sonrisa de Chantal es tan luminosa.
Tan luminosa… Que…
- ¿Es necesario nombrarla?
- No, no lo sé.
- ¿Debo intentar explicarlo?
- No, no puedo.

Cuando abordé por primera vez un texto de Chantal Akerman, estaba feliz de acordarme del texto de Paul Claudel, Partage de midi:
“No hay que entender mi querida, hay que perder conocimento…”.

Por Sylvie Testud.
Traducción Clara Picasso, Manuel Ferrari.

 Sábado 7 de mayo de 2005 a las 20:00
 Sábado 14 de mayo de 2005 a las 20:00
 Domingo 15 de mayo de 2005 a las 22:00
 Sábado 21 de mayo de 2005 a las 20:00
 Domingo 22 de mayo de 2005 a las 22:00
 Sábado 28 de mayo de 2005 a las 20:00
 Lunes 17 de enero de 2011 a las 16:00
 Lunes 24 de enero de 2011 a las 16:00
 Lunes 31 de enero de 2011 a las 16:00