Malba - Fundación Costantini - Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires
Icono FACEBOOK Icono Twitter Icono Pinterest Icono YouTube Icono RSS Icono RSS Icono RSS Icono RSS
Icono Malba en vivo
Bookmark and Share
 
malba.cine | Películas proyectadas


Sonrisas de una noche de verano, de Ingmar Bergman

Después de realizar una serie de cortos publicitarios para el jabón Bris, durante una huelga que paralizó a la industria cinematográfica sueca en 1951, Bergman se animó a incursionar en un género al que había admirado desde su infancia y al que no se había atrevido aún en su obra fílmica: la comedia. Ni el cine de su país ni su propia economía podían sobrevivir sin ella.
Su primer intento fue el último episodio de >Secretos de mujeres (Kvinnors väntan, 1952), donde Eva Dahlbeck y Gunnar Björnstrand se encuentran (y desencuentran) encerrados en un ascensor durante toda una noche para confesarse infidelidades y resentimientos, pero también amor. La química entre los dos actores se afianzó al protagonizar Una lección de amor (En lektion i kärlek, 1953), donde la conflictiva relación que tienen los hace advertir la desventura de amarse y no poder estar juntos, y se perfeccionó en Sonrisas de una noche de verano, para la que sirvieron de inspiración las antiguas comedias de Pierre Marivaux (1688-1763). Orquestada como una farsa teatral, Sonrisas... explora la conflictiva relación entre los sexos, el temible pasaje de la juventud a la vejez y se transforma en una parodia de las relaciones humanas donde los hombres, bufones burlados, se encuentran siempre un paso más atrás que las maquiavélicas estrategias de las mujeres.
Los cincuenta días de rodaje fueron uno de los períodos personales más oscuros del director; porque sufrió un constante malestar digestivo, hasta creer incluso que podía tener cáncer, y mantuvo una relación tensa con el joven actor Björn Bjelfvenstam (Henrik). Nada de eso se percibe en el film. Bergman se vale de la comedia para desarrollar más acabadamente en Sonrisas... los temas de Una lección de amor. Las traiciones y los reproches nuevamente se entrelazan con las ilusiones, la pasión y la resignación. Como en otros films, Bergman se introduce con la habilidad de un entomólogo en el mundo femenino, y una dialéctica de astucia y fragilidad habilita a las mujeres a la seducción, al engaño y al perdón.
La ostentosa impronta de un castillo, el vestuario y la ornamentación barrocos de principios de siglo –y una noche de verano– se convierten en el contexto ideal para encontrarse con el otro y volverse sobre sí mismos. Allí se reúnen el doctor Fredrik Egerman con su joven y virgen mujer Anne; Henrik, hijo de un matrimonio anterior con el que mantiene una conflictiva relación; su antigua amante, Desirée, una actriz a la que todavía ama, y el amante de ésta con su celosa esposa. El plan de dos de las mujeres se pone en funcionamiento y el lugar para vivir el amor se parece más a un campo de batalla que a un refugio para el sosiego y la plenitud.
Los enredos amorosos que se desatan le valieron a Sonrisas... la asociación con La ronda (La ronde, 1950) de Max Ophüls y, aunque tiene otras ambiciones, también se la vinculó con La regla del juego (La règle du jeu, 1939) de Jean Renoir, “una sátira directa del capitalismo y la burguesía”. Aunque el director declaró no haberla antes de realizar la película, Sonrisas... también explora los vínculos posibles en el estricto marco de las convenciones sociales, así como los resquicios donde se esconden los sentimientos auténticos.
En homenaje a las comedias románticas de Shakespeare, Bergman disfruta de cierta nostalgia por los amores virginales e ingenuos; pero también por la tortuosa relación padre e hijo y por las máscaras necesarias para perpetuar el matrimonio. La tragicómica noche de Sonrisas..., propicia para los juegos de amor, recuerda también a La señorita Julia (Fröken Julie, 1951), obra teatral de August Strindberg, llevada a la pantalla por Alf Sjöberg donde, en la noche de San Juan, las pautas morales se flexibilizan y no hace falta maquillaje alguno para relacionarse con el otro.
El film tiene una apariencia ligera, pero en el interior de los personajes late la oscuridad de sus temas anteriores y se prepara el terreno para los siguientes, donde a las complicadas relaciones humanas se suman, entre tantos otros, el silencio de Dios y el difícil encuentro con la mismidad. En Sonrisas..., la reflexión sobre lo efímero de la vida se une al miedo por la vejez y el fracaso, al tiempo que se enfrenta con el valor del compromiso y con la esperanza.
La muerte también tiene un lugar importante y la oscuridad del suicidio ensombrece las risas por un momento. Poseído por la represión, por la decepción que siente de sí mismo y por su excesivo respeto a las reglas de la sociedad y de su padre, Henrik desea tomar las riendas de su vida al menos una vez. El infructuoso intento de abandonar su cristiana virtud y matarse recuerda, entre otros, al de Berit en Puerto (Hamnstad, 1948), al de Eugen en Secretos de mujeres y al del autor antes de mirar la vida con otros ojos, en Detrás de un vidrio oscuro (Sasom i en spegel, 1960). Lejos de poder atribuirse a una suerte de optimismo, el suicidio no consumado, motivo recurrente en la obra de Bergman, profundiza el dolor del personaje para dejarlo desnudo ante la soledad y la vergüenza. No obstante, el intento de Henrik, que tiene más de paródico que de trágico, lo prepara para aceptar sus sentimientos e impulsos y así poder escapar con su amada, como lo hace la joven pareja en Secretos de mujeres que, internándose en el mar, pretende salvarse de la fría y rígida coraza de los mayores. De alguna manea, también lo hacen Petra, el ama de llaves, y Frid, el cochero de la mansión, quienes aprovechan la noche para unirse en un encuentro simple y desprejuiciado a la sombra de los engaños y decepciones de sus patrones. Ellos saben que la noche sonreirá tres veces antes de pleno día, cuando la magia se termine y deban resignarse a seguir siendo quienes son, pero les dejará una relación esencialmente sincera, una salida que los señores no se permiten encontrar.
A la acidez de los diálogos, se suman situaciones originales que se debaten peligrosamente entre lo gracioso y lo ridículo. Un riesgo que Bergman puede correr mientras las mujeres del film disfrutan su juego de seducción y los hombres apuestan sus principios y su dignidad batiéndose a duelo.
El éxito del film dio renombre internacional al realizador, y el premio especial del jurado en el Festival de Cannes de 1956 colaboró para que el productor Dymling aceptara financiar el El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957).

Natalia Taccetta


Sonrisas de una noche de verano (Sommarnattens leende, Suecia, 1955). Dirección: Ingmar Bergman. Libreto: Ingmar Bergman. Fotografía: Gunnar Fischer. Música: Eric Nordgren. Montaje: Oscar Rosander. Elenco: Ulla Jacobsson (Anne Egerman), Eva Dahlbeck (Desiree Armfeldt), Harriet Andersson (Petra), Margir Carlqvist (Charlotte), Gunnar Björnstrand (Fredrik Egerman), Jarl Kulle (Carl Magnus), Björn Bjelfvenstam (Henrik Egerman). 110’.

 Sábado 5 de febrero de 2005 a las 16:00
 Jueves 17 de febrero de 2005 a las 18:00
 Jueves 24 de febrero de 2005 a las 16:00
 Viernes 12 de marzo de 2010 a las 18:30
 Viernes 19 de marzo de 2010 a las 18:30
 Viernes 26 de marzo de 2010 a las 18:30
 Viernes 9 de abril de 2010 a las 18:30